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En Estados Unidos, la labor del diablo

05/02/2018
02:04
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Hace cuatro años, cuando el ascenso de una figura como Donald Trump en la política estadounidense parecía improbable, me reuní en Washington con David Simas, director de política para la Casa Blanca de Barack Obama. La ocasión era la discusión de las medidas migratorias de Obama, quien enfrentaba entonces severas críticas por el número de deportaciones durante su gobierno. Fue una charla animada: Simas, hijo de inmigrantes portugueses, es un tipo optimista, sensato y elocuente que hoy dirige la Fundación Obama.

El momento más interesante ocurrió con las cámaras apagadas. Recuerdo haberle preguntado a Simas qué le preocupaba de la vida política estadounidense. Para mi sorpresa, Simas no habló de la intransigencia republicana o los conflictos dentro del Partido Demócrata. Lo que le quitaba el sueño eran los algoritmos de redes sociales que estaban creando, me dijo, un clima de intolerancia. Me explicó cómo en los tiempos anteriores a los digitales, las conversaciones tendían a ser más incluyentes de opiniones distintas a las nuestras porque la dieta mediática lo era también. No había manera de aislarse de quienes pensaban distinto: aunque no quisiéramos nos encontrábamos con voces divergentes en las páginas de los diarios, los programas de radio o los debates televisivos. Ahora, me explicó Simas, Facebook entrega día a día un torrente de opiniones que solo refuerza la reducida visión del mundo de cada grupo, sin obligar a nadie a considerar a quien disiente. El peor escenario convertiría a Estados Unidos en una sociedad políticamente tribal: dos bandos enfrentados, preocupados solamente por la supervivencia de su muy particular agenda, sin darle respeto o consideración ya no a las opiniones distintas sino incluso a los hechos.

Un lustro más tarde, el peor escenario es una realidad.

Esta semana, buena parte del Partido Republicano en el Congreso optó por respaldar la publicación de un memorando confidencial, producido y escrito por republicanos en el Comité de Inteligencia (encabezado por un republicano), que supuestamente demuestra que el FBI utilizó material sesgado contra Donald Trump para obtener una orden para vigilar a Carter Page, ex asesor de política exterior de Trump y pieza clave en la investigación sobre colusión entre la campaña de Trump y Rusia. El documento —conocido como “memorando Nunes”, en honor a Devin Nunes el cuestionadísimo republicano que encabeza el Comité de Inteligencia— no demuestra, en la práctica, ningún tipo de abuso de autoridad del FBI o el Departamento de Justicia. Peor todavía: los republicanos, empezando por Trump, no han mostrado la misma disposición para dar a conocer un documento equivalente, escrito por los demócratas en el Comité, que daría otra versión de los hechos y abonaría al proceso democrático.

¿Qué está realmente detrás de la revelación del “memorando Nunes”? El peor escenario del que hablaba David Simas llevado a sus últimas consecuencias: la erosión de las instituciones. En su gran mayoría, el Partido Republicano ha dejado de tener al país como prioridad para servir ahora, casi de manera exclusiva, al proyecto de supervivencia de Donald Trump. Devin Nunes y sus colegas no tienen en mente el cuidado de la estabilidad institucional de su país, lo que les importa es desacreditar a quien tenga que desacreditar en preparación para la batalla que, ahora está más claro que nunca, está por venir tras la conclusión de las pesquisas de Robert Mueller. Los republicanos deben intuir que la investigación sobre el papel de Rusia en las elecciones de 2016 —y, quizá peor, la reiterada intención de Donald Trump de obstruir la justicia— podría terminar en un juicio político contra el presidente, sobre todo si los demócratas se hacen del control del Congreso en noviembre. Para ganar esa batalla, la tribu republicana ha optado por demoler la confianza del pueblo estadounidense en instituciones tan torales para la vida pública del país como el FBI o el Departamento de Justicia, entre otros. Si ha de caer su César, que arda Roma también.

Devin Nunes y los suyos están haciendo la labor del diablo: manipulando los hechos, difundiendo teorías de la conspiración, descalificando a profesionales de la inteligencia y la impartición de justicia, todo para proteger a Donald Trump. Es una estrategia descarada y alarmante, no vista en Estados Unidos ni siquiera en los oscuros tiempos de Richard Nixon. La consecuencia de esta campaña de descrédito de las instituciones puede ser, nada más y nada menos, el colapso de la estabilidad de la democracia en Estados Unidos. Cuando un actor político piensa primero en la consolidación de su proyecto de gobierno —o, en el caso de Trump y sus republicanos, en la mera supervivencia de su mandato— antes que en la protección más elemental de las instituciones que ha costado décadas o incluso siglos construir, el resultado puede ser gravísimo. Bien lo recordaba Abraham Lincoln: una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse en pie.

 

León Krauze es periodista. Actualmente conduce los noticieros de Univisión en la ciudad de Los Ángeles, Estados Unidos.

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