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El arte de "timar" en los años 20

A mediados de los años 20 el timo de la moneda o el del testamento eran populares y poco denunciados. La policía rara vez podía detener a los responsables, pues eran hábiles y sus engaños ingeniosos. Aunque era común caer en estos elaborados trucos, hoy los timadores han sofisticado sus tretas
En aquellos años el timo de la moneda o el del testamento eran populares y poco denunciados. La policía rara vez podía detener a los responsables, pues eran hábiles y sus engaños ingeniosos
07/09/2018
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Texto: Dafne N. García López
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
 

En 1925 los timadores engañaban con éxito creciente a un gran número de personas que tenían la desgracia de conocerlos. Sus timos, elaborados con un plan previo y una habilidad manual, tenían el éxito suficiente para que más de un ingenuo se dejara llevar por la ambición o por el ego y que difícilmente podían denunciar ante las autoridades.

El concepto de timo, según la Real Academia Española, es el de quitar o hurtar algo a base de engaño, ya sea con promesas o esperanzas. Además de perjudicar a la persona contra la que se realiza y que puede llegar a una denuncia legal contra quien lo comete.

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Imágenes de EL UNIVERSAL ILUSTRADO que explican cómo se llevaba a cabo el timo de la moneda gracias a la recreación del segundo Jefe de las Comisiones de Seguridad de la Inspección General de Policía, Antonio Sarabia. 

El caso del timo de la moneda, también llamado de la “guitarrita”, requería mucha habilidad por parte del estafador. Con unas barras de estaño o plomo, un dado de metal Babbitt (o metal cojinete) con un vaciado de doble fondo –donde se escondía una moneda genuina que fungía como molde, una cazoleta de barro para fundir, una moneda auténtica de 10 pesos –de 1925− un frasco de ácido nítrico y otro de barniz dorado; se hacía creer al incauto que podían recrearse los llamados “hidalgos”. 

Para asegurar que no era una trampa, se hacía una prueba del proceso de elaboración y, cuando el timador mostraba “como resultado” una ligeramente caliente moneda patinada con estaño que había salido del dado metálico, se le invitaba a la víctima a gastarlo para comprobar su autenticidad.

Ya con el éxito asegurado, el timador le vendía los materiales básicos (el estaño, el dado y los frascos) por una suma de 2,000 pesos de la época. Sin embargo, lo único que podía elaborar eran imitaciones de estaño y no podía denunciar la estafa a la policía porque al prestarse a la compra de estos elementos, había violado el Código Penal y podía terminar en prisión. Todo por la ambición de poder crear dinero.

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Reconstrucción del llamado “timo del testamento” por parte del señor Sarabia, segundo Jefe de las Comisiones de Seguridad de la Inspección General de Policía. Aquí se ilustra cómo se estafaba por igual tanto a inocentes campesinos como a un corredor de bolsa.

Para el timo del testamento sólo se necesitaba un billete auténtico de 5 dólares doblado en forma de acordeón en cuyos dobleces se metían bloques de papel periódico con las mismas medidas del papel moneda para terminar formando un par de paquetes (simulando una cantidad millonaria).

El timador disfrazado de provinciano se acercaba a la víctima y, diciendo que venía de algún estado de la República por parte de un cura para entregar la herencia a una persona; preguntaba por una dirección para efectuar su deber. Al obtener la respuesta, alegaba que el destino estaba muy lejos y debía tomar el tren o arriesgarse a perderlo.

Luego, como si tuviese una repentina idea, le insinuaba a la víctima (después de halagarla al calificarla como una persona honrada) si podría hacer la entrega del dinero por él. Lo único que pedía a cambio era un adelanto de su comisión (que recuperaría con el heredero en cuanto le diese el dinero) y un juramento por la Virgen de Guadalupe que iba a cumplir su palabra y entregar la herencia.

La persona accedía a todo al vislumbrar los voluminosos fajos de billetes americanos, le entregaba al timador una suma de casi 300 pesos en monedas de oro –después de todo, cuando se fuera el provinciano, la fortuna en dólares sería suya y compensaría su gasto inicial – y juraba ante la Virgen que haría el encargo.

El timador huía de ahí con el pretexto del tren y, cuando la persona se daba cuenta de la artimaña, ya era demasiado tarde para hacer algo al respecto.
 

El perfil psicológico de un timador

Estos casos que se volvieron tan populares en 1925, han trascendido hasta nuestros días en diversas formas, todo para obtener el dinero de quien se deje engañar. Es posible entender el perfil del timador si buscamos una explicación psicológica.

Un estafador es un timador (hombre o mujer) que posee información necesaria a detalle para cometer el fraude. Este sociópata, dice la Doctora Martha Ortiz (Psicoanalista con especialidad en niños y adolescentes), “no nace, se hace”. Y aunque viene desde su genética, el entorno lo puede moldear gracias a las situaciones y personas a su alrededor que influyen en su vida.

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El niño sufre de una clase de maltrato al recibir de sus progenitores dobles mensajes, en las que por un lado reciben una prohibición, pero por otro lado ve que los adultos la realizan sin una represalia. Fotografía tomada de pexels.com
 
Sus padres, dice la Dra. Ortiz, por ejemplo, no son guías responsables que ponen límites y al carecer de estructura, los niños no pueden adaptarse a las normas sociales (leyes y derechos individuales) y se vuelven excelentes manipuladores que sólo buscan su propio bienestar y satisfacción. No tienen la capacidad de sentir empatía, compasión o remordimiento por las consecuencias de sus actos, por lo que escalan en sus engaños a delitos más graves.
 

Antes timo, ahora estafa

En un sondeo realizado por EL UNIVERSAL, la mayor parte de las personas entrevistadas desconocían el significado exacto de la palabra “timo”. Sin embargo, cuando se mencionó su sinónimo más actual: “la estafa”, todos la entendieron de inmediato y pudieron dar un ejemplo de ella.

Los que fueron víctimas afirmaron que “todo sucedía tan rápido y su victimario era tan hábil” que su nivel de reacción fue casi nulo hasta que la estafa ya estaba hecha. Los que pudieron darse cuenta de que “algo no estaba bien”, les fue muy difícil librarse del estafador pues éste(a) era muy persuasivo(a).

Según la Doctora Judith Salvador −con Maestría en Neuropsicología y Doctorado en Psicología con especialidad en desarrollo y educación− el timador debe maquinar los detalles de su engaño, tener una excelente capacidad de sus procesos mnésicos o de memoria (en especial la de trabajo) para recordar en todo momento los detalles de su estafa y poseer una habilidad muy buena de observación para seleccionar su objetivo.
 
Además debe tener una extraordinaria flexibilidad de pensamiento para poder engañar a su posible víctima, incluso cuando ésta encuentra la forma de decir “lo tengo que pensar” y tener otro posible plan en caso de no caer en su treta. 

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Existe dificultad para distinguir a un sociópata a simple vista, su diagnóstico sólo debe ser realizado por un profesional. Los sociópatas se caracterizan por ser encantadores si así lo desean y muy persuasivos, por eso no es sorpresa que lleguen a engañar con tanta facilidad. Fotografía tomada de pexels.com
 
Asimismo, la Dra. Salvador explica, con respecto a las áreas cerebrales que se activan en el timador, que investigadores como Schneider, Ledoux, Eslinger, Grattan y otros de la Universidad de Harvard, han comprobado que defraudar o timar no sólo requiere del manejo de la atención y la concentración, sino de la activación de diversos procesos cognitivos, razón por la cual se utilizan distintas partes del cerebro.
 
Se involucra al lóbulo prefrontal a nivel dorsolateral y ventromedial porque son áreas cerebrales que se activan para el ejercicio de las funciones ejecutivas como la toma de decisiones, flexibilidad de pensamiento, actualización de la información disponible, memoria de trabajo, planeación, solución de problemas, etcétera.
 
Cuando éstas no funcionan adecuadamente por alguna lesión cerebral o problemas en los neurotransmisores, estas personas no son capaces de generar una respuesta emocional adecuada ante estas situaciones (como: “se van a dar cuenta de la mentira”). Por el contrario, se mantienen super-cautelosos y ecuánimes, de tal manera que su víctima no se da cuenta del engaño o los posibles tropiezos de su timador.
 
También se ha propuesto que existe mayor activación de la sustancia blanca en comparación con la sustancia gris y se menciona que tener menos materia gris en el lóbulo prefrontal hace que se preocupen menos por los aspectos morales de sus decisiones; sin embargo, los estudios no son concluyentes.

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El timador es tan cautivador que es fácil ser envuelto por sus mentiras. Fotografía tomada de pexels.com
 
El economista italiano, Ferdinando Galiano, decía que “los hombres son naturalmente propensos a creer virtuosos a sus semejantes; lo que da tanta ventaja a los impostores y a los estafadores”, y eso sin duda es lo que sigue pasando actualmente. Existen infinidad de ejemplos: los juegos amañados en las ferias, los billetes y monedas falsas, excelentes réplicas de obras de arte, los negocios pirámide, terrenos inexistentes, la estafa nigeriana y el robo de identidad, por mencionar unos pocos.
 
Lo cierto es que, hayamos pasado por esta experiencia o sólo escuchado de algún caso, tenemos sentimientos encontrados. Por un lado, sentimos rabia y frustración porque sigan pasando estos engaños, y por otro tenemos una fascinación que ha llegado a inspirar libros como “20 grandes fraudes de la historia” de Santiago Camacho (2008), películas como “Atrápame si puedes” (2002) de Steven Spielberg, el más reciente estreno en cartelera de “Ocean’s 8: Las estafadoras” de Gary Ross (2018) o hasta caricaturas como la del carismático timador “Don Gato” producida por Hanna-Barbera en 1961.
 
Tal vez sea como descubrir el secreto de un mago, pero así tan pronto como revelamos un timo, salen otros más para engañar al primer inocente que lo permita.
 
La fotografía principal es una de las portadas de EL UNIVERSAL ILUSTRADO que habla de los timos del año 1925. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

En cuanto a la imagen antigua comparativa, describe el proceso del timo de la moneda en el año 1925. Hemeroteca de EL UNIVERSAL.

La foto comparativa reciente muestra la captura de unos estafadores que se dedicaban a defraudar con tarjetas de crédito en 1995. Archivo fotográfico EL UNIVERSAL.

FUENTES: pexels.com. rae.es. Frases de Ferdinando Galiani en: mundifrases.com.