Otra grieta: los sismos y la salud mental

Han pasado seis meses desde que un nuevo terremoto puso en evidencia nuestra fragilidad. El temor exacerbado y hasta conductas violentas en los niños pueden ser aviso de una patología mayor
Otra grieta: los sismos y la salud mental
(FOTO: Archivo/EL UNIVERSAL)
19/03/2018
00:22
Berenice González Durand
Ciudad de México
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Isabel se despertó en la madrugada con un fuerte dolor en el pecho y una extraña sensación que le dificultaba respirar. A sus ocho años y con el terror a cuestas, apenas pudo murmurar el nombre de su hermana que duerme en la misma habitación y quien corrió a despertar a sus padres. Se trasladaron a una sala de urgencias y después de revisarla detenidamente, el doctor diagnosticó un ataque de pánico. El detonante: la alarma de un auto que la niña escuchó entre sueños y confundió con la alerta sísmica.

Hoy se cumplen seis meses desde que un nuevo temblor puso en evidencia la vulnerabilidad de nuestras ciudades, pero además de las pérdidas humanas y económicas, nuevas grietas parecen salir a la luz que tienen que ver con el cómo se asimila a nivel emocional un evento traumático como el impacto de un sismo.

Después del ataque de ansiedad, la niña le dijo a su madre que pensó que el corazón le iba a estallar de lo fuerte que lo sintió palpitar. La sensación fue tan apabullante que varios días después del evento sentía que se asfixiaba tan sólo al colocar la cabeza en la almohada.

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¿Cómo dejar de moverse después del temblor?

Han pasado seis meses desde que un nuevo sismo puso en evidencia nuestra fragilidad. Para algunos la ansiedad se ha convertido en una patología de mayor peso que es necesario enfrentar
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Para el doctor que atendió a la pequeña en urgencias fue muy difícil lograr que la niña confesara que fue la confusión de la alarma lo que la despertó. Gabriela, la madre de Isabel, cuenta que inmediatamente después del temblor del 19 de septiembre su hija nunca se mostró asustada, simplemente no quería hablar del tema; sin embargo la angustia se fue acumulando.

El doctor Hugo Sánchez Castillo de la Facultad de Psicología de la UNAM describe que tras una afectación por estrés hay una respuesta natural adaptativa inmediata en el organismo que permite la supervivencia y estos cambios permanecen de manera natural por cierto tiempo. “Si esta respuesta que nos permite sobrevivir, como es un mayor estado de alerta, disminución de sueño y apetito, o incluso incremento de la energía, entre otras cosas, se mantiene por más de tres meses, sabemos entonces que la ansiedad está migrando a una patología más intensa que podría derivar en un trastorno de pánico, trastorno de ansiedad generalizada, algún tipo de fobia o estrés postraumático”.

Para el especialista, las cuestiones a considerar son la sintomatología y su persistencia. “Hay que recordar que ante un evento traumático el 80% va a mostrar conductas adaptativas que le van a permitir ir solucionando el problema y sintiéndose bien con el paso de los días, pero a nivel mundial la prevalencia para quienes no solucionaran el problema y presentaran las enfermedades que he mencionado es del 20% ”.

Niños, sismos y educación

El también especialista en estrés postraumático, recalca que sin embargo los niños tienen formas y lapsos muy diferentes mediante los que expresan su desconcierto ante un evento estresante. Explica que la respuesta de los niños es diferente a la de los adultos porque en estos últimos hay un mayor acervo cultural, además de un cerebro con más conexiones, más maduro. “Esto ayuda a los adultos a expresar de manera más precisa las emociones ligadas a un evento de esta naturaleza, como un sismo de gran magnitud, pero en un niño se puede presentar confusión, problemas de reconocimiento emocional, pues no están identificando bien qué factores son los que están atribuyéndole al temblor, el niño no puede interpretar”, señala el doctor Hugo Sánchez Castillo.

Explica que la función de los padres es lograr identificar algunas respuestas fuera del comportamiento natural del niño como: sobresaltos, pesadillas, bajo rendimiento escolar, llanto sin razón aparente, conductas violentas repentinas o disminución de actividades sociales. “Estos son focos de alarma que podrían relacionarse con un evento estresante; hay que tomar todo esto en consideración para llevarlo con un profesional de la salud. Incluso, a veces el bullying puede aparecer como una respuesta a este tipo de estrés. Los estímulos que el niño no puede interpretar, buscan una salida”.

Según el experto, el manejo de cómo respondemos emocionalmente a un sismo también tiene que ver con la educación de la población en general, de cómo se nos enseña a responder ante situaciones de emergencia, pero también cuál es el compromiso de las autoridades del Sector Salud al respecto. “Lo que este tipo de eventos también reflejan es que no hemos logrado tener las herramientas de educación necesarias para poder ayudar a la población a entender que vivimos en una zona sísmica, en un país que va a vivir este tipo de situaciones de manera constante”.

Otros países han logrado desarrollar una cultura de educación y prevención mucho más poderosa que atañe tanto a instituciones como a ciudadanos. Por ejemplo, Japón concentra 20.5% de los movimientos sísmicos del mundo, pero eso no es todo, sus condiciones geográficas y climáticas lo vuelven blanco frecuente de tifones, tsumanis y tormentas de nieve; además concentra el 8% de la actividad volcánica del planeta. Todo esto ha ocasionado que los japoneses hayan desarrollado estrategias de prevención muy puntuales, y que niños y adultos hablen con naturalidad e información adecuada acerca de este tipo de fenómenos. Los simulacros se insertan en su vida cotidiana como algo normal, como una herramienta de supervivencia a la que no se le teme, sino con la que se convive con fortuna.

“Recientemente hubo una especie de boom en el que la gente pedía que se cambiara el tono a la alarma sísmica porque resultaba muy atemorizante, pero básicamente para eso sirve: para alertar a la población, si le cambiáramos el tono, simplemente no tendría razón de ser. Asimilarlo así también forma parte de entender el problema y tener mejores estrategias de sobrevivencia que pueden marcar la diferencia entre sobrevivir o no al desastre”, dice el experto.

Salud mental en México

Además de fortalecer la educación en estos tópicos, el especialista advierte que otra problemática que enfrenta nuestra población en México es el reconocimiento de la importancia de la salud mental. “No ha logrado posicionarse como una línea de primera atención, es decir, cuando hay un problema emocional no necesariamente se acude a un profesional en estas áreas, como un psiquiatra, neurólogo o psicólogo, así que esto también ha ocasionado que la posibilidad de detectar este tipo de problemas se haya ido deteriorando de manera general”.

Agrega que es muy importante que se pugne primero porque los pacientes tengan la certidumbre de que pueden aproximarse a los profesionales de estas áreas sin estigmas porque muchas veces cuando se trata de la vida emocional del paciente se prefieren otras alternativas ligadas al pensamiento mágico, como las limpias o la recomendación de “echarle ganas” sin entender que el sistema nervioso debe ser tratado de manera profesional para lograr una mejor calidad de vida. En este sentido es muy importante que la gente se acerque a especialistas egresados de las universidades y con un curriculum comprobable.

El investigador comenta que como se trata de eventos aleatorios, no esperados por la población, es difícil tener un registro del impacto inmediato de estos fenómenos en la salud emocional de un grupo, pero los sismos pueden permitir establecer nuevas bases de estudio para mejores registros. “Lo que necesitamos ahora es empezar a utilizar las propias herramientas tecnológicas del Sector Salud para poder establecer los primeros datos estadísticos en aras de esta situación que se vivió el año pasado y empezar a realizar registros nacionales para documentar el comportamiento de la población frente a este tipo de fenómenos”

En otros países hay sobre todo registros del impacto de otros eventos traumáticos, como las guerras; de hecho, se considera que más del 20% de los trastornos por estrés postraumático (TEPT) están relacionados con conflictos bélicos y ataques terroristas. En este sentido, se considera que el 2002 fue el año con mayores diagnósticos de TEPT, producto del ataque terrorista a las Torres Gemelas el año anterior.

“Países como EU, Inglaterra, Israel e Irán tienen este tipo de estadísticas. En México las situaciones de estrés que enfrenta la población son distintas, nuestras condiciones de estrés son derivadas de otro tipo de problemáticas sociales como el narcotráfico, los episodios de violencia cotidiana en las calles, asaltos y también fenómenos naturales”.

Para el especialista, el problema no es sólo el temblor, hay una serie de secuelas, de conflictos derivados, que mantienen a las personas en situación de alerta, de estrés constante. “El que alguien tenga una propiedad derrumbada y aún sin posibilidades de reconstruirla o haya perdido su empleo o tenga una vivienda dañada, son ejemplos de eventos derivados que continúan estresando a la población que se muestra aún muy sensibilizada”.

De acuerdo con el psicólogo, el nuevo reto con las personas cercanas es tratar de identificar una respuesta exagerada. Por ejemplo, algunas de las características del estrés postraumático son dificultades para concentrarse y recuerdos involuntarios de escenas vividas durante la tragedia. El siguiente paso es conseguir ayuda profesional para generar estrategias que les permitan desarrollar mejores respuestas adaptativas; pero para el experto también se trata, a nivel personal, de cambiar nuestra perspectiva hacia los desastres como una oportunidad para estar mejor preparados de manera integral.

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