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La iglesia que cada 28 tiene fiesta

Cada año miles de feligreses se reúnen a las afueras del Templo de San Hipólito. Este recinto religioso fue construido por encargo de Hernán Cortés en honor de los españoles que murieron en la Noche Triste y en la actualidad quienes lo visitan, cada 28 de octubre, lo hacen para celebrar a su patrono San Judas Tadeo
29/10/2017
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Texto y fotos actuales: Perla Miranda y Anahí Gómez

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

Compara el antes y el después deslizando la barra central (ABRIR MÁS GRANDE)

Salvar la vida de un ser querido, solucionar problemas legales, conseguir un empleo o librar a parejas adolescentes de embarazos no deseados, son algunas de las peticiones que cada día cientos de mexicanos le hacen a San Judas Tadeo, conocido como el patrono de las causas imposibles.

El nombre de Judas viene del hebreo y significa alabanzas dadas a Dios, mientras que Tadeo proviene del Arameo y hace referencia a la valentía. Este santo es considerado como el que intercede por los desamparados y por quienes ya no encuentran la salida de las situaciones dolorosas en las que se ven enredados.

La fiesta de este santo se celebra el 28 de octubre de cada año, sus fieles se reúnen en la iglesia de San Hipólito localizada en  el cruce del Paseo de la Reforma y Avenida Hidalgo para festejar a su protector.

Es mediodía y los rayos del sol son inclementes con las personas que esperan entrar al atrio, entre vendedores de figuras de yeso, veladoras, escapularios y demás objetos con la imagen del apóstol, esperan pacientes que inicie la misa y que su santito sea bendecido una vez más.

En la demora hay quienes deciden mitigar el hambre con la señora que grita “¡sincronizadas, tres por diez, lleve sus sincronizadas!” o compran las clásicas congeladas de rompope para ver si el calor se hace más soportable. 

En la acera que está frente al templo se ve una figura de San Judas Tadeo en tamaño real, se confunde con la gente, pareciera que también está impaciente por escuchar la homilía del sacerdote; algunas personas se acercan, le tocan el rostro, se persignan ante él y otros más le cuelgan escapularios.

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Óscar Lira es dueño de este santo, todos los días 28 viene a la iglesia de San Hipólito y le recuerda a su beato que no ha olvidado su promesa, sabe que aún le quedan 11 años de misión.

Emocionado este hombre de 23 años relata a EL UNIVERSAL que hace nueve años tuvo la fortuna de ser padre, entonces era un adolescente de 14, al igual que su novia y ahora esposa. “Mi mujer se vio delicada, mi hija tuvo problemas al nacer, yo no quería que le pasará nada a ninguna de las dos, por eso me encomendé a San Juditas, le pedí que salvará a mi familia y si me hacía el favor yo vendría todos los días 28 a escuchar misa con su figura, para pagarle”.

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Óscar estaba acompañado de su hermano, aunque admite que hay ocasiones en que su hija y esposa llegan con él para agradecer. No luce fatigado, a pesar de que ha andado a pie desde el Toreo de cuatro caminos, “salgo de casa y tomo un camión, a la gente le da curiosidad verme con mi santo, ya de Toreo me vengo caminando, pero no me pesa, cuando uno viene con fe es fácil, si reniegas ¡huy! ahí si se friega la cosa”, dice sonriendo.

El joven de piel morena dice que antes no había problema en su peregrinar, pero ahora se tienen que cuidar entre feligreses de la delincuencia. “Si te descuidas tantito ya se acercan y piden que para el pomo o comida, a veces ya se manchan y piden el celular o cosas de valor, pero San Judas siempre me cuida”.

Se escuchan los altavoces de la iglesia, la misa está por comenzar.

El templo que mandó construir Cortés

Muchos se congregan en este santuario, pero pocos saben que en un inicio esta iglesia era una Ermita. De acuerdo con el libro Seis siglos de historia gráfica de Gustavo Casasola. En el lugar donde fue derrotada y muerta la retaguardia de los conquistadores españoles, en la trágica Noche Triste se levantó una Ermita por el soldado Juan Garrido encargada por el conquistador Hernán Cortés en memoria de los guerreros que murieron a manos de los mexicas el 1 de julio de 1520.

Por algún tiempo se llamó la Ermita de Juan Garrido, después la de “Los Mártires” por último se le dio el nombre de San Hipólito porque el 13 de agosto de 1521, cuando se conquistó a la Gran Tenochtitlán era día de ese santo, incluso en el atrio de la iglesia se encuentra una piedra labrada en la que se narra esta leyenda.

En 1567 el templo era de adobe y lucía maltratado, entonces se formó un patronato para remodelarlo y el 20 de enero de 1777 se inauguró.

De acuerdo con el sitio web los Misioneros Claretianos, en 1892 el templo fue entregado de parte de Arzobispo Pelagio Labastida a estos misioneros. Sin embargo, la Revolución afectó la atención de este templo y hasta 1919 se reabrieron sus puertas.

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Para 1931 esta construcción fue declarada Monumento Nacional y en 1955, dentro del perímetro del templo, se fundó la Escuela Academia para Sordomudos. En ese mismo año, a través de Bienes Comunales se consiguió el espacio detrás del púlpito para convertirlo en Capilla de San Judas Tadeo; su imagen fue trasladada al altar principal en 1982.

Un santo adorado por los jóvenes

Dentro del templo, un joven de gorra roja y pantalones de mezclilla, avanzaba de rodillas hacia el altar de su santo; cuando al fin llegó se quedó inmóvil, con la cabeza gacha, como quien pide perdón en el silencio. Después de unos minutos se levantó y camino despacio, yo me apresuré para llegar hasta donde estaba.

_ ¿Qué fue lo que le pediste a San Judas?- le cuestioné

_Perdón, no te puedo decir, es un secreto- dijo mientras se alejaba a toda velocidad.

La popularidad de Judas Tadeo o “San Juditas”, como le dicen en las calles,  ha crecido con el tiempo, inclusive los menores de edad se sienten atraídos por su “poder milagroso”. En la iglesia de San Hipólito,  un par de jóvenes se aproximaron al ver que tomaba una fotografía de la piedra esculpida ya mencionada.

— ¿Por qué le tomas foto al muro? —preguntaron.

—No es al muro. Le tomo foto a lo que dice —respondí

—No pues guao —sonrieron.

Antes de que partieran les pregunté por qué se habían hecho devotos de San Judas Tadeo, primero se negaron a contestar pero después Mario, de 15 años, dijo:

—No tiene mucho que decidí venir, por mi voluntad, ya va como medio año. Le pedí que mi novia no estuviera embarazada, imagínate nos matan en casa, pero Juditas se portó re chido. Fíjate, un día vine, le pedí y en unas horas mi novia me escribió que había sido falsa alarma. Prometí que ya me cuidaría y que vendría cada mes.

Pedro también es fiel del santo, aunque él sólo ha pedido no reprobar en sus clases de inglés y que su mamá no se dé cuenta de que se perforó la lengua hace un par de meses.

—Oigan, ¿a ustedes les gusta el reggaetón?

—No, nosotros no venimos a monear —respondieron los jóvenes.

Afuera de la iglesia, a lado de un puesto de cachitos de lotería están Daniel Sánchez, su hija y nieta, aunque ellos son creyentes de este mártir no asisten a misa para cumplir una manda propia. El hermano menor de Daniel se electrocutó y su madre pidió que si San Judas lo salvaba por un año haría collares y los regalaría a la gente que asistiera a festejar al santo.

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Por mala suerte, la señora Hernández sufrió un accidente y no pudo acudir para cumplir su promesa y en representación suya fue Daniel. A sus pies está un santo de yeso que le llega arriba de la cintura, adornado por casi un centenar de rosarios  de color  rosa.

“Ay manita, si es bien milagroso, yo vengo desde la Villa, no vengo caminando, para que voy a mentir, nos venimos en metro o camión, lo importante es estar aquí y escuchar la misa, regalar los collares, tenemos que cumplir porque él siempre cumple lo que le pedimos”, dice Daniel mientras separa con paciencia los collares.

En las escaleras que llevan a la entrada del templo, un hombre con el semblante cansado se acomodaba en los escalones; se trataba de Luis, comerciante de 25 años. Para llegar al festejo caminó al lado de diez personas por dos días desde Tlaxcala hasta la Ciudad de México. De su cuello colgaban escapularios verdes y blancos: los colores de Judas Tadeo.

_ ¿Hace mucho que eres devoto de San Judas? – indagué

_Sí, es una tradición de mi familia, todos somos creyentes. Gracias a él tenemos todo.

Luis me explicó que el mayor milagro que les ha concedido, es el de ayudarle a sus sobrinas a conseguir sus visas, para que estas se fueran “del otro lado” en búsqueda de una vida mejor, sin tantas carencias.

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Luis asegura que San Judas Tadeo es el santo más milagroso.

Por coincidencia, entre la multitud había otro Luis, se trataba de un joven de 23 años, que con su playera blanca me miraba mientras sus mejillas enrojecían. Hablaba por lo bajo, como si no quisiera que nadie lo escuchara y sostenía con nerviosismo su gorra. “Yo creo en San Juditas desde que estaba chiquito, mi mamá me enseñó, ella es muy religiosa”. Él asegura que con ayuda del santo ha conseguido trabajo, no se enferma y su familia se mantiene a salvo de los peligros constantes.

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Este joven también se llama Luis, vive en la Ciudad de México y confía sus rezos a San Judas.

La devoción por “San Juditas” es total, la gente le entrega su confianza y sus rezos más privados. Es a él a quien acuden cuando los tiempos se tornan difíciles de soportar.

Contra la delincuencia

El señor Reyes camina alrededor de la iglesia, en la parte delantera de su cuerpo carga una mochila y en ella hay un santo, la cara es de fibra de vidrio. Tiene más de 20 años de serle fiel y acudir a misa los 28 de cada mes.

San Judas liberó a su hermano de un secuestro. “Todos creíamos que ya no lo veríamos, no teníamos para pagar el rescate, pero de corazón le pedimos y nos lo devolvió”, cuenta conmovido.

La figura hecha de papel mache no la hizo él, se la regalaron. Reyes relata que en estas dos décadas nada ni nadie le ha impedido asistir a misa y celebrar a su ángel guardián.

Se despide y al mismo tiempo empieza a tararear: “La labor de este gran santo no tiene comparación, tú le pides un milagro y nunca dice que no, le rezas su novenario y él cumple tu petición”.

Con los años San Judas Tadeo ha sido relacionado con características o aspectos negativos, tales como la violencia; existe el mito de que si sostiene su bastón de lado izquierdo, entonces es el patrono de narcotraficantes, secuestradores y ladrones. Si el bastón se encuentra en la mano derecha, sin duda se acepta como el protector de la gente “buena”. Sin embargo, este hecho ya ha sido desmentido: la razón por la que existen dos figuras diferentes es por la piratería. Cuando se imprimían las estampas del santo, los falsificadores  invirtieron la imagen al intentar copiarla. Pero la fama negativa del defensor de los desamparados va todavía más allá de la imagen.

Antonio cumple su aniversario el 28 de octubre, tiene 22 años y no es un creyente de las religiones: “he recibido burlas por cumplir años el día de San Judas, porque es un santo que se maneja como un símbolo ´chaka´¨; en el imaginario colectivo se nos presenta como un estandarte de “la mona y el perreo”, así como de aquellos individuos que entregan su vida a la delincuencia. Lo cierto es que se trata de una generalización poco certera. Al respecto Antonio opina que la gente que “cree en él es diversa, yo he visto también a viejitas que tienen las imágenes de San Judas”

Los susurros se extienden por San Hipolito, la gente se hinca y otros se mantienen muy callados en algún rincón. Mario Alberto tiene 22 años, se confunde entre los rostros que se pasean por la iglesia; él es panadero, estuvo 6 meses en el reclusorio norte por un cargo que prefiere no confesarme. Me muestra su brazo derecho, donde porta con orgullo un tatuaje del santo: “me lo hice para pedirle que me sacara de la cárcel rápido. Me lo tatuaron allá dentro, antes de estar recluido yo no creía en él”

-¿Entonces hoy vienes para agradecer que te ayudó a salir de reclusión?- le cuestioné

-Sí, pero es que además de ser panadero hago box. Vine porque tengo fe de que me irá bien en una pelea que tengo mañana. – respondió.

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Mario Alberto muestra su tatuaje mientras posa frente a un puesto que ofrece mercancía de San Judas a los visitantes del templo de San Hipólito. 

Mario me observaba con sutileza, con una mirada infantil y limpia; él quiere salir adelante y asegura que este santo le ha dado fuerzas para dejar atrás los años en los que perdió su libertad.

-Los que quieran la bendición acérquense- anunció el clérigo de por micrófono.

Yo estaba atenta, sentada en una banca frente a un estante que poco a poco se iba llenando de veladoras. Observaba la devoción que se prodiga a “San Juditas” y la sinceridad  con la que los mexicanos rinden culto.

Los últimos rayos del sol se ocultaban, pero aún se veía llegar a muchos devotos, al fin que todavía era 28, les quedaban un par de horas para rezar, pedir y celebrar a su santo.

Foto antigua: Archivo de EL UNIVERSAL y Colección Villasana-Torres.

Fuentes: Sitio web los Misioneros Claretianos, libro Seis siglos de historia gráfica de Gustavo Casasola y entrevistas con Óscar Lira y feligreses a las afueras del Templo de San Hipólito. 

Carlos Villasana y Angélica Navarrete

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