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¡Feliz día de la mujer! Y el acoso sigue aquí

El acoso y los delitos sexuales son algunos de los problemas a los que se enfrentan las mujeres a diario
08/03/2018
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Texto: Alexis Ortiz

Todo empezó como en muchas otras ocasiones, con otras miles de mujeres. Lourdes Rojas sintió un roce en su entrepierna, pero nunca imaginó que fuera la mano de un hombre la que estuviera tocando sus glúteos y otras partes de su cuerpo. Ella se sentía segura: viajaba en el transporte de la Universidad Nacional Autónoma de México rumbo a la Biblioteca Central, pero ni estar en la máxima casa de estudios del país la salvó.

Lourdes no prestó importancia a esas sensaciones en un inicio, pues el camión donde estaba se encontraba lleno y consideró normal que el roce fuera producido por una bolsa o una mochila de la mujer que estaba a su lado. Por lo mismo decidió quedarse en el mismo lugar, junto a un tubo, y sin hacer ninguna réplica aunque se sintiera incómoda.

“Pero cuando llegué a la Biblioteca vi que un señor iba atrás de mí con su mano a la altura mis glúteos. Cuando lo confronté, él sólo dijo ‘perdón’ con el pretexto de que estaba sosteniendo su mochila y que por eso yo sentí cómo si alguien me tocara. ”, explica Lourdes.

“¡Idiota!”, fue lo único que pudo decir la estudiante, al mismo tiempo que empujó a su agresor y salió del camión con lágrimas en los ojos. “La verdad es que como mujer no sabes qué hacer ni qué decir en ese tipo de situaciones. En ese caso yo sólo pensé ‘¿por qué me pide perdón?’, si él sabe lo que hizo. Se siente una impotencia tremenda”, señala.

Además de ser víctima de acoso, en esa ocasión a Lourdes también le sacaron su celular de su mochila y, asegura, pudo haber sido el mismo hombre que la agredió en plenas instalaciones de su universidad.

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Como ella, según la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) del Inegi, el 38. 7 por ciento de la población femenina ha sido víctima de intimidaciones, acoso, abuso o violación sexual en transportes públicos, calles y parques. Además, el espacio público se posiciona como el de segundo mayor riesgo para las mujeres, sólo por detrás de su propio hogar.

Las calles y parques fueron los espacios más riesgosos para las mujeres según el mismo informe. Después fue el autobús o microbús y posteriormente el Metro.

Además de contar su historia, Lourdes recuerda la de una amiga "porque es una situación que te llena de coraje como mujer": "Me contó que en el metro un hombre venía muy pegada atrás de ella, pegándose de una forma vulgar. Y cuando mi amiga se bajó del metro se dio cuenta de que su pantalón negro estaba manchado, porque esa persona se venía tallando con ella y se dejó venir en su pantalón". 

“El problema también es que hemos normalizado el acoso. Sales a la calle y das por hecho que va a pasar algo, si bien no tan grave, sí sabes que alguien te va a voltear a ver, te va a lanzar un piropo o que alguien se insinúe de otra forma”, concluye Lourdes.
 

Acoso hasta en las redes

Ariadna caminaba del trabajo a su casa como cualquier otro día. Cuando llegó a la puerta de su hogar, sintió cómo una mano le tocaba el hombro; su primera reacción fue de susto, pero el joven a quien se encontró rápidamente le explicó que le había parecido muy bonita, que la había visto cruzar desde el puente.

“Me pareció lindo que alguien se regresara sólo para hablarme”, cuenta la joven, quien proporcionó su cuenta de Facebook a su perseguidor cuando él le pidió un número de celular.

En los días siguientes, Ariadna comenzó a recibir muchos mensajes del joven, los cuales aludían a lo que ella compartía en su red social. Todo sucedía a pesar de que el seguidor no obtenía una respuesta a sus mensajes.

“Días después lo volví a ver en el mismo puente y me vio feo, pero seguía mandándome mensajes a pesar de que yo nunca contesto. Eso se volvió constante, seguido lo encontraba”, explica Ariadna.

A partir de ese momento, la joven vivió una pesadilla en el mundo digital y el físico: fue víctima de ciberacoso, como lo han sido otras nueve millones de mexicanas según el Módulo sobre Ciberacoso 2015, del Inegi. Las más vulnerables tienen entre 20 y 29 años, justo el rango de edad en el que se encuentra Ariadna.

El acoso de su seguidor fue constante hasta que por fin un día se animó a acercarse a ella: “Vi que me estaba esperando debajo del mismo puente peatonal, así que aceleré el paso y corrió detrás de mí. Cuando me alcanzó me hizo la plática: ‘¿Tú eres Ariadna?’, me dijo cuando él ya me conocía”.

Lo siguiente fue terror para Ariadna y preguntas sobre si tenía novio. “¡Qué suerte tengo yo!”, exclamó el hombre, pues quería salir con ella. “Con sus actitudes parecía loco, me daba miedo. Siempre que lo veía me miraba con odio y me escribía por qué no le hacía caso, hasta que lo bloqueé en Facebook”.

Pero eso no detuvo a su acosador, pues consiguió el número de celular de Ariadna y le llamó por WhatsApp. El miedo a salir sola a la calle terminó por invadirla, sobre todo, dice, porque su perseguidor se comportaba como un loco.

Y tiempo después. Después del terror. Después de que el miedo se internó en su cuerpo. Después del temor a asomarse a la calle, de salir por cualquier situación. Tiempo después de todo eso, la joven no volvió a ver a su acosador, aunque no podrá olvidar ese momento de su vida.

“En el Día Internacional de la Mujer, si parece un día promedio, va a suceder lo siguiente en México durante el transcurso de esas 24 horas: aproximadamente siete mujeres van a ser asesinadas; 42 mil serán víctimas de algún delito, desde el robo hasta la agresión sexual; más de 80 delitos sexuales se denunciarán en las agencias del Ministerio Público de todo el país”, dice Alejandro Hope, analista de seguridad, en uno de sus artículos publicados en El UNIVERSAL.

Y el experto concluye: “Todo eso, o algo muy parecido a eso, sucederá hoy. Feliz Día Internacional de la Mujer”.
 

Inseguridad en la escuela

La historia de Fernanda Huerta inicia en su propia escuela, en Hidalgo. Durante la clase de Orientación Vocacional, cuando estudiaba el bachillerato, se percató de que su profesor le prestaba más atención que al resto.

“Psicóloga” fue el nombre por el cual ese maestro siempre reconocía a Fernanda después de que ella le dijera qué carrera quería estudiar.

“Él me dijo que quería que le ayudara a calificar exámenes. Siempre pedía el favor a cinco personas, y cuando yo me quedé casualmente todas éramos mujeres. Un día se recargó en mi hombro y me dijo: ‘sinceramente, me quiero acostar contigo’”.

Con voz nerviosa, Fernanda alejó a su acosador con un claro: “No”, aunque su profesor insistía en que la consideraba muy bonita.

Los espacios académicos también se han convertido en zona de riesgo para las mexicanas, quienes encuentran pocos espacios donde estar a salvo.

La ENDIREH informa que el 25.3 por ciento de la población femenina que estudia ha enfrentado violencia por parte de sus compañeros, compañeras y el personal de la institución. Las agresiones más frecuentes fueron físicas (16.7 por ciento) y sexuales (10.9 por ciento)

Entre silbidos y piropos como “adiós chula”, vivió Fernanda su relación con el profesor que la acosaba. También le enviaba besos, pero ella sólo lo ignoraba.

“Eso me hacía sentir muy incómoda y cuando llegaron los finales me dijo que me iba a reprobar, aun cuando yo cumplí con todo. Obviamente yo quería lo que quería, porque cumplí en lo académico. Al final, no me reprobó, pero sí me puso una calificación mucho menor a la que me merecía”, explica Fernanda.

El miedo se apoderaba de ella en cada momento, pero no le decía a nadie porque no sabía cómo iban a reaccionar todos. Fernanda cree que el problema ha sido naturalizado, porque en México prevalece una cultura machista: “Lo que le pasa a las mujeres es su culpa y si no se minimiza lo que le pasó”.

Como Fernanda, Lourdes y Ariadna cuentan historia tras historia. Cuando se les pregunta por un momento en el que fueron acosadas, la lista parece no tener fin. Su primer respuesta es: “Este caso te sirve, o mejor el otro, en este me pasó esto”, como si uno fuera menos peor que otro, aunque al final todos conformen la pesadilla en la que viven las mexicanas.

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