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Crean muros contra la delincuencia

“Piensan que por estar en la Colonia Guerrero, vas a delinquir. Pero luchamos por salir adelante", dice una de las creadoras del Corredor de Arte en una de las zonas más violentas de la CDMX
02/09/2017
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Por: Anahí Gómez
La  delegación Cuauhtémoc se nos presenta con todo y la Guerrero, una  zona  tatuada por la inseguridad, estigmatizada  por la gente de afuera, por los que se asoman de vez en cuando y pasan casi corriendo. “¡Acá todos somos compas!”, dice una joven que camina por la colonia, mientras otra que pasa con tacones rosas y puntiagudos se le queda mirando con desagrado.  
 
En  el Eje 1 Norte Mosqueta, desde Aldama hasta Guerrero, se extiende el colorido,  las  formas hipnóticas y el arte en su esplendor más sorprendente. El corredor de arte urbano  Buenavista-Guerrero,  un  proyecto de Liberalia Colectivo Itinerante, vuelve la vista a los llamados barrios bajos.
 
Según datos de la procuraduría capitalina y del Observatorio de la Ciudad de México, la Cuauhtémoc se ubica como la delegación más conflictiva. Sólo  en 2016 se registraron 630.7 delitos de alto impacto por cada 100 mil habitantes.  Buenavista, Guerrero, Morelos y Santa María la Ribera  son consideras algunas de las colonias más peligrosas de la CDMX.
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“Piensan que por estar en las zonas populares   vas a delinquir, cuando la realidad es otra; también somos personas que luchamos y queremos salir adelante”, dice Claudia Barajas, representante legal de Liberalia, quien en conjunto con Deyanira Garduño, Julio César Barajas y Juana  Garduño decidieron fundar ese colectivo dedicado a la búsqueda de oportunidades para los artistas independientes y a rescatar espacios públicos.
 
Los habitantes de la zona se vuelven parte sustancial del proyecto, ya que  pueden ayudar en la hechura   de cada obra; se trata de un trabajo que se nutre de la vitalidad colectiva.
 
 En  el  corredor de la Guerrero  los murales reflejan la exigencia de justicia por los 43 normalistas de Ayotzinapa, el ruego de todas las madres que viven con la carga de tener a sus hijos  desaparecidos, el cosmos y la belleza que radica en las  pieles morenas. 
 
Con el tiempo se unieron al proyecto Geraldina Lázaro, Demian Pichardo, Valeria Fernández y Héctor Corral, a quien   llaman Vocho. Ahora todos, con sus historias en conjunto, suman una fuerza enganchada a las arterias de la ciudad.
 
A pesar de la fama malandra que rodea a la Guerrero, la colonia es icónica en el imaginario colectivo. Entre  sus  corredores y avenidas crecieron grandes personajes como Cantinflas, Chava Flores, Manuel Esperón y la creadora de Memín Pinguín, Yolanda Vargas Dulché. 
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Así, engendrada en el barrio, Liberalia se desenvuelve sin fines de lucro, con la esperanza de desentrañar el arte y llevarlo al conocimiento público. Los artistas que participan son elegidos con base en una convocatoria a nivel nacional y por invitación del colectivo.
 
Liberalia  se remite a lo monumental, a contradecir a la violencia y crear un museo callejero que se sostiene por y para la gente. 
 
El  talento mexicano se traslada de diferentes partes de la República: Higuer, Humo, DionBox,  Xavier Corro y otros 15  artistas más vuelven real el sueño multicolor. 
 
Algunos de los autores de las obras se han formado artísticamente en la academia, otros son diseñadores gráficos, pero la mayoría de los grafiteros han construido su talento como autodidactas que encuentran su inspiración en las calles. 
 
El proyecto surge a partir de un afán por crear.  “Para nosotros el arte es lo esencial, ha sido el punto neutral para que jóvenes y niños, lejos de ver en su entorno violencia y actos delictivos, que es lo cotidiano, puedan apreciar colores”, asegura Claudia Barajas.
 
Para elegir los murales  se realizaron juntas en las que los vecinos propusieron ideas sobre lo que querían. La gente se apropió del producto final, o al menos así pasa en la mayoría de los predios, excepto en uno,  el inmueble donde vive doña Esther.  Ella viene de San Juan  Cuautla Coyomeapan, un municipio del estado de Puebla,  su piel morena contrasta con su cabello cano y habla con tristeza al explicar que después de terminado el mural en el que   pintaron a su mamá, ha recibido agresiones verbales de varios de sus vecinos.
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Doña Esther guarda con cariño la foto de su madre, María Monsalvo Nuño, una mujer a la que admira porque mantiene vivas las tradiciones nahuas: “Yo les di una  foto porque la gente se olvida de que existimos y no quiero que se pierdan las culturas indígenas”.
 
Después de que su madre se enalteciera en la Guerrero, se burlaron de ella, la llamaron  “india”,  como si eso   fuera un insulto, “incluso el  hijo de una de mis vecinas me dijo que le iba a echar una cubetada de pintura al retrato de mi mamá”. 
 
Lo único que doña Esther quería era visibilizar a su pueblo y que la gente no los discrimine: “Cuando vi el mural terminado me dio mucho gusto porque yo no veo muy seguido a mi mamá, ahora la siento cerca. Hablé a  Puebla  y me dijeron que era bueno que estuviera    haciendo algo para que vean cómo somos, porque nadie nos mira…  Estamos tan lejos”.  Y es que así vivimos:  tan lejos y tan cerca los unos de los otros.
 

 Muros  vivientes

Liberalia Colectivo Itinerante  ha encontrado en el arte el anhelo que a veces se apaga tan fácil,  un asilo  donde saberse a salvo de las agresiones y los prejuicios.

 
El tipo de muralismo que Liberalia y sus artistas realizan es definido por ellos mismos como neomuralismo o street art. 
 
El presupuesto  se obtiene de donativos y de las propias autoridades delegacionales que aportan los materiales requeridos. Los artistas tardan de  15  días a un mes en realizar las obras y se exponen a una caída    desde los andamios; para evitar accidentes reciben la capacitación de expertos. 
 
 “La gente y los mismos funcionarios de Cultura no voltean a ver a los nuevos muralistas callejeros, que también tienen talento y han perfeccionado sus técnicas”, lamenta   la representante legal del colectivo. 
 
 Bien sostenidos de sus andamios, los artistas que participan en  Liberalia conciben una resistencia para generar una mejor colonia, un ambiente  más  apacible y un espacio sin   contaminación visual.
 
Elizabeth o Eli, como le dicen sus vecinos, es otra habitante de la colonia. Ella  se para con firmeza e insiste en que el lugar se ve mejor ahora:  “¡Ay, mana!  Esto cambió mucho con los murales, se ve más bonito. Luego pasa el Turibús y los turistas se paran y toman fotos, y yo digo ‘¡qué emoción!’”.
Actualmente     ya   no rayan las paredes, los vecinos barren más las banquetas y tratan de cuidar su mural. Eli  está  convencida de que esta clase de proyectos acerca a “los chavos” a un ambiente más relajado, donde no todo sea la droga o los atracos.
 
Los    corredores  de arte urbano también son forjadores de historias.  Al respecto, Claudia Barajas recuerda: “Uno de los artistas que invitamos nos dijo:  ‘estos son muros vivientes’”. Son muros que también cantan.
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La  segunda fase del proyecto, llamado Transmuta,  arrancó el 15 de agosto y abarca 11 edificios  de las colonias Guerrero, Tepito  y  Tlatelolco,   del  Eje 2  Eulalia Guzmán, hasta la calle  Pedro Moreno.   Uli, Gotha, Dueck, Frase y  Arlik  son  algunos de los creadores que con la crudeza  cotidiana y  rescatando nuestro origen indígena  le dan vida a la ciudad para dejar plasmadas reflexiones que traspasan al cuerpo y tocan lo más sensible de “la banda”, como se dice en las calles.  
 
Transmuta  es una manera de decirle a la gente que todo es posible si uno así lo quiere, o al menos esa es la certeza de Claudia Barajas, representante jurídica del colectivo.
 
Al   hablar de Liberalia se vuelve imposible no pensar en la famosa frase de Federico García Lorca: “Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo”. Desde las paredes, con sus semblantes y susurros, estos muralistas se ponen bravos para ganarle la guerra a los prejuicios. 

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