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Sin aves no hay paraíso

El Día Internacional de las Aves se conmemora con un magno reporte sobre su condición en el mundo: 40% de las 11 mil 121 especies muestran declive poblacional
07/05/2018
00:21
Berenice González Durand
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Hace aproximadamente siete mil 400 años corrían libres los gallos bankiva (Gallus gallus) en el continente asiático, quienes son considerados los ancestros de los gallos y gallinas domésticos que hoy se contabilizan en más de 25 billones, formando parte fundamental de la seguridad alimentaria del planeta. Las aves proveen una gran serie de servicios al ser humano, pero también, a través de sus migraciones, se han convertido en el testimonio global más antiguo con el que la Tierra ha evolucionado.
 

Recientemente se publicó el estudio: “Estado de las aves del mundo. Tomando el pulso del planeta”, publicado por BirdLife International, la principal coalición de organizaciones conservacionistas para este tipo de fauna. El documento, presentado a finales de abril en la Cumbre sobre Rutas Migratorias en Abu Dhabi, es considerado el reporte más importante en los últimos años sobre la condición de las aves en el mundo. La investigación pone énfasis en la baja de las poblaciones principalmente por la deforestación de los bosques donde habitan dos tercios de las aves. Se considera que en nuestro planeta alguna vez vivieron seis trillones de árboles, de los que hoy sólo queda la mitad, pues más de siete millones de hectáreas de bosques son destruidas cada año alrededor del planeta.

Este impacto es más evidente en Sudamérica y en el sureste de Asia. Otro de los problemas son las especies invasoras. Las aves que habitan en islas son particularmente susceptibles, pues gatos, perros, ratas y cabras llevados por el hombre se convierten fácilmente en sus depredadores. Se calcula que más de 390 islas en el mundo tienen una o más especies en peligro (EN) o peligro crítico (CR), pero afuera o dentro de las islas, el informe contabiliza una de cada ocho especies de aves que habitan el planeta con algún tipo de amenaza; además de que 3 mil 967 especies muestran declive poblacional, lo que representa 40% del total.

El Amazonas, en el norte de Brasil, es identificado en este reporte como uno de los casos de mayor pérdida de avifauna en el mundo. Por sus grandes extensiones de bosque tropical, alberga una gran variedad de especies, pero la expansión de la huella humana va minando lentamente su territorio. Por ejemplo, sólo en el estado de Parà se planean construir 27 mil kilómetros de caminos para 2031, casi el doble de toda la red de carreteras de Londres.

Pero además de la pérdida del hábitat, el comercio ilegal de especies es otro de los puntos vulnerables de la fauna aviar. Un caso que destaca el estudio de BirdLife International es la ambición por el llamado “marfil rojo”, como se le conoce en el mercado negro al pico del cálao de yelmo (Rhinoplax vigil), una especie oriunda de los bosques tropicales asiáticos que es cazada para vender esta parte del ave que llega a costar en los circuitos de comercio ilegal hasta cuatro veces más que el marfil. Indonesia es uno de los principales lugares donde es extraída el ave para acabar como una exótica artesanía en un lujoso departamento de Hong Kong.

Amantes de las aves

Pero no todo es negativo en la evaluación sobre el estatus de las aves en el mundo. Los parques nacionales y las reservas naturales del mundo reciben alrededor de 8 mil millones de visitas anualmente, muchos guiados por la pasión del llamado aviturismo. Esto genera alrededor de 600 mil millones de dólares cada año. El estudio de BirdLife International consigna que ver pájaros es actualmente uno de los pasatiempos más populares y su atractivo continúa creciendo en todas partes del mundo. Se menciona que alrededor de 60 millones de estadounidenses, aproximadamente un quinto de la población, se identifica como observador de aves, lo que correspondería a multiplicar por tres el número de personas que juegan golf en EU, uno de los pasatiempos que más ha crecido en los últimos años en el vecino país del norte.

En el Reino Unido 23% de las personas observan aves recreativamente. De hecho, cada año más de 8 millones de personas en este país se inscriben para participar a finales de junio en el Big Garden Birdwatch (RSPB), un evento histórico que empezó en 1889 en Manchester, impulsado por Emily Williamson, una entusiasta protectora de aves de la época victoriana. Pero en la actualidad no se trata de una afición sólo de Occidente. Se considera que en China este gusto ha crecido 40% en el último año. De hecho, esta pasión se ilustra cuando hace un par de años un petirrojo europeo (Erithacus rubecula), una pequeña ave muy curiosa y con un canto muy parecido al de un ruiseñor, apareció en un parque de Beijing y miles desfilaron en él lugar para tratar de ver el ave que tiene a Europa como su principal centro de distribución.

En México también hay pistas importantes del gusto por la observación de aves. El maestro Vicente Rodríguez Contreras, especialista de aves de CONABIO, señalaba que la gente se involucra cada vez más con este tipo de fauna y que muestra de esto son los clubes de observación de aves que pasaron de cinco a 40 en los últimos cinco años. “Hay al menos uno en cada estado y esto es un reflejo de que la gente se está dando cuenta que la observación de aves es un hobby muy entretenido, pero también ayuda mucho a la conservación”.

Los sonidos del silencio

Las observaciones que todas las personas hacen alrededor del mundo ahora se pueden sumar con mayor facilidad a redes internacionales que dan cuenta del comportamiento y distribución de esta fauna. Una de las más grandes bibliotecas con imágenes, videos y sonidos de aves es la Macaulay, desarrollada por el Laboratorio Ornitológico de la Universidad Cornell en Nueva York. Esta documentación sobre su comportamiento ayuda a enriquecer los estudios científicos; tres relativos a aves se publican diario.

Este acervo tiene documentadas a 9 mil 222 especies de aves con más de 300 mil grabaciones. Desde hace cinco años sus archivos, que también resguardan observaciones sobre mamíferos, anfibios, peces, reptiles y artrópodos, ya se encuentran disponibles en internet, lo que ha potencializado su uso. Tan sólo colocando el nombre del ave en el buscador es posible escuchar la variedad de grabaciones que han registrado especialistas y aficionados.

Las aves emiten sonidos por medio de un órgano llamado siringe, situado en el extremo inferior de la tráquea y dotado de un conjunto de músculos que permiten variar el timbre del canto. Solamente las aves tienen este órgano tan especializado que les permite a muchas especies imitar la voz humana como el caso de los loros, urracas y estorninos. Los ornitólogos han divido en llamados y cantos, los sonidos que emiten las aves. Los primeros son sonidos cortos y simples que se emiten como señal de alarma o para establecer contacto con otros individuos y mantenerse unidos durante sus largos recorridos en la migración.  Por otra parte, los cantos son vocalizaciones más complejas, utilizados para buscar pareja o defender territorio.

Es así que cuando un pájaro, literalmente, abre el pico y emite un sonido en realidad está diciendo dónde está y qué está haciendo. De hecho, cuando los biólogos cuentan aves en el campo, lo hacen proimordialmente por sus sonidos. Las hipótesis de algunos científicos es que los cantos de las aves han evolucionado a través de la selección sexual.

También los cantos son indicadores de la salud del individuo, por lo que el repertorio de cantos le demuestra a la hembra también que “buen partido” pude ser, mostrándose sano. En un estudio reciente mostrado precisamente por el Laboratorio de Ornitología de la Universidad Cornell se señala que los cantos no son un privilegio masculino, pues en el 64% de las especies de aves, las hembras también emiten cantos.

Las aves siguen cantando a pesar de los esfuerzos por silenciarlas. El reporte de BirdLifeseñala que 7 mil 600 millones de personas que viven en la actualidad necesitan recursos de 1.7 Tierras, por lo que nos faltaría casi otro planeta para no agotar recursos a corto plazo. El reto ahora está en desarrollar métodos sostenibles de vida para evitar que estos sistemas ecológicos no estén irreversiblemente comprometidos.

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