Hay dos lecturas al anuncio de la Federación Mexicana de Futbol respecto a que Ricardo Ferretti no seguirá entre las opciones para dirigir de manera permanente a la Selección Nacional. O se trata de una alta incapacidad para negociar con el entrenador de Tigres o bien, crear un distractor para que ya no se hable de la maldita violencia que aqueja a la Liga MX y al Ascenso MX.

Incluso, podríamos agregar una tercera lectura después de una declaración de Yon de Luisa, presidente de la Femexfut, en la que aseguró que habían hablado con 15 entrenadores presenciales y con otros nueve más vía telefónica.

Seguramente a ninguna persona que colocan como opción para tomar un trabajo le hace gracia que se ventile que no es el principal candidato o el más seguro, y crea un descontrol profesional.

Pues cualquiera que sea la realidad, se trata de un golpe muy duro para el proceso de Selección Nacional y a la credibilidad de la parte directiva involucrada en negociar. 

No se puede creer que para una selección nacional se entrevisten a tantos y tantos posibles entrenadores, seguramente unos distintos en sus conceptos futbolísticos de los otros, es decir, no existe ni la más remota idea de lo que se necesita o lo que están buscando para ocupar el cargo en este proceso rumbo a la Copa del Mundo de Qatar 2022. 

No es lo mismo el Tuca Ferretti que Gerardo Martino, ni tampoco lo son Carlos Queiroz o Andre Villa Boas; mucho menos Miguel Herrera o Matías Almeyda.

No saben lo que quieren y eso es alarmante. Ahora, si ya declinaron ir por Ferretti, entonces que no se presenten en Monterrey, sede manchada de sangre que debería tener un castigo, aunque sea el de no jugar un partido intrascendente dirigidos por un entrenador que los despreció, o a quien no supieron convencerle, ni a él ni a sus jefes.

Y si la medida de dar a conocer que la opción de Ferretti queda descartada para la selección en medio del vendaval informativo tras la violencia en Monterrey, es la realidad, vaya que es una estrategia maquiavélica. Sobre todo después de los acuerdos a los que llegaron con las autoridades, que son ambiguos, sin sanciones de por medio y sumamente mal pensadas.

Sin atreverse a decir la palabra BARRA, aplicaran que no puedan ir visitantes a los estadios de Monterrey, como si los culpables de los hechos violentos fueran quienes ni han llegado a la ciudad.

No más caravanas, pero sin explicar y definir lo que es eso, es decir, ¿consideran caravana a un grupo de aficionados que van caminando al estadio?
¿Cuántos, tres, cinco, diez? ¿Cuál será la sanción?

No acceso a los que hagan desmanes. ¿Ya tienen la tecnología en los estadios para identificarlos? Si es así, que la presuman, porque nadie la ha visto.

Y lo peor, solicitar a los medios de comunicación que moderen sus comentarios agresivos. ¿Están censurando a los medios? ¿De quién fue esa brillante idea?

Aquí más preguntas: 

¿Por qué el mensaje sobre la violencia  del Presidente de la FMF fue en un sentido y el de la Liga en otro?

¿Por qué no apareció el Secretario General de la Femexfut en la reunión en el Palacio de Gobierno de Nuevo León?

Yon de Luisa tiene aún mucho que limpiar en la Federación. 

 @gvlo2008
gerardo.velazquez@eluniversalbgwire.com.mx

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