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El candidato que compitió durante 30 años

Nicolás Zúñiga y Miranda fue famoso porque compitió por la presidencia entre 1894 y 1924. Aunque nunca ganó se hacía llamar el “presidente legítimo de México”; murió en la pobreza a los 60 años en 1925.
Mochilazo en el tiempo, candidato presidencia, Nicolás Zuñiga y Miranda
23/06/2018
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Texto: Mauricio Mejía Castillo.

Diseño web: Miguel Ángel Garnica.

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Su obsesión por ser presidente de México lo volvió loco. Durante 30 años se postuló como candidato en las elecciones. Nunca ganó pues, según él, era víctima de los fraudes electorales. Esto no le impedía presentarse como el presidente legítimo en cualquier lugar a donde iba. Su nombre era Nicolás Zúñiga y Miranda y fue uno de los personajes pintorescos del Porfiriato.

Nació en la ciudad de Zacatecas en 1865. La suya era una de las familias de mejor posición. Fue enviado a la capital para estudiar Jurisprudencia. Ahí se hizo famoso por su afición a predecir temblores que nunca ocurrieron.

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De niño fue un estudiante brillante. Al llegar a la capital asustaba a los transeúntes nocturnos que lo creían un aparecido. Imagen Historia Gráfica de la Revolución Mexicana, Gustavo Casasola.

A principios de 1896 un grupo de opositores al gobierno del general Porfirio Díaz se presentaron ante él para ofrecerle la candidatura de su partido en las elecciones presidenciales de ese año. Creían que con un hombre preparado como don Nicolás y una campaña formal sería fácil quitar al viejo mandatario de Palacio Nacional. El aludido aceptó encantado pues era enemigo de la reelección en los gobernantes. Se inició entonces su única campaña tomada en serio.

Poco antes de las elecciones Zúñiga y Miranda fue hecho prisionero y encerrado en la cárcel de Belén (donde hoy está la estación del metro Balderas). Ahí permaneció hasta que pasaron las elecciones que dieron el triunfo a Porfirio Díaz para el periodo 1896-1900. Don Nicolás no aceptó la derrota y se hizo llamar el presidente legítimo de México.

Cuando fue liberado fundó con sus partidarios el periódico “La Voz Zuñiguista” que dirigió él mismo. Unos de sus editoriales titulado “El presidente soy yo” llegó a manos de don Porfirio quien ordenó que lo enviaran a la cárcel del callejón de la Diputación (en la actual avenida 20 de Noviembre) a dormir con los borrachitos escandalosos. Fue trasladado de nuevo a Belén donde permaneció siete meses. Cuando salió sus facultades mentales ya estaban dañadas.

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Cárcel de Belén a donde fue enviado Zúñiga. Ésta se encontraba en la actual estación del Metro Balderas. Fotografía Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Una mañana hizo llamar a su habitación a doña Ramona, la dueña del mesón donde vivía. La mujer enmudeció cuando vio a su inquilino en ropa interior contemplándose en un espejo. Lo único que tenía sobre el pecho era una banda tricolor. “No se vaya, le dijo, la he llamado porque quiero que sea la primera persona que reconozca en mí al presidente de la República. De Porfirio Díaz no me ocupó. Es un usurpador”. Doña Ramona salió del cuarto con la seguridad de que aquel hombre había perdido completamente la razón. La anécdota la cuenta Guillermo Mellado en su libro Don Nicolás de México.

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Imágenes de la enciclopedia Seis siglos de historia gráfica de México, de Gustavo Casasola.

No tardaron sus antiguos partidarios en darse cuenta que don Nicolás enfermó gravemente de manía presidencial. Poco a poco su locura se convirtió en el tema favorito de los cafés. Mellado cuenta que las andanzas de Zúñiga y Miranda fueron conocidas por don Porfirio  quien vio en su antigua preocupación al hombre que necesitaba para simular una oposición en sus futuras elecciones. De esta manera el presidente le mandaba trabajos para que pudiera sostener sus campañas. Según Mellado don Nicolás nunca se enteró de esta trampa del hábil oaxaqueño. Con el paso del tiempo el mismo general le fue tomando afecto.

Cuando murió Nicolás Zúñiga y Miranda en 1925, EL UNIVERSAL anunció que había desaparecido el tipo más popular de la metrópoli. Y es que, desde que su locura fue declarada, quienes se topaban con él en la calle de Plateros o en la Alameda lo saludaban cordialmente al grito de “¿Cómo le va a usted, señor presidente?”. Los niños lo saludaban y se decía para sí mismo “Quién sabe si el día de mañana sean mis electores”.

En EL UNIVERSAL ILUSTRADO, y también con motivo de la muerte de Zúñiga, Alfonso Taracena escribió un artículo en el que lo comparaba con Don Quijote de la Mancha. Decía Taracena que en la vida del perpetuo candidato la silla presidencial fue Dulcinea y los campos de la Mancha era el barrio de La Merced.

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Una de sus aficiones era el espiritismo. Esto le ocasionó burlas en su carrera política.

Fueron famosas las propuestas de campaña de aquel moderno Quijote. Aseguraba que si ganaba los huevos costarían dos centavos; las rentas bajarían un ochenta por ciento; los estudiantes tendrían cuenta abierta en los mejores restaurantes y prometía para ellos becas para el extranjero. Nunca dijo cómo lo haría. “¡Maravilloso plan, cuyo secreto nunca quiso revelar el autor, llevándoselo a la tumba!” apunto Taracena.

El director de cine Juan Bustillo Oro hizo un homenaje al célebre candidato en su película “México de mis recuerdos”, de 1943. En ella Joaquín Pardavé encarna al secretario particular de Porfirio Díaz quien se entera de que sus amigos invitan a sus tertulias a Nicolás Zúñiga y Miranda. “¿Pero qué burla es esta? ¿Se atreven ustedes a llamar presidente a Zúñiga y Miranda? ¿Presidente este señor que no es más que el eterno candidato sin partidarios?”, pregunta el escandalizado personaje. A lo que el otro responde “¡Yo he triunfado en todos los comicios y su don Porfirio no es más que un usurpador!”. La trama gira en torno al título de presidente legítimo que ostentaba el zacatecano.

Otra alusión a este personaje en el cine fue en la cinta “Las tandas del principal” en la que Zúñiga y Miranda forma parte de la galería de hombres representativos del Porfiriato como Sóstenes Rocha, ministro de la Guerra y Joaquín de la Cantolla y Rico, el famoso volador de globos aerostáticos.

Don Nicolás Zúñiga y Miranda murió en una vecindad de La Merced en condiciones miserables. Sus restos descansan en el panteón de Dolores.

Nuestra foto principal es un retrato de Don Nicolás Zuñiga y Miranda, tomado del libro Historia Gráfica de la Revolución Mexicana 1900-1960 de Gustavo Casasola.

La imagen del comparativo es la plana de EL UNIVERSAL del 30 de marzo de 1925 donde se destaca la muerte de Zuñiga Miranda a los 60 años.

Fotos antiguas: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); EL UNIVERSAL y EL UNIVERSAL ILUSTRADO de 1925. Casasola, Gustavo, Seis siglos de historia gráfica de México. Casasola, Gustavo, Historia Gráfica de la Revolución Mexicana 1900-1960.

Fuentes: Hemeroteca de EL UNIVERSAL, 1925. EL UNIVERSAL ILUSTRADO, 1925, Mellado Guillermo, Don Nicolás de México, 1931.  https://www.youtube.com/watch?v=7eusrPvljoQ&t=277s

 

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