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El parque con el nombre de un presidente estadounidense

La estatua del presidente Lincoln se mantiene de pie en el parque que lleva su nombre como recordatorio de la buena relación entre Estados Unidos y México. El aviario de este lugar y sus espejos de agua lo hacen único en la zona de Polanco.
Mochilazo en el tiempo, parque Lincoln, Polanco, Abraham Lincoln
13/07/2018
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Texto: Consuelo Juárez

Diseño web: Miguel Ángel Garnica

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Rodeados del bullicio de una ciudad cada vez más acelerada y que pareciera nunca descansar, los árboles del parque Lincoln, en la zona de Polanco en la capital, crean una muralla impenetrable para todo aquél que, en medio de una estresante jornada laboral desee tomarse un respiro, o que busque salir de la cotidianidad.

El parque Lincoln es hogar también de un regalo que ejemplifica la relación de dos países que han sido amigos y enemigos en varios momentos de la historia, pero que no pueden dejar de depender uno del otro por su proximidad.

La estatua del presidente estadounidense Abraham Lincoln, a quien debe su nombre este parque, llegó a México en 1966 como un regalo que representaba precisamente la amistad entre Estados Unidos y nuestro México. El mandatario de aquél país, Lyndon B. Johnson -quien reemplazó a John F. Kennedy tras su asesinato-, fue recibido en México por Gustavo Díaz Ordaz en una visita diplomática.

Durante este periodo se fortaleció la relación entre ambas naciones. El presidente estadounidense no se limitó a la hora de repartir elogios para el dirigente mexicano y su país. El evento cumbre de la visita fue, sin duda, la visita a este lugar que entonces tenía el nombre de “Parque de los espejos”, ubicado en la colonia Polanco de la capital, para “descubrir” la estatua de un meditativo Lincoln, de pie frente a su silla, esculpido en bronce por Gaudens, un artista francés.

Durante la ceremonia -que fue transmitida por televisión en el país vecino-, Johnson aprovechó para explicar: “Lo que Abraham Lincoln significa es lo que une a nuestras dos naciones y, en realidad, al hemisferio entero… estamos unidos por los valores comunes y las creencias que compartimos”, informó en aquél entonces EL UNIVERSAL.

El mandatario estadounidense recalcó los valores de Lincoln y que para ambas naciones era importante mantenerlos vigentes para demostrar así que “el hombre, mediante la libertad, puede liberarse del lastre del pasado y aliviar a sus hermanos de la angustia del hambre, la ceguera de la ignorancia y el peso de las enfermedades”.

Aquella visita fue transmitida por la televisión mexicana y llegó también al pueblo norteamericano a través de las cadenas CBS, ABC y NBC, documentando desde el momento en que el avión presidencial aterrizaba en suelo mexicano.

British Pathé “President Johnson Down Mexico Way (1966)” En el minuto 1:58 se observa el descubrimiento de la estatua a Lincoln en el parque de los espejos.

Ampliando su discurso, y demostrando la verdadera intención del encuentro, tanto él como Díaz Ordaz hablaron sobre las relaciones de comercio, se llenaron de elogios y prometieron cooperación para lograr el bienestar de la ciudadanía. Así, la estatua a Lincoln se alzaba como un símbolo de unión y fraternidad entre las naciones vecinas, que con sus altibajos, habían logrado mantenerse.

La estatua también cambió el nombre del parque. Cuando en 1938 fue inaugurado por el presidente Lázaro Cárdenas, la gente lo conocía como Parque de Polanco o Parque del palomar, porque “La Torre del reloj” que actualmente funge como galería de arte, era un palomar con agujeros en los muros superiores para albergarlas.

Tras la develación de la estatua, el nombre del parque cambió a “Parque Lincoln”, rindiéndole honor al hombre que abolió la esclavitud en los Estados Unidos. Sin embargo, “Aunque Lincoln es un personaje admirable por muchas razones, no debería de haber sido motivo para que el parque cambiara de nombre, porque quita la identidad del lugar y su origen”, opina la cronista de Polanco, María Bustamante.

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La Torre del reloj en la actualidad es una galería de arte, EL UNIVERSAL 1980 / Consuelo Juárez 2018.

La estatua estuvo de pie en el mismo lugar en el que Díaz Ordaz y Lyndon la dejaron en 1966 para irse a alguna cena importante, hasta que en el 2000, el vandalismo de la ciudad la alcanzó. Fue arrancada de su pedestal un sábado y decapitada, ya que la cabeza fue hallada hasta el domingo en la colonia San Miguel Chapultepec, detallaban en ese entonces las páginas EL UNIVERSAL.

Vecinos del parque declararon que alrededor de las 4 de la tarde, se escuchaba alboroto de “fiesta” por lo que, según ellos, habría sido alguna “travesura” ocasionada por los efectos del alcohol.

“La escultura del símbolo de la independencia americana” fue resguardada cuerpo y cabeza por separado en un campamento del área de Obras y Desarrollo Urbano de la Delegación Miguel Hidalgo esperando su restauración.

Se levantó una denuncia de hechos pues se atentó contra el patrimonio cultural de la ciudad de México; sin embargo, la figura no se había restaurado y reinstalado pues, como se trataba de una donación del gobierno de los Estados Unidos, “nadie la había reclamado”.

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Lo que quedó de la estatua del presidente Lincoln después de ser víctima de actos vandálicos en 2000. EL UNIVERSAL.

Apenas 40 días después de estos hechos, la jefa de gobierno Rosario Robles Berlanga, la develó en compañía del embajador de Estados Unidos, Jeffrey Davidow, recordando otra vez la relación tan próxima entre los dos países.

Durante la ceremonia de inauguración, el embajador recordó las semejanzas entre Benito Juárez y Lincoln, pues dijo que a pesar de las dificultades que enfrentaban sus países durante sus gobiernos “subrayaron la importancia de los individuos sobre el poder del Estado y las instituciones”.

La restauración de la estatua costó 6 mil 498 pesos, y aunque pudieran haberse ahorrado la restauración, dijo Juan Luis González Alcántara, aquél entonces presidente del Tribunal de Justicia del Distrito Federal, hubiera significado “borrar imágenes de quienes disfrutan el parque” y hubiera deshonrado la figura de un hombre que “defendía México como ningún otro estadista norteamericano”.

Abraham Lincoln condenó la invasión estadounidense a México 13 años antes de ser presidente en Estados Unidos. Cuando finalmente estuvo al mando de aquél país, se encargó de fortalecer la relación con su vecino del sur.

Sin embargo, en la actualidad, dicha relación se ha tambaleado desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, con su racismo que no se esfuerza por esconder y sus prácticas poco convencionales que atentan contra los derechos de miles de migrantes, adultos y niños que están siendo deportados, sin mencionar las dificultades para concretar otra etapa del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, Canadá y México.

Los vecinos a los que observa Lincoln
 
 

Hoy, el presidente Lincoln sigue de pie frente a sus silla, observando inmóvil el andar de los muchos visitantes del parque, que, desde que la colonia Polanco empezaba a formarse, en 1938, no han perdido costumbre de visitar de generación en generación, el parque que no deja de ofrecer refugio a todo aquél que desee escapar del bullicio de la ciudad, hacer deporte u olvidarse de la monotonía.

En el parque, que se extiende desde la calle Emilio Castelar, al norte, y Luis G. Urbina al sur, existen diversos espacios para la relajación, y para actividades de recreación. Alrededor de las grandes fuentes, niños, niñas, adultos y ancianos coleccionistas de barcos a escala se reúnen cada domingo para “acuatizar sus modelos”, relata María Bustamante.

Por otra parte, y durante la construcción del mismo parque, que fue el primero de la colonia, se edificó también el aviario, que albergó una gran cantidad de especies e incluso hizo una pequeña aparición en la película María Eugenia de 1943, protagonizada por María Félix, en donde tanto las grandes jaulas como las instalaciones del parque, que aún estaban rodeados por árboles y helechos demasiado pequeños para tapar los alrededores, lucían nuevos y relucientes.

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El aviario en 1937 durante su construcción. EL UNIVERSAL, cortesía de Manuel Ramos.

Después de diez años, el aviario quedó vacío, y permaneció así durante 4 décadas, en las que, el abandono trató de combatirse convirtiendo el aviario en una galería. El experimento no funcionó, así que, hace aproximadamente 10 años, fue recuperado.

Ahora, el refugio es hogar de más de 20 especies de pájaros que vuelan libres en un ambiente lleno de plantas, comida y hasta un lago con pequeñas cascadas artificiales, en donde la gente puede observar de cerca a loros, patos, gorriones, palomas y hasta un pavo real, entre otras especies, que conviven en armonía. La entrada al aviario tiene un costo de 7 pesos por persona.

Mariana visita el aviario y ríe cada vez que su sobrino, de 7 años dice señalando a algún pájaro “¡mira, ese soy yo cuando me despierto!”, haciendo referencia a los alocados plumajes de algunas aves.

-Me gusta este lugar porque deja que los niños estén en contacto con la naturaleza, y como que los enseña a querer y sobre todo a respetarlos”, dice la tía, quien además empuja la silla de ruedas de su mamá de 89 años.

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La Cacatúa Ninfa (Nimphycus Hollandicus), es una de las especies que alberga el Aviario Abraham Lincoln. Consuelo Juárez, EL UNIVERSAL.

El parque es también un espacio para la cultura y la educación, pues se ofrecen talleres de diversos ámbitos para niños y adultos, como en su huerto, que lleva también el nombre del presidente estadounidense, en donde los fines de semana, se enseña a los pequeños a cultivar su propio huerto.

Por su parte, el Espacio Cultural Nelson Mandela dentro del parque, ofrece a personas de todas las edades clases de iniciación musical, instrumentos, como guitarra y violín y clases de danza.

Además, en la zona que rodea a la Torre del reloj, varios vecinos de la colonia acuden a realizar ejercicio, como es el caso de Andrés, quien corre por la pista con su hijo en bicicleta a un lado. Cuando se cansó, gritó: “Si quieres dar otra vuelta dala tú, ya me cansé, yo te veo desde aquí”, inmediatamente, se dirigió a un pequeño montículo para tener una mejor vista de la pista.

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Disfrutando un domingo con sus barcos a escala sobre los espejos de agua de este lugar. Archivo/ EL UNIVERSAL.

En una simple búsqueda en internet, se pueden encontrar algunos relatos de gente mayor que cuando eran niños, salían a recorrer todo el parque en bici, solos. Hoy, el nerviosismo del padre se hace evidente pues no puede quitar el ojo de su pequeño.

“No siento que sea tan inseguro, hay policías todo el tiempo, pero de todas maneras, digo la Ciudad de México ya es muy insegura en todos lados y aquí en el parque hay mucha gente y uno nunca sabe. Además nunca faltan los ‘vagos’ y los ‘chavos’ que vienen a tomar aquí”.

A pesar de esto, explicó Andrés, el parque es un buen lugar para los niños que viven cerca, para distraerse y jugar.

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Los visitantes se divierten con sus barcos a escala en los grandes espejos de agua del parque. Archivo/ EL UNIVERSAL, 2010.

Mientras los vecinos de la colonia Polanco y otras aledañas lo visitan, juegan, hacen deporte y los empleados de las oficinas disfrutan de su hora de comida en sus bancas, Lincoln permanece ahí, vigilante, y permite a las palomas que vuelan a su alrededor descansar las alas sobre su cabeza.

Fuentes: EL UNIVERSAL y EL UNIVERSAL ONLINE. Entrevistas con los vecinos del parque y con la cronista de Polanco María Bustamante.

 

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