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Fue una llamada anónima la que alertó a la Policía Federal. Entre la una y las seis de la mañana, varias pipas “ordeñaban” un ducto de turbosina en un paraje de Cuautitlán Izcalli, en el Estado de México.
El hecho se venía repitiendo desde hacía varios meses.
No era todo: patrullas de Seguridad Ciudadana Municipal, y de la Secretaría de Seguridad del Estado de México, brindaban protección a los sustractores, e incluso escoltaban las pipas que conducían el hidrocarburo robado.
La Dirección de Investigaciones de Delitos Federales de la Policía Federal, así como la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, SEIDO, enviaron a un grupo de agentes a comprobar la denuncia.
Los resultados de la investigación son completamente inquietantes.
Los agentes ubicaron el sitio de la denuncia, cubierto en su mayoría de maleza, y lograron resguardarse entre la hierba.
Su reporte indica que, después de una vigilancia de entre cinco y siete horas, vieron llegar, hacia la una de la mañana, dos pipas con capacidad de 40 mil litros, a las que acompañaban una Dodge Nitro y una Ford Town & Country.
Al poco tiempo arribaron al sitio dos patrullas, una de la policía municipal y otra de la estatal.
Esa noche los agentes vieron sustraer 80 mil litros en las dos pipas.
Tomaron fotos. En las imágenes quedaron grabados los choferes, los encargados de conectar las mangueras y de instalar la bomba de presión para que la extracción fuera realizada, los policías que llegaron al sitio y se encargaron de dar protección a los extractores.
Su mecánica era la siguiente: apagaban los faros de las patrullas y encendían la luz de las torretas hasta que la operación quedaba terminada.
La primera noche registrada, las pipas se movieron al municipio de Melchor Ocampo. Los agentes las siguieron y constataron la protección de las policías estatales y municipales.
Una noche, la Policía Federal detuvo a una pipa, le pidió al chofer sus documentos, y luego lo dejó ir. Era un truco.
Los agentes siguieron a la pipa hasta un domicilio de Ixtapaluca, un predio en el que se hallaban estacionadas otras pipas.
Esas pipas unos días estaban ahí, y otros se movían a una una dirección de Cuautitlán Izcalli.
¡Qué sorpresa! ¡En esa dirección los agentes detectaron la Nitro y la Town & Country!
El caso, dicen los investigadores, estaba armado.
El sábado 30 de diciembre, a la una de la mañana, los agentes que llevaban el caso se instalaron en la maleza.
Llegó la primera pipa. Cargó el combustible y se retiró.
A la 1:30 llegó al segunda.
Los agentes avisaron: “Está formada”.
Apareció una patrulla de la municipal. Los agentes municipales “saludaron de mano” a quienes hacían la extracción. Ignoraban que los federales tomaban notas —y fotos.
Llegó una segunda patrulla, de la policía estatal. Se acercó al sitio en donde se llevaba a cabo la extracción, apagó sus luces y encendió la torreta. Los federales —afirma al reporte consultado por el columnista—, vieron cómo se llenaba la pipa: a una señal encendieron los faros, las luces de sus vehículos. Se acercaron para llevar a cabo la aprehensión.
La Policía Federal asegura que los municipales se resistieron al arresto, encañonaron a sus captores, negaron que estuvieran brindando protección a los ladrones de combustible. Aseguraron que esa noche estaban ahí, solo porque “iban a detenerlos”.
“Lástima que estuvieran grabados desde hacía siete semanas”, me confía un agente que participó en la investigación.
Lo preocupante de todo esto es que el Cártel Jalisco llegó por fin a los linderos de la ciudad de México. Lo preocupante es que de acuerdo con este caso tiene en sus redes a la policía municipal y a la policía estatal del Edomex.
Lo preocupante es que un cártel que hace siete años no existía, o existía solo limitadamente, hoy es detectado robando 80 mil litros diarios de turbosina, aquí, a unos cuantos kilómetros del Periférico.
@hdemauleon
demauleon@hotmail.com
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