Conceptos como autonomía, apoyo y libertad deberían ir siempre acompañados de otros como responsabilidad, calidad y seriedad.

En el mismo momento en que recibes todas estas facultades, te comprometes a ser absolutamente responsable en su manejo. Ser autónomo es la capacidad de ejercer independencia de personas o cosas y requiere de su funcionamiento propio, para lo cual resulta indispensable la inteligencia y capacitación.

Es sencillo solicitarla, más no ejercerla. La autonomía es una oportunidad de mejorar, de trascender.

Sería fantástico que los árbitros del futbol mexicano logaran entender conceptos básicos de un grupo independiente, cosa que claramente no sucede.

Amenaza tras amenaza, grupos de choque, cabecillas, divisiones, etcétera. De esto es lo que más se escucha del que se decía era el gremio más unido del futbol, porque si hablamos de lo que se ve, es francamente triste, y se ve semana a semana.

No hay en México alguien más capaz que Arturo Brizio para hablar, enseñar y dirigir al arbitraje; no, no lo hay. Es un profesional en toda la extensión de la palabra: capaz, inteligente, astuto y con un don de gente difícil de encontrar en estos tiempos.

Si tuviera que elegir un concepto que lo describa sería excelencia, grado que alcanzó gracias a su talento, esfuerzo, capacidad, perseverancia y disciplina, de eso que hoy tiene poco o nada el gremio que representa y que —más allá buscarla— tal parece rechazarla.

Trabajen, mejoren, pónganse a la altura de las exigencias. Vuelvan a ser de los mejores en el mundo. Busquen respeto a través de la aplicación de las reglas en el campo y la manera en que se conducen, no a través de huelgas, paros y amenazas.

Más trabajo y menos grilla, ese sería un buen comienzo.

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