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La derrota de México en el primer Mundial

La selección perdió ante Francia, Chile y Argentina en el primer Mundial celebrado en Uruguay, en 1930. Se habló de un “entrenamiento defectuoso” y de un juego sin conjunto
La derrota de México en el primer Mundial
18/06/2018
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Texto: Gamaliel Valderrama 
Diseño Web: Miguel Ángel Garnica

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La primera aventura mundialista de la selección mexicana de futbol dejó como saldo tres derrotas, 13 goles en contra y 4 a favor. El mexicano fue el equipo que más goles recibió en el primer Mundial celebrado en Uruguay en 1930, pero también fue la escuadra que disputó el partido que dio inicio a esta competencia, que hasta la fecha se sigue celebrando cada cuatro años.

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La derrota de la “oncena” mexicana se publicaba al día siguiente en las páginas de EL UNIVERSAL. Según las crónicas, se destacaba el trabajo del defensa y capitán de los aztecas, Rafael Garza, “siendo de notarse que a veces los jugadores de esta oncena adelantaban demasiado la pelota, facilitando de esa manera la labor de sus contrarios”.

Los seleccionados nacionales estuvieron fuera del país por casi tres meses, hicieron giras previas y posteriores al encuentro mundial que ganó el país anfitrión, Uruguay. Llegaron a la Ciudad de México a primera hora del martes 2 de septiembre de 1930, según lo consignaba esta casa editorial en su edición impresa.

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En el partido inaugural del Mundial de futbol de 1930, México jugó con Óscar Bonfiglio -en la portería-, Rafael Garza Gutiérrez "Récord'', los hermanos Manuel "El Chaquetas'' y Felipe "El Diente'' Rosas, Alfredo Sánchez, Efraín Amezcua, Luis Pérez, Dionisio Mejía, Hilario "El Moco'' López, Juan "El Trompo'' Carreño y José Ruiz. Imagen de la Mediateca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“A bordo de un carro Pullman arribaron antier a primera hora y por la Estación de Buenavista, los diecisiete jugadores, el delegado en jefe y el árbitro mexicano. No venía en el grupo el entrenador que con ellos salió de México, el señor don Juan Luque de Serrallonga, designado por nuestra Federación de Foot Ball, para instruir y enseñar a los representativos mexicanos, todos los secretos, toda la gama, la ciencia y la belleza del deporte que popularizaron los ingleses”.

Aunque con una aceptación creciente, el futbol todavía no levantaba las pasiones actuales entre los aficionados de aquella época. Para recibir a la escuadra nacional no se organizó una recepción formal, y los seguidores congregados en la estación de Buenavista fueron pocos, los de siempre.

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La oncena mexicana cayó 4 goles a 1 ante Francia, también fue derrotada por Chile (3-0) y Argentina (6-3). Mediateca del INAH.

“En el andén, contra lo que era de esperarse la concurrencia no fue numerosa: los familiares de los expedicionarios, una nutrida representación del América, encabezada por su actual Presidente, el señor Pedro Suinaga, en unión del señor ingeniero Ferrat, del señor Briseño, del popular jugador Luis
Cerilla, Pedro Portilla, Galán y otros muchos socios del club crema; representantes del México, del Marte, del Atlante, comisión de árbitros, y un buen número de aficionados, unos cincuenta que siempre vemos en todo acto deportivo”, además, faltaron muchos delegados a la Federación, relataba la crónica de EL UNIVERSAL.

Algunas causas de la poca asistencia al recibimiento, se exponía, obedecían a la hora y la temperatura que no “brindaban a dejar el lecho”, el texto menciona que llegaron a primera hora de la mañana. Sin embargo, hubo alegría y entusiasmo, “pocos pero escogidos”, se afirmaba. Sólo tres medios de comunicación se presentaron a cubrir la llegada: Tiro Libre, Tackle y esta casa editorial.

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“De los tres tantos que perdió México, uno fue marcado por el jugador mexicano Rosas, al tratar de defender su propia meta. Nos falta un juego”, se escribía en este diario tras la segunda derrota de la oncena nacional.

De aquel carro Pullman, descendió un “convoy de diecinueve personas, todas ellas jóvenes, robustas, llenas de salud, desconocidas algunas. Carreño, el ‘viejo’ Sánchez y Pepe Ruiz, por ejemplo, tienen sobre sus espaldas no menos de una ganancia de diez kilogramos, cada uno, en relación a la fecha de cuando se ausentaron de esta capital”.

“Saludamos al menor de los ‘Récord’ –Francisco Garza Gutiérrez–, fue el primero que tuvimos a la mano”, explicaba el reportero de El Gran Diario de México. A pregunta sobre cómo estaban los uruguayos, el defensa respondía: “Soberbios, chico, siguen invencibles”, - ¿Y las uruguayas?-: “¡Lo mismo!”.

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La alineación para el juego contra Chile estuvo integrada por Óscar Bonfiglio (portero), Rafael Garza (defensa), Manuel Rosas (defensa), Felipe Rosas (mediocampista), Alfredo Sánchez “el viejo” (defensa), Efraín Amezcua (mediocampista), Hilario López (delantero), José Ruiz (delantero), Dionisio Mejía (delantero), José Carreño (delantero) y Luis “pichojos”  Pérez (delantero). Foto de la Mediateca del INAH.

Sobre el balance de la selección Nacional en la Copa del Mundo, el jefe de la delegación mexicana, Ernesto Soto García, amable y sonriente, se negó a dar respuesta, puesto que “antes tengo que presentar un informe ‘circunstanciado’ a la Federación”, justificaba el directivo.

“Vista la imposibilidad de quebrantar el silencio del ‘Dr.’ Soto, nos dirigimos a ‘Récord’ el mayor –Rafael Garza Gutiérrez–, quien llevó la capitanía del equipo”, pero el resultado fue el mismo, no hubo declaración. Sin embargo, el reportero “hurgó” entre todos los seleccionados y logró tejer “los principales detalles de los sucesos ocurridos durante la gira, sucesos que abarcan cosas grandes y maravillosas”.

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Rafael Garza Gutiérrez “Récord” (derecha), comandó al equipo azteca de futbol durante el primer Mundial en 1930. Mediateca INAH.

“Nos refirió uno de nuestros informantes que, durante el viaje, en la Habana, en Nueva York y en Río de Janeiro, fueron objeto de multitud de atenciones por parte de las sociedades deportivas de cada localidad. En Río practicamos, dice otro jugador, en el campo del Botafogo, que es uno de los mejores de la gran capital brasileña”.

A su llegada a Montevideo, la capital uruguaya, el primero de julio de 1930, “reinaba un frío intensísimo”; sin embargo, fueron recibidos por una enorme cantidad de aficionados que los ovacionaron largo rato, y los acompañaron al hotel. La delegación mexicana quedó alojada en The Garden, de Colón.

Según declaraciones del jefe de la delegación mexicana a diarios sudamericanos, el doctor Soto García asegura que “para obtener los servicios del entrenador fue preciso pagarle un sueldo mensual de cuatrocientos cincuenta dólares, cosa que causó admiración aún entre los argentinos, ellos de por sí tan amantes de las cosas abultadas”.

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“Indiscutiblemente que el juego de hoy entre mexicanos y argentinos ha sido uno de los más interesantes de la serie del torneo por el campeonato mundial pues muy a pesar de que en un principio los delanteros argentinos desplegando terrible velocidad abrían fácilmente brechas entre las defensas de los mexicanos, estos se defendieron bravamente y lucharon con empeño por llevarse el triunfo”, apuntaba la crónica del encuentro que perdió la “oncena” azteca 6 goles a 3.

Durante una visita de la selección mexicana al campo de Pocitos, casa del Peñarol y Defensor, la presencia de los aztecas “fue saludada con aplausos y gritos en honor de México”. “En todas partes de Montevideo fuimos extremadamente agasajados”, aseguraban. “En el teatro Urquiza se organizó una gran función en honor de la delegación mexicana. Nuestro representante diplomático nos colmó de atenciones, procurando en todo momento que no careciésemos de nada”.

Al equipo mexicano le correspondió disputar el primer juego del torneo mundial. Fue contra el seleccionado francés y los jugadores aztecas fueron derrotados por cuatro tantos contra uno. Después se enfrentaron a la escuadra chilena, con la que cayó 3 a 0, concluyó su participación ante Argentina, con una nueva derrota con un marcador de 6 a 3.

Al respecto, los jugadores mexicanos recién llegados a la capital expresan al reportero de EL UNIVERSAL algunas impresiones de los partidos del mundial uruguayo, “se nos dice que no hubo la cohesión debida dentro del equipo. Que el entrenamiento había sido por demás defectuoso. Que determinados jugadores se empeñaron en desarrollar juego personal, absteniéndose de la labor de conjunto, tan indispensable para este deporte”.

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Para el juego contra Argentina, los mexicanos cambiaron de última “el line-up de su oncena, quedando en la forma que sigue: Bonflglio, Garza R. y y Garza F. Rosas F., Sánchez, Rodríguez, Rosas M., López, Galeana y Olivares”.

“Que, en el juego contra Chile, segundo que cubrió México, el primer gol fue una flagrante violación a las reglas: fue hecho con la mano. También se perdió, por tres a cero, y finalmente, contra los argentinos —dice otro de los viajeros— nuestro juego había mejorado. Ya se hicieron tres tantos a cambio de seis en contra. Los referees también allí cometen errores de todas clases”, narraban.

“Dentro del equipo hubo jugadores que no participaron en ningún juego. Otros, en uno sólo. Antes de terminar nuestro compromiso oficial, ya las dificultades con el entrenador habían hecho crisis. Pero de este punto no soltaron prenda.  Lo dejan para que lo relate el jefe de la misión, del que se expresan en términos encomiásticos”, el entrenador nacional, Juan Luque, no regresó con sus pupilos a la capital del país.

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Juan Carreño, delantero. Anotó el único gol de los aztecas en el juego inaugural del Mundial de 1930. “Mucha, rapidez y actividad desplegaron los mexicanos al reanudarse el juego y durante casi toda la segunda mitad del mismo, pero se encontraron con una sólida resistencia de los franceses, a pesar de lo cual lograron anotarse el único goal que tuvieron en su favor a los 29 minutos de haberse reanudado, gracias a los esfuerzos y agilidad del jugador mexicano Carreño”, apuntaban las crónicas.

De regreso, los mexicanos jugaron dos veces en Chile, empataron y perdieron. El mismo número de juegos e idéntico resultado obtuvieron en su paso por Lima, Perú.

En una editorial publicada en EL UNIVERSAL, después de la llegada al país del seleccionado nacional de futbol, apuntaba que el fracaso del cuadro mexicano en Uruguay “se debió a la total falta de preparación, a que se creyó que los triunfos se improvisan, a que se confió, no en el mérito de nuestros jugadores, sino en que la casualidad podría muy bien hacer que los contrarios fueran peores o se descuidaran”.

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El diario “El País”, en su edición de fecha 14 de julio, exponía su opinión sobre la escuadra mexicana: “El arquero es bueno sobre todo seguro. Los goals no son culpa de él aun cuando estimamos que pudo evitar uno de los tantos. Los backs regular. Rosas supera a Garza. Actúan con lentitud y no despiden bien la pelota. Las halfs son mediocres. El half derecho tiene algunas jugadas buenas. Los forwards también deficientes, excepción hecha del extremo derecho y del inside izquierdo”.

Agregaba que “contra la opinión de los cronistas deportivos de la prensa metropolitana, la Federación de Foot ball permitió que el equipo se formara, no con los mejores jugadores de la República, sino con algunos de ellos, acompañados de otros que tenían parientes, allegados o amigos influyentes, pero no méritos”.

“El entrenador declaró - después del primer fracaso del grupo- que el equipo había sido derrotado por el frío, como si no fuera sabido que en invierno la temperatura es baja y que el equipo iba a donde el invierno reinaba en esa época del año”.

Después de una dura crítica, la columna hacía una advertencia para los próximos torneos: “En Holanda quedamos mal; en Montevideo quedamos peor. Todavía es tiempo de que aprovechemos las duras lecciones que dan las derrotas; ahora es cuando debemos convencernos de que en football no se triunfa ‘de chiripa’, sino mediante los esfuerzos coordinados de equiperos que, como principal cualidad, deben tener la de saber jugar football.”

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Parte de la editorial publicada en EL UNIVERSAL el 8 de septiembre de 1930, luego del regreso de la “oncena” mexicana al país.

Fotos: Mediateca Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Archivo Fotográfico de EL UNIVERSAL.

Fuentes: Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

 

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