FALDAS DEL VOLCÁN DE FUEGO, Guatemala .— Conforme uno se acerca a la zona afectada se van perdiendo los colores. Primero es el verde de la cordillera, pero luego se empieza a imponer el gris de la densa bruma de ceniza y arena que han arrojado las erupciones del Volcán de Fuego .

Luego empieza a dificultarse la respiración. Y huele a azufre. Arden los ojos. Patrullas, ambulancias, vehículos de bomberos suben hacia la capital de Guatemala mientras nosotros vamos en sentido contrario: queremos llegar a la carretera de Los Volcanes , el paso entre los tres colosos: el de Agua, el Acatenango y su siamés, el de Fuego, que lleva decenas de muertos, heridos y más de un millón de damnificados.

Era una carretera turística, gozada por quienes buscan paisajes, un paseo en moto, una caminata en las faldas de los tres volcanes. Está severamente afectada. Ya no se puede pasar por ahí. Es ahora la columna vertebral quebrada que une poblaciones en blanco y negro. Perdieron el color las casas, los techos, los árboles… y las personas.

Todo es gris ceniza, gris arena. Huele a azufre caliente. Y el piso arde tanto que el calor penetra las botas. Me guía Pablo Castillo, el vocero de la policía de Guatemala. Me dice que estamos pisando sólido, pero que temen que se trata de diez centímetros de piso firme bajo el cual siga circulando la lava ardiente. Al fondo vemos una columna de humo negro, como si alguien estuviera quemando basura. Es lava que sigue corriendo: una avenida de diez kilómetros desde el cráter que, con sus 1200 grados centígrados, derritió todo a su paso.

Ese río de lava fue sólo uno de los problemas. El otro fue la nube de gases tóxicos a 600 grados que persiguió a los habitantes de la zona y cuando los alcanzó los mató asfixiados.

Hay comunidades a las que no han llegado. ¿Cuántas quedaron sepultadas? Se sigue descubriendo. Se teme que haya sobrevivientes atrapados por la buena suerte de que la lava los circundara y estén incomunicados. Pero ni eso se sabe con seguridad. Allende el río de lava esperan pueblos sin color, con casas sin color de techos sin color, paredes sin color… y gente sin color. Los cadáveres, sepultados a la mitad por las cenizas —a veces solos, a veces en familias enteras, a veces en pedazos de cuerpo—, también son grises.

Me piden que nos vayamos. Que salgamos de la zona de emergencia. Se van los rescatistas, se van los militares, nos vamos todos. Hay miedo porque el suelo está demasiado caliente, porque la bruma combinada con el denso aire de las emanaciones impide ver al volcán y nadie sabe qué está haciendo, y esos humos que salen por aquí y por allá no le dan buena espina a nadie. Se han suspendido, temporalmente, las labores de búsqueda y rescate. No hay condiciones. Y nadie quiere ensanchar una tragedia que se cuenta en blanco y negro.

SACIAMORBOS. Hoy en Guatemala la conversación política es que las autoridades de protección civil no avisaron a tiempo a las comunidades pobres de las faldas del volcán. Y que la corrupción rapaz que en este país tiene en prisión al ex presidente más próximo dejó en los huesos a los hospitales, sin los materiales para atender una emergencia médica de esta naturaleza.


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