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Luego de la muerte de dos presuntos narcomenudistas por una balacera el 23 de febrero dentro de sus instalaciones, la atención de las autoridades y de todos llegó hasta Ciudad Universitaria. La venta de droga ahí no es ninguna novedad, pero sí lo son los balazos y los muertos.
“Fuera narcos de la UNAM” fue el mensaje que pudo verse en la pantalla del estadio universitario durante el partido Pumas-Chivas, dos días después. Luego de la difusión de versiones contradictorias sobre el origen del mismo, el rector Enrique Graue aclaró que había sido una instrucción suya. Después se supo que la idea originalmente era mostrar una manta en la cancha. Los encargados de llevarla hasta ahí serían los propios jugadores de Pumas. Pero no fue así: los integrantes del equipo se negaron a hacerlo. Consideraron que podría ir en contra de su seguridad y la de sus familias. Las autoridades universitarias no los obligaron y optaron por la pantalla en el medio tiempo. Una forma que, me parece, sí permite que la exigencia a los narcos se entienda como un mensaje institucional. Mandar a los jugadores a la cancha con una frase como esa era personalizar el problema y vulnerar a esos jóvenes con nombre y apellido.
La apuesta de Rectoría es combatir el narcomenudeo en CU con trabajo de “inteligencia”. Hablan también de apoyo para rehabilitación e impulsan recientemente una campaña para concientizar a los estudiantes sobre los riesgos de la compra y el consumo. El gobierno de la Ciudad de México ha optado por aumentar la vigilancia en las inmediaciones de CU.
¿Es suficiente? No lo parece. Algunos de los que mueven la droga simplemente se han metido al campus para seguir con el negocio. Utilizan la autonomía universitaria para operar sin que la policía pueda acercarse. Pero hay razones más profundas para el escepticismo. Uno de los presuntos narcomenudistas asesinados el 23 de febrero había sido detenido apenas un mes antes. Francisco Axel Gallo El Barbas llevaba consigo metanfetaminas, marihuana y dinero. El juez le otorgó una suspensión provisional. Quedó en libertad. El caso ilustra muy bien la manera en que funcionan las cosas. A los vendedores de droga no los frenan ni la policía, ni los jueces. Lo único que lo detiene es la bala de un vendedor rival.
HUERFANITO. A Ricardo Rocha lo conozco desde hace más de veinte años. Fue mi jefe cuando yo empezaba en esto del periodismo. Con respeto y generosidad compartió conmigo y con otros compañeros su conocimiento y experiencia. Es un hombre profesional y muy bondadoso. Para él mi respaldo y cariño.
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