No recuerdo en la historia reciente de México que un técnico de la selección nacional de futbol haya llegado con tan poca popularidad como el colombiano Juan Carlos Osorio.

El profe, como le dicen, llegó casi como símbolo del fracaso augurado. Los aficionados escuchamos una y otra vez la ira encendida contra quien no era capaz de establecer, en 48 partidos dirigiendo, una alineación titular definida.

Ayer, Juan Carlos Osorio contestó en la cancha: en un juego que besó la perfección, que hizo parecer al equipo tricolor una potencia futbolística, México derrotó 1-0 a Alemania, en lo que constituyó uno de los grandes hitos del balompié nacional.

Al terminar el partido, el reportero de Televisa Deportes Mauricio Imay lo entrevistó. En su momento de gloria, de euforia incontenible, con un país a sus pies, con el más grande logro de su carrera al hombro, con un grupo de jugadores que lo respalda y admira, tras haber callado la boca de todos quienes lo vilipendiaron en el proceso de llegar al Mundial, Juan Carlos Osorio optó por la grandeza y no por la venganza:

“Compartírselo a toda la afición mexicana. A todos los que han creído en este proceso, compartírselo a todos ellos. Y a los que no, seguiremos trabajando, ojalá mejorando, para algún día convencerlos”, expresó Osorio visiblemente emocionado, de pronto con un nudo en la garganta.

Dentro de dos semanas, uno de los cuatro hombres que compiten por la Presidencia de México recibirá también la noticia más importante de su carrera. La noche del 1 de julio verá que venció en la elección por el cargo de más alto honor en la administración pública. Será la recompensa tras un camino lleno de ira, de golpes insaciables, de traiciones y desconfianza, de críticas merecidas e inmerecidas, de ser llamado delincuente y corrupto, de advertir sobre el peligro que significaría su victoria (sí, los cuatro caben en esta descripción).

¿Cómo va a reaccionar el próximo presidente de México cuando se anuncie que ganó las elecciones? ¿Qué dirá en su primero, en sus primeros mensajes? ¿Cuál será el tono de la atmósfera post-electoral? ¿Tendrá la grandeza de Juan Carlos Osorio para ser tolerante en la victoria, incluyente con quienes se le opusieron, le cuestionaron y al hacerlo lo obligaron a mejorar, o se montará en el discurso de la venganza, como estrategia política y motor de gobierno, del “sólo yo tengo razón”, del “aquí cabemos sólo los que estamos de este lado”?

La selección tricolor es un equipo que representa a todos los mexicanos. Osorio exhibió inteligencia al entenderlo y, en la cúspide de su carrera, mandar ese mensaje. ¿Entenderá el próximo presidente de México que el país no es suyo y de sus simpatizantes, que caben todos y es de todos, que aquí seguiremos los 120 millones que somos?

Osorio y los suyos nos regalaron el mejor domingo del año. Ojalá uno de los cuatro candidatos y los suyos nos repitan la dosis dentro de dos domingos.

historiasreportero@gmail.com

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