Reinterpreta los significados de símbolo sagrado mexica

Un profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM que se ha dedicado al estudio de Tlazohteotl llegó a interesantes conclusiones
Reinterpreta los significados de símbolo sagrado mexica
Itzá Eudave Eusebio. Profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras, y académico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM (CORTESÍA ITZÁ EUDAVE EUSEBIO)
22/06/2018
00:21
Rafael López
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Después de la derrota militar de México-Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521, la población mexica debió enfrentar la colonización en el plano cultural y espiritual. ¿Por qué fue tan violenta? ¿Con qué conceptos los evangelizadores se explicaban la sociedad a la que habían llegado? ¿Cuál era su visión del mundo?

De acuerdo con Itzá Eudave Eusebio, profesor e investigador de la Facultad de Filosofía y Letras, y académico de la Coordinación de Humanidades de la UNAM, es preciso considerar que su imaginario era imperial y cristiano, basado en la cultura de occidente, con todo lo que eso significa. Además, los invasores reproducían ideas y modos de la Edad Media en el contexto de la reconquista de su territorio, luego de ocho siglos de dominio árabe.

“Venían de hacer la guerra a los que consideraban idólatras. Todo lo que era sagrado para otras culturas y se saliera de los límites que establecía la Biblia representaba lo negativo, el demonio. Esta visión la padecieron pueblos árabes y asiáticos, y se repitió con los antiguos indígenas”, apunta.

En el pensamiento indígena, Tlazohteotl no es la diosa de la inmundicia, como la nombraron los europeos. Es uno de los símbolos que representa la parte femenina, ya que la dualidad está presente en todo. Simboliza lo que brota de la tierra y la tierra misma, que con frecuencia aparece en dos etapas: una joven y otra madura.

No debe perderse de vista que los símbolos sagrados indígenas estaban relacionados con la naturaleza. Tlazohteotl acompañaba el trabajo de parteras, tejedoras, campesinos y médicos, así como a los sabios lectores del Tonalpohualli o libro del tiempo.

Evangelización

En su libro Tlazohteotl, entre el amor y la inmundicia. La colonización de la palabra y los símbolos del México antiguo (UNAM, 2013), Eudave Eusebio propone una relectura sobre cómo este símbolo divino de los antiguos indígenas fue encubierto como parte del proceso de invasión y colonización cultural que se impuso en América a partir del siglo XVI.

“Tlazohteotl, como muchos otros símbolos, fue mal interpretado, pero no por error, sino con toda intención. El objetivo era despojarlo de su sentido originario, que tenía que ver con el cuidado de la tierra, la medicina, el temazcalli y la elaboración de la ropa. En las crónicas, bajo la percepción del europeo que miraba y vivía la sexualidad y el amor en forma distinta a los indígenas, se le llamó ‘la devoradora de inmundicias y el pecado carnal’”, dice.

En el momento del choque entre el mundo indígena americano y el europeo, la manera de percibir la inmundicia, la basura, el amor y el sexo era distinta entre unos y otros. En ese sentido, la acción de imponer nuevos significados a los símbolos divinos respondía a la tarea de evangelización.

Fray Bernardino de Sahagún identificó el amor y las formas de amar indígenas, incluyendo las sexuales, con lo que para él era inmundicia y pecado carnal.

“Evangelizar, escribir y colonizar eran tareas que Sahagún asumió en América como parte de la empresa llevada a cabo por dos poderes coloniales: la Corona española y la Iglesia católica.”

Por eso, los cronistas unas veces reinventan y otras encubren los saberes respecto a la América antigua, su naturaleza y las culturas indígenas. En este contexto, Tlazohteotl, por ser un símbolo femenino, tenía, de entrada, una connotación negativa, porque los cronistas se explicaban el origen de los pecados tomando como punto de partida la transgresión de la primera mujer, que hizo comer la manzana de la prohibición y el conocimiento al primer hombre.

“Además, resulta interesante que la transgresión se hiciera en los albores del saber. La culpable de ella fue la mujer, y desde entonces éste ha sido uno de los hechos que justifican su dominación. Ahí se encuentra la construcción de un poder colonial que engendró el sometimiento de los otros no cristianos, en este caso de la parte femenina del mundo, elemento determinante en el pensamiento de los mexicas”, manifiesta Eudave Eusebio.

Pensamiento imperial y cristiano

En la América colonizada se implantó un pensamiento de origen imperial y cristiano, una ideología que imponía qué y cómo había que ser, cuál era el saber válido y cuál no.

Por lo que se refiere a Tlazohteotl, la despojaron del contenido que tenía en el pensamiento de los pueblos indios; en principio, de la relación con lo sagrado. Como era un símbolo femenino, fue catalogado en ese sentido desde el imaginario de los españoles.

Otro aspecto del discurso negativo de las narrativas coloniales radica en que muchas de las descripciones reconstruyen parcialmente el mundo indígena, lo cual se repite en la educación a todos niveles. De esta manera sólo se conoce una parte de la historia y se descalifican los saberes antiguos, sobre todo en torno a lo sagrado. Por fortuna, las culturas indígenas no se perdieron del todo, pues siempre hubo grupos y comunidades que continuaron reproduciendo sus saberes y rituales.

“El europeo comparaba los símbolos indígenas con los símbolos que él conocía —los de origen greco-romano— para intentar explicarse el pensamiento indígena y traducirlo a otros europeos. No hay que olvidar el objetivo central de Sahagún: hacer la guerra al idolatra y la idolatría, es decir, combatir los modos indígenas de ver y vivir el mundo. Por eso es necesario eliminar la carga negativa con que el europeo explicó el mundo indígena; en este caso, el símbolo femenino o el ser mujer en América”, afirma Eudave Eusebio.

La reinterpretación de Tlazohteotl en distintos estudios ha profundizado en varios aspectos de su acompañamiento como símbolo sagrado de la medicina, del parto y de las hilanderas, y en su presencia simbólica dentro del temazcalli.

“Tlazohteotl es un testimonio de que no todo lo que nos contaron los cronistas es verdad. La violencia contra las mujeres, por ejemplo, es una construcción histórico-social, por lo que debemos mirar cómo eran las relaciones entre hombres y mujeres antes de que hubiera esa guerra sobre los cuerpos desatada por los invasores. La conquista del territorio también es conquista del cuerpo; en ese sentido, el mestizaje representó la primera violencia sobre el ser y estar indígena, sobre las mujeres indígenas.”

Asimismo, este símbolo manifiesta, lejos de la lujuria y el pecado vistos desde el pensamiento occidental, una percepción de lo sexual como algo natural en la vida de los antiguos indígenas.

“El significado que se le impuso a Tlazoh-teotl como ‘la devoradora de inmundicias y el pecado carnal’ se debe releer, entonces, desde el contexto religioso, político y social del cronista europeo, ya que, en el pensamiento indígena, la idea del pecado no existía y el placer sexual no se castigaba: se disfrutaba”, indica Eudave Eusebio.

Mirada crítica

Lo que nos dicen los antiguos símbolos indígenas es que poseen muchos significados que necesitamos recuperar. Quizá no sea posible conocer del todo lo que representaban para los antiguos indígenas, pero se pueden recuperar algunos elementos, en especial los que se relacionan con cuestiones filosóficas, entre la que destaca una: ¿por qué a las mujeres se les veía igual en los trabajos y los oficios?

Había mujeres y hombres cazadores; mujeres y hombres en el campo; mujeres y hombres gobernantes. Había una dualidad; incluso lo que se ha llamado señorío mexica estaba dividido en dos: el Tlatoani y la Cihuacóatl. El meollo del asunto no era la condición de mujer u hombre, sino las dualidades que se complementan, lo que dista mucho del esquema colonizador.

Para finalizar, Eudave Eusebio comenta: “Hay hilos sueltos en las crónicas, pero también hay gente repensando la historia desde una mirada crítica. Invitaría a que se busquen los trabajos de los investigadores que nos aportan otras miradas del pasado y a escuchar a los indígenas vivos. De ese modo comprenderemos más. No se trata de echar abajo saberes, pero sí de erradicar lo que claramente ha sido tergiversado. Tenemos la posibilidad de reflexionar acerca de lo que han dicho que fuimos, repensarnos a nosotros mismos para descolonizar un poco nuestra memoria histórica, lo cual también nos puede ayudar a comprender y transformar nuestro presente.”

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