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Las famosas casas con cimientos de lava volcánica

Los Jardines del Pedregal se construyeron entre 1948 y 1975 por famosos artistas que marcaron un nuevo desarrollo arquitectónico reconocido en el mundo. De aquellas residencias del Pedregal que hicieran famosas Pedro Infante, Silvia Pinal o Mauricio Garcés en el cine mexicano solo quedan unas cuantas
15/11/2017
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Texto y Fotografía actual: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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La segunda mitad del siglo XX trajo consigo un sin fin de cambios e innovaciones en la vida capitalina: decenas de hospitales, mercados, escuelas, edificios, oficinas y unidades habitacionales empezaron a aparecer en el paisaje urbano. La ciudad se expandía no sólo en territorio, sino también en población.

Asimismo, con la llegada al país de decenas de extranjeros que huían de los acontecimientos en sus países de origen y la centralización de las ofertas de trabajo a nivel nacional, provocaron que la capital viviera un proceso de renovación no sólo socioeconómica, sino también cultural.

La zona volcánica del sur de la capital, parte de la cual hoy ocupa Ciudad Universitaria, fascinó a prestigiados arquitectos y artistas, a tal grado que los llevó a crear hermosas casas residenciales que lograron integrar el paisaje y vegetación naturales a estas viviendas, así nació: El Pedregal de San Ángel.

De acuerdo a FUNDARQ MX, "entre los años 300 a.C. y 200 d.C., una masa ardiente fue arrojada por la boca del volcán Xitle. [...] Los mexicas se refirieron a este lugar como Tetlán: "lugar de piedras", o como Texcallan: "paraje de piedras".

El terreno al que se le denominó “Pedregal de San Ángel” también había jugado parte en la historia de la nación, previo a la erupción del Xitle -que provocó la desaparición de todo un asentamiento prehispánico- la demarcación contaba con templos y centros ceremoniales.

En su momento, los conquistadores españoles le pusieron el dramático nombre de Malpaís. Se cuenta en leyendas, que la zona era sitio de destierro para los condenados en la época de los aztecas, quienes eran enviados con la finalidad de que murieran mordidos por las víboras de cascabel que ahí abundaban". Años más tarde, también fue escondite perfecto para varios campesinos revolucionarios.

Este paisaje inspiró al reconocido arquitecto Luis Barragán para idear, en 1948, la construcción del fraccionamiento “Jardines del Pedregal” al suroeste de la ciudad. El plan partió de una fascinación personal con el terreno que también ocuparía Ciudad Universitaria: kilómetros cuadrados de lava petrificada con particulares especies animales y de vegetación, con vista a los volcanes o cerros que rodeaban a la urbe.

Una zona que lo hacía sentir que no estaba dentro de la Ciudad de México, un aislamiento que el arquitecto solía buscar al momento de crear: con El Pedregal pretendía que el habitante de esas casas tuvieran un espacio para descansar de la vida capitalina y poder reflexionar, alejados de todos los distractores que había traído consigo la modernidad -como la industria del entretenimiento o el insaciable consumo-.

Para lograrlo, Barragán reunió a un selecto grupo de amigos-artistas y colaboradores que lo ayudarían a proyectar y llevar a cabo su plan en un predio de 3.5 kilómetros. Entre ellos estaba el vendedor de bienes raíces José Alberto Bustamante, el urbanista Carlos Contreras, el arquitecto Max Cetto, los artistas Mathias Goeritz, Jesús Reyes, el fotógrafo Armando Salas Portugal, Diego Rivera y Dr. Atl, quienes inspirados por la naturaleza de la zona, dieron ideas para los nombres de las calles como fresno, escarcha, agua, fuego o risco. 

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“He tenido la tendencia a buscar la emotividad, y mis ambientes son el misterio, la magia, el enigma. Siempre he funcionado en torno al enigma. Un ejemplo fue la fascinación que ejerció sobre mí El Pedregal de San Ángel. La lava fue para mí una cosa incomprensible, ¿por qué esas rocas?, y ¿por qué todo eso que a los demás les parecía tan hostil, a mí me atraía tan poderosamente y me invitaba a quedarme horas allí?”, comentó Luis Barragán en una conferencia para arquitectos en California, Estados Unidos en octubre de 1951. Registro fotográfico de Armando Salas Portugal sobre El Pedregal. Colección Villasana - Torres / Revista L’Architecture d’Aujourd’hui - Mexique.

En un trabajo colaborativo se fueron definiendo caminos, la forma de construcción y el fraccionamiento de las casas -que fue apoyado por Diego Rivera y también por el ex-presidente Miguel Alemán-, la instalación de sistemas de servicios -agua y electricidad-, plazas públicas y esculturas, se establecieron fechas de apertura de casas muestra, la distribución de los jardines y una amplia campaña de publicidad en prensa y radio.

El sello distintivo del fraccionamiento sería que para toda construcción se debía de respetar y aprovechar los recursos topográficos naturales, es decir, que las casas se adaptaran a la naturaleza; condición determinante para la arquitectura moderna de México ya que se alejaba radicalmente de los estilos neocoloniales, neogóticos o neocalifornianos que se produjeron durante muchos años en la parte Centro de la capital.

Así, los Jardines del Pedregal empezaron a tomar forma, sus calles curvas, fuentes y plazas públicas respetaban la disposición del terreno. Las casas resaltaban por sus plantas planas, ya fuera a nivel “de piso” o en las alturas, en medio de la vegetación y las formas rocosas. Arquitectos como Francisco Artigas, Félix Candela, Fernando Luna, Enrique del Moral, Enrique Castañeda Tamborrel, Antonio Attolini, José María Buendía, Raúl Fernández, entre otros, fueron autores de un par de casas en el fraccionamiento.

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La casa de Federico Gómez, fue una de las más representativas del fraccionamiento. Francisco Artigas la construyó en 1952 en el número 240 de la Calle del Risco, y estaba desplantada sobre un montículo de roca volcánica. Sirvió como locación para la cinta "El inocente", con Pedro Infante y Silvia Pinal, y fue demolida en el 2004. Colección Villasana - Torres / “Arte Moderno Mexicano 1977”.

El proyecto tuvo un éxito rotundo. Los anuncios publicitarios no se cansaban de enfatizar su exclusividad ya que el acceso era cerrado -se construyeron unas pequeñas bardas a la entrada- y si querías entrar a la zona tendrías que tener carro, ser propietario o acreditarse como invitado-, la seguridad con la que se vivía a diferencia de las zonas más concentradas, donde había delincuencia; la amplitud de sus espacios abiertos y la originalidad de su vegetación o la limpieza del ambiente. Los creadores del fraccionamiento tenían muy claro para quién irían dirigidos los anuncios y explícitamente lo comercializaron como un paraíso en la capital, donde además se tenía estabilidad sísmica, un beneficio que otorgaba el suelo con lava petrificada.

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Anuncio de los años cincuenta donde se hablaba de las tres maravillas del Pedregal de San Ángel. Colección Villasana - Torres.

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Anuncio de los años sesenta donde se decía que “Jardines del Pedregal de San Ángel no tiene competencia en belleza ni en precios”. Colección Villasana - Torres.

Así fue como El Pedregal se convirtió en una de las zonas más exclusivas y codiciadas de la ciudad: era un fraccionamiento planeado con la intención de estar en la periferia, nadie que trabajaba al interior de las casas vivía en ellas -y viceversa-, era el sitio ideal para que miembros de la pequeña clase alta de la capital -únicos que podían comprar una propiedad- pudieran relajarse y alejarse de la contaminación, el tráfico y los males de una ciudad en proceso de crecimiento. En este barrio vivieron desde ex presidentes hasta estrellas de cine de la época.

“Barragán aludía respecto a tal escape urbano cuando dijo que este lugar estaba pensado para promover “la paz y serenidad necesaria que cada hombre debe tener cada día y especialmente en los tiempos presentes”. Altos muros de piedra y vigilancia privada aseguraban a los propietarios “paz y serenidad”; al igual que los altos precios garantizaban el tipo “correcto” de residente, y las regulaciones constructivas aseguraban el tipo “correcto” de arquitectura”, escribió Keith L. Eggener en su artículo publicado en la Revista de la UNAM.

Los primeros veinticinco años de construcción del fraccionamiento (de 1948 a 1975) fueron clave para la arquitectura mexicana, ya que presentaba una mezcla entre modernidad y el sitio: grandes ventanales que ayudarían a “bañar” de luz natural el espacio y permitiría que la decoración interna jugara con las vistas del jardín exterior; albercas que variaban en cuanto a dimensiones y el diseño, estructuras de concreto, la vegetación, la lava y losas planas producían un ambiente único, en el que co-existía el hombre y la naturaleza.

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Las casas fueron construidas hacia arriba, respetando la piedra volcánica del terreno.  

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Revistas especializadas en arquitectura lograron retratar la belleza que contenía el interior de cada casa de Jardines del Pedregal. Colección Villasana - Torres / Revista L’Architecture d’Aujourd’hui - Mexique.

Hace un par de años, EL UNIVERSAL tuvo la fortuna de realizar un recorrido privado por varias casas del Pedregal guiado por el arquitecto Plutarco Barreiro. En éste, pudimos observar la magnífica distribución que tienen las construcciones originales: ya fuera subiendo o bajando todo lo que veíamos tenía “sentido”, es decir, el paisaje se iba modificando según el piso donde te encontraras. La lava se hacía presente en cada cuarto, ya fuera en una pared, el piso, la escalera o al exterior, en el jardín, con una especie de cascada petrificada que emergía de los suelos.

La mayoría de las casas originales que visitamos se encuentran en buen estado, aunque otras han tenido intervenciones arquitectónicas contemporáneas, ya sea por necesidad del mismo inmueble o porque así lo decidieron los propietarios.

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Pudimos platicar con algunos de ellos y, en una plática muy sincera, nos dijeron que mantener las casas es sumamente costoso ya que no sólo ha cambiado el costo de los servicios, sino también la estructura de las familias “antes eran más integrantes y solventar los gastos era más sencillo, ahora somos familias de 4 a 6 personas que tenemos que solventar los gastos de un terreno de 2,000 a 4,000 m2”. Debido a eso, varios descendientes de los dueños originales han optado por venderlas y cada propietario decide si quiere conservar el estilo arquitectónico creado entre 1948-1975 o si las demuelen y realizan una casa nueva desde cero.

El Pedregal de San Ángel es parte del patrimonio natural y arquitectónico del país; sin embargo, los cambios que trajo la urbanización total de la capital, la especulación y explotación del suelo y la imparable inseguridad lo han puesto en peligro.

A quién no le gustaría que todos los inmuebles que han marcado una época pudieran ser salvaguardados, conservarlos porque también aparecieron en el cine nacional de los años sesenta y setenta. Estas casas significaban un sueño y hoy sólo podemos conocerlas a través de películas y antiguas revistas especializadas en arquitectura. 

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La escultura “El animal del Pedregal” fue de las primeras que realizó Mathias Goeritz en nuestro país; su ubicación marcaba la entrada a Jardines del Pedregal, sobre la Avenida de Las Fuentes. Colección Villasana - Torres / Revista L’Architecture d’Aujourd’hui - Mexique.

La urbanización llevó a que El Pedregal se integrara a la vida citadina, hoy por algunas de sus calles circulan autobuses que se dirigen a Ciudad Universitaria o al C.C.H. Sur; también, edificios habitacionales u oficinas ocuparon los predios donde alguna vez hubo una casa representativa de este movimiento arquitectónico. Asimismo, estas modificaciones llevaron a que los propietarios de las construcciones "originales" bardearan sus hogares ya que la inseguridad en la capital también había llegado al Pedregal. 

Así, fue como esta zona se fue transformando y junto con la desaparición de algunas de las casas originales, también se fue el ideal de que podemos co-existir con la naturaleza.

Nuestra fotografía principal es un anuncio publicitario del fraccionamiento Jardines del Pedregal de 1964, donde se aprecia a una joven pareja. Colección Villasana – Torres.

Respecto a nuestras fotos comparativas, la antigua es otro anuncio publicitario de este exclusivo terreno en los años sesentas. La actual es para mostrar cómo lucen algunas casas de esta zona actualmente. En la imagen se aprecia a un grupo de personas que hizo un recorrido por las antiguas residencias del Pedregal, entre ellos representantes de EL UNIVERSAL.

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Son pocas las casas que existen tal cual se construyeron, esta fue diseñada por José María Buendía en 1959 y a diferencia de muchas de las residencias que optaron por “amurallar” sus propiedades, esta casa sigue conservando la reja blanca que se observa en esta fotografía. Colección Villasana - Torres / Libro “Las casas del Pedregal 1947 - 1968”.

Fotografía antigua: Colección Villasana - Torres / Revista L’Architecture d’Aujourd’hui - Mexique / Libro “Las casas del Pedregal 1947 - 1968”.

Fuentes: Artículos “Un recorrido a pie por Jardines del Pedregal de San Ángel, México” de Lorena Patricia Fainkuchen, UNAM,“Escenarios para la historia y el olvido en el Meìxico moderno 1942-1958. La ciudad imaginada por Juan O’Gorman, Luis Barragán, Mathias Goeritz y Mario Pani*” de Keith L. Eggener, Revista UNAM y “The Pedregal Gardens and the Human Condition” de Fernando Curiel Gámez, International Journal of Sociology Study.

Carlos Villasana y Angélica Navarrete

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