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Dickinson según Bravo

La escritura de Emily Dickinson tiene peculiaridades que en una época los editores no respetaron
06/12/2017
01:52
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La poeta y jardinera inglesa Sarah Maguire, fallecida hace unos días para desconsuelo de sus amigos en todo el mundo y en decenas de lenguas, decía que la traducción era “lo contrario de la guerra”. Es una idea preciosa; vale la pena como punto de partida para una reflexión en los tristes días que corren.

Los Estados Unidos no nos han declarado la guerra, pero la agresión de Washington a los mexicanos es constante, brutal, cargada de algo semejante al odio puro nacido del irracionalismo y de la estupidez. Nada mejor que responder a esa beligerancia con altura intelectual; es lo que hacen los traductores, que siguen, acaso sin saberlo, la huella admirable de Sarah Maguire. Entre nosotros casi nadie lo hace con la constancia y la brillantez del poeta Hernán Bravo Varela, cuyo dominio de la lengua inglesa es verdaderamente excepcional.

La obra más reciente de sus tareas como traductor es un puñado de poemas, 25, de Emily Dickinson (1830-1886). El tomo, delgado e incandescente, se titula Carta al mundo y ha sido editado muy bien, con algo más que decoro, por Bonobos, en coedición con la Secretaría de Cultura.

La poesía de los Estados Unidos en el siglo XIX, leemos en el prólogo de Bravo Varela, tiene dos nombres centrales: Walt Whitman y Emily Dickinson. A primera vista no puede haber poetas más diferentes; explorar esas diferencias puede resultar apasionante, pero no menos que discernir los puntos de convergencia. La voz potente de Whitman no es, desde luego, la voz casi murmurante de Dickinson, pero en ésta la poesía alcanza planos de intensidad absolutamente asombrosos; de extrañeza, también: una extrañeza continua, que las relecturas no mitigan, para nuestra fortuna.

Es una delicia leer las versiones dickinsonianas de Hernán Bravo Varela en este libro único, con los poemas originales reproducidos en color violeta al pie de la página; así, la experiencia de la lectura se transforma en una especie de concierto de cámara o de doble teclado que el lector interpreta gozosamente, dirigiendo la mirada a uno u otro sitio de la página: visita el poema completo en español; lee primero en inglés y luego el traslado de Bravo Varela; o bien algo que puede ser un poco mareante pero muy satisfactorio: lee un verso en español y luego el original, o viceversa; es decir: haciendo una lectura doble, a la vez convergente y divergente, en la cual las interlíneas parecen espejear entre el inglés y el castellano.

La escritura de Emily Dickinson tiene peculiaridades que en una época los editores no respetaron; han sido restituidas en las ediciones en inglés más solventes y Carta al mundo las respeta, como debe ser.

Esta entrega de los editores de Bonobos y el poeta Hernán Bravo Varela nos acerca con gran tino y belleza, en buena hora, el mundo increíblemente rico de Emily Dickinson. Una magnífica lectura para el fin de año y para los años que sigan.

Poeta, editor, ensayista y traductor mexicano

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