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Ella, los profesores y el sindicato son la misma encarnación. Si la persiguen a ella, igual padecen los maestros y su organización gremial. Si la liberan a ella, los maestros saldrán de la cárcel donde los habían metido y el magisterio oficial podrá regresar por sus fueros. Este es el discurso que hoy dio Elba Esther Gordillo Morales.
Para explicar su regreso triunfal es necesario aclarar que el SNTE nunca ha sido un sindicato , sino una dependencia gubernamental encargada de controlar políticamente a los maestros. Jamás en su historia ha habido un líder de esa organización que no haya sido nombrado por el presidente de la República. Personajes como Jesús Robles Martínez, Carlos Jonguitud Barrios, Elba Esther Gordillo o Juan Díaz no llegaron a la cúpula del sindicato más grande de América Latina por el voto de sus bases sino por un nombramiento presidencial.
En la tradición del Estado mexicano, igual que se designa al director de crédito en Hacienda o al secretario de Comunicaciones y Transportes, ha sido potestad del presidente nombrar al policía político responsable de mantener en calma al millón y medio de agremiados del SNTE.
Cuando los líderes se han rebelado, el Ejecutivo ha utilizado métodos extremos. Así sucedió con Jonguitud, cuando Carlos Salinas de Gortari lo defenestró para poner en su lugar a la profesora Gordillo. Peor fue el método de Enrique Peña Nieto quien optó por el recurso penal y la privación de la libertad de la líder saliente, para colocar en su lugar a Juan Díaz, con quien iba a entenderse mejor.
Haber metido a la cárcel a la profesora con artilugios legales inconsistentes fue una mala idea, y sin embargo cabe preguntarse de qué otra manera habría Gordillo soltado las riendas del SNTE si, en su concepción de la realidad, ella y el sindicato son una misma entidad.
Hoy el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, entregó a Elba Esther Gordillo el mandato de liderar a los maestros , su dinero, su influencia electoral y su peso en la política educativa. Ella no habría dicho lo que dijo sin autorización.
Ella tiene permiso de hablar y decir lo que dice porque está de vuelta y ella está de vuelta porque el futuro presidente le tiene confianza.
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