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El narco como aspiración

21/05/2018
02:08
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Les gustaba vestirse del mismo modo. Llevaban la cabeza rapada y usaban barbas. Se autonombraron Los Demonios. Ninguno de ellos pasaba de los 30 años.

Bajo las órdenes de Ismael El Mayo Zambada, y con la protección de la policía municipal, comenzaron a manejar desde Nogales, Sonora, el trasiego de cocaína, heroína, mariguana y metanfetaminas hacia varias ciudades del sur de Estados Unidos.

Una serie de detenciones realizadas del otro lado de la frontera por la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI por sus siglas en inglés) inició el registro de sus actividades. Cerca de veinte integrantes de Los Demonios fueron detenidos en los últimos meses en distintos lugares de Estados Unidos.

El líder del grupo es José Juan Jacobo Álvarez, El J-3. Sustituyó a Edgar Omar Anaya, El 7, luego de que éste muriera en un enfrentamiento.

Desde que quedó al frente de la célula, El J-3 publicitó sus actividades en las redes sociales. Para empezar, se mandó a hacer varios corridos. Hoy se sabe que lo que se narraba en ellos era absolutamente real.

Esos corridos hablaban de las ciudades en las que El J-3 se movía; señalaban los apodos de sus principales colaboradores, narraban su pasión por “los carros”, las armas, las mujeres. Daban una serie de detalles sobre su vida:

“De muy joven le entré al ruedo, me agarraron cuando iba agarrando vuelo”, dice una de las letras —mientras se observan escenas hollywoodenses de un asalto bancario.

“Ese tiempo encerrado me sirvió pa’ madurar y alivianarme”, informa el corrido: “Salí muy maleado y listo pa’ rifarme”.

Los corridos de El J-3 son cantados por el grupo Eficaz, Los del Jefe y Alfredo Castañeda y su 5º patio. A lo largo de ellos desfilan avionetas, camionetas de lujo, armas y joyas.

“Me la llevo en Culiacán, Tucson, Phoenix con El Pecas, El David y El Iván”, “el compadre Negro no se ha de rajar”, “los carros son mi fuerte y mi pasión, de los mejores he tenido yo”.

En uno de los temas se mencionan “envidias” y una emboscada en la que a Jacobo Álvarez le tiraron 80 balazos.

“Los Demonios nos apodan ya”, relata una de las canciones, “y si tengo estrés, pues me voy a las playas”.

Las fotos que Jacobo subía revelan un cambio radical en su perfil. Al muchacho inicial, con aspecto de cholo, le siguió la construcción del “narquillo”, vestido a la moda y rodeado de riqueza.

Los miembros de su grupo se parecen todos.

A partir de dos números telefónicos entregados por la HSI, la Agencia de Investigación Criminal, AIC, realizó el rastreo de esta célula.

En los últimos años, Nogales siguió la ruta de violencia del resto del país: 46 homicidios en 2015, 70 en 2017. Muertos, balaceras, persecuciones se volvieron parte de la vida diaria.

Según la PGR, Nogales, Sonora, se halla partida en dos. En una parte de la ciudad opera la célula de El Mayo; en la otra, la encabezada por un sujeto apodado El 50, quien milita en la rama del Cártel de Sinaloa que encabezan los hijos de El Chapo Guzmán.

Ambos grupos tienen en la nómina a las policías locales y, de acuerdo con la PGR, contaron al menos con la protección de un subdirector de la municipal.

Hace unos días más de 90 elementos de la Sedena y la AIC realizaron un operativo en Nogales. El segundo al frente de Los Demonios, Josué Iván Torres, El Chango, fue aprehendido en compañía de otras dos personas.

El J-3 logró escapar. No tardará en subir a las redes el corrido que cuente su nueva hazaña. Un joven lo escuchará y lo tomará como modelo.

Y es que El J-3 expresa, como pocos, el narcotráfico como aspiración.

En el teléfono de uno de sus colaboradores, las autoridades hallaron un video en el que Jacobo lanza al aire una ráfaga de metralleta: le gustaba ser grabado de ese modo, y al volante de lujosas camionetas que él hacia girar, para “quemar llanta”.

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