Como pocas veces, el sector empresarial está teniendo, en el actual proceso electoral, una más que justificada y legítima actuación pública. Su motivación principal es la defensa de sus intereses, en la que están involucrados también los de toda la sociedad. Por eso, juntos, deberán decidir en un mes, acertadamente, qué rumbo deberá seguir el país.

El primer gran tema que han abanderado organizaciones empresariales como Coparmex, CCE, CMN, Concanaco, es el de la inseguridad. Ésta ha llegado a niveles nunca vistos que son insoportables. Las estrategias de contención de ese fenómeno, desplegadas a lo largo de varios años, ostensiblemente no han sido suficientes.

El fundado reclamo que los empresarios han formulado a las autoridades para que se frene la criminalidad y se garantice la seguridad no sólo de ellos y sus intereses, sino la de todos, es justo, unánime y de respuesta inaplazable, pues directa o indirectamente, de manera inevitable, impacta a la sociedad en su conjunto.

Sin el clima que les garantice el funcionamiento de sus plantas productivas y sus inversiones, es imposible que continúen generando empleos, produciendo los más diversos artículos, exportando, pagando impuestos, alentando el desarrollo y propiciando ingreso y bienestar a millones de trabajadores. La estabilidad nacional, que en buena parte hacen posible con su actividad, es inestimable.

Históricamente, está demostrado que el capital y el trabajo constituyen un binomio que, indisociable, es capaz de producir los estándares de satisfacción y confort que toda colectividad anhela. Sin certeza para el primero, el segundo no se da o si existe puede diluirse, con lo que sobrevienen cuadros de conflictividad socioeconómica y política que, fuera de control, son susceptibles de generar grandes dificultades y pesares a países y sociedades.

Como los problemas de la gente no esperan, es indispensable que las instituciones y quienes las operan trabajen ininterrumpidamente para buscarles soluciones. El actual proceso electoral no debe detener la acción gubernativo-legislativa, con independencia de la costumbre, en un caso, y de la legalidad, en el otro. Si la salida que ve el empresariado es una nueva normatividad contra la delincuencia, se tienen que buscar los medios para construirla.

El otro asunto en el que están poniendo énfasis de manera abierta varios actores y corporaciones privados, en el contexto nacional, en un incuestionable ejercicio de su libertad de expresión, es el de llamar a sus trabajadores a reflexionar el sufragio que emitirán el primero de julio.

Hablar en el hogar, la escuela, la empresa, la calle, en cualquier reunión sobre la sucesión presidencial, que a todos atañe, es indispensable. Debe ser un imperativo. Lo que está en juego es todo.

En el caso de los empresarios, ese ejercicio se impone más porque están obligados a hacer notar, en los ámbitos de su competencia e interés, la necesidad de votar la mejor opción. Todos debemos saber quién no ve a México simplemente como un botín.

No hay ninguna disposición que les impida discernir, comparar, diferenciar y puntualizar los contenidos de las propuestas de cada uno de los candidatos. Eso es totalmente válido y legal; es una necesidad. Y no constituye, bajo ninguna circunstancia, un llamado a sufragar por tal o cual alternativa. No coacciona ni induce el voto.

La mayoría de los mexicanos deben tener la posibilidad de establecer los contrastes que entrañan las propuestas de cada uno de quienes aspiran a gobernar México. Abonar a ese propósito no puede ser censurable.

La abundante, variada y documentada información que tienen a su alcance para ello, a través de los medios de comunicación, contribuye a la formación de una visión fundada y crítica; ésta, convertida en conciencia, es susceptible de llevar a la sociedad a darse, mediante las urnas, los mejores gobernantes.

La lección que están dando algunos empresarios es que ya no tienen reservas para expresar lo que sienten, piensan y quieren. La costumbre de cohibirse y/o de realizar algunas acciones en los procesos políticos desde las sombras ha quedado atrás. Ya no hay límites —ni debe haberlos— para expresar cualquier idea, máxime cuando está en juego tanto con la sucesión presidencial.

Por eso, el llamado que ha reiterado el líder de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, a AMLO para que abrace la tolerancia, no puede ser evadido.

El derecho a pensar y a expresarlo es irrenunciable; la tolerancia con el que disiente es inevitable. Libertad por un lado y deber por el otro, en la democracia, son una oportunidad para establecer una mejor convivencia, una mejor sociedad y un mejor país… que no debe perderse.

SOTTO VOCE… El categórico never del presidente Peña Nieto a Trump sobre el pago del muro fronterizo y su acuerdo con Trudeau para hacer un frente común Canadá-México a la imposición de aranceles por parte de Estados Unidos, empezaría a marcar una nueva política internacional mexicana… Como si fuera poco que Jalisco esté en llamas por el oleaje criminal que lo azota, dada la incompetencia de Aristóteles Sandoval, continúa el dispendio de su “representante” en México, Alberto Lamas. Ese sujeto no hace otra cosa que darse la gran vida. Su derroche se extiende al abandono de una casa ubicada en López Cotilla 1013, Colonia Del Valle, cuya renta pagan los contribuyentes. El inmueble ha sido saqueado. ¿Dónde habrán parado algunos valiosos objetos “robados”?

ombeluniversal@gmail.com @mariobeteta

Google News

TEMAS RELACIONADOS

Noticias según tus intereses