Herramientas a bajo costo, tras las huellas del crimen

En México falta capacitar mejor a todos los que intervienen en una escena del crimen y homologar protocolos. Un equipo más accesible y elaborado bajo los requerimientos del país, podría facilitar la tarea
(ARCHIVO. EL UNIVERSAL)
23/10/2017
00:21
Berenice González Durand
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Edmond Locard se refería a los restos microscópicos como los testigos mudos. Este pionero de la criminología desarrolló uno de los primeros laboratorios de policía científica a principios del siglo XX en Lyon, Francia, pues además de formarse como abogado, estudió con las principales figuras de la medicina forense de la época. Locard dio a conocer el famoso principio de transferencia, estableciendo que cuando dos objetos entran en contacto transfieren parte del material que está incorporado en ellos.

Durante más de un siglo, las herramientas para encontrar las huellas de un crimen, como las que buscaba afanosamente Locard, han evolucionado en todas las áreas que se relacionan con el estudio de este tipo de escenarios. Finalmente el mencionado principio de transferencia fue la base de los estudios posteriores en materias como la serología (el estudio que permite comprobar la presencia de anticuerpos en la sangre), la toxicología y el estudio del ADN, entre otros.

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La ciencia resuelve crímenes

Las herramientas empleadas en criminalística y estudios forenses han evolucionado, pero en nuestro país aún falta homologar protocolos y capacitar mejor a todos los que analizan la escena de un crimen
La ciencia resuelve crímenes La ciencia resuelve crímenes

Nuestro material genético en realidad empezó a utilizarse como una herramienta para resolver crímenes hasta mediados de los 80. La obtención de los perfiles genéticos ha revolucionado la forma en que se investiga, pues se ha convertido en una de las herramientas más precisas para la identificación de individuos. Es usada en miles de laboratorios alrededor del mundo para rastrear vestigios biológicos de interés en la investigación criminal y para la identificación de restos humanos y personas desaparecidas.

Tras las huellas

Pero esta es sólo una pequeña parte de las herramientas que se utilizan para resolver un crimen. Un criminólogo tiene una formación interdisciplinaria donde convergen diversas materias de estudio que van desde lo legal hasta lo humanista, pasando, desde luego, por diversos campos de la ciencia forense. Para Luis Manuel Trejo Gómez, docente de la licenciatura en criminología de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), la capacitación es fundamental sobre todo dentro del nuevo sistema de justicia penal (NSJP) en nuestro país.

El especialista señala que en este sentido, uno de los pilares de la procuración de la justicia es la educación y agrega que uno de los retos en esta área es también contar con los insumos necesarios para realizar las prácticas que después se convertirán en escenarios reales. “Muchas veces se carece de herramientas básicas y de conocimientos adecuados para entrar a una escena del crimen. Este sistema exige precisamente que todos los actores, que todos los involucrados, tengan un alto nivel de capacitación en lo que realizan”.

Bajo esta perspectiva, Trejo Gómez se dio cuenta que también es muy importante estimular el diseño y producción de este tipo de insumos en el país, pues la mayoría de los materiales que se utilizan en los laboratorios de criminalística son importados. “En la UAQ encontramos una plataforma para impulsar este proyecto que consiste en el desarrollo de una línea de productos bajo la marca universitaria de ForensiUAQ”, señala y apunta que actualmente tienen diseñados siete productos y existen otros que están en fase de investigación.

Según datos del INEGI, 60% de los homicidios en el país son cometidos con armas de fuego y la mayoría de las agresiones son realizadas con las llamadas armas cortas. Precisamente, uno de los primeros artículos con los que el grupo de ForensiUAQ empezó a trabajar fue un prototipo de tubo de recuperación de indicios balísticos, una herramienta básica, pues sirve para analizar armas de fuego.

Un tubo de recuperación de indicios balísticos ayuda a realizar un análisis objetivo para determinar si un proyectil fue lanzado por el arma encontrada. “Lo que se hace es disparar el arma en un tubo y se obtiene el proyectil íntegro, sin que se deforme, ya que adentro hay un material de contención. Teniendo este material y el que se encuentra, por ejemplo, en un cadáver, se pueden comparar y a partir de las marcas determinar con un alto grado de certeza que un determinado proyectil corresponde a esa arma para así vincular el rastro”, señala el académico y subraya que en el caso de la UAQ era una herramienta que no se tenía en la universidad, por lo que este conocimiento no era aprovechado por los estudiantes. “No es lo mismo vivirlo por láminas y video que mediante la experiencia que finalmente también ayuda a realizar un dictamen con el formato adecuado”.

Este instrumento que la licenciatura en criminología de la UAQ necesitaba se cotiza en el mercado en alrededor de 120 mil pesos. “Era un gasto muy alto así que platicamos con la gente del Centro de Desarrollo de la Facultad de Ingeniería y nos dimos cuenta que era viable hacerlo nosotros mismos. Con la información técnica sobre la estructura del instrumento se hicieron diversas pruebas de materiales y resistencia para fabricar un prototipo”. Trejo Gómez explica que se puede probar cualquier arma de fuego en este tubo, no importa si es larga o corta, solo se requiere una herramienta adicional que es un martillo de inercia que sirve para reducir la carga de pólvora de los cartuchos y con ello la velocidad que alcanzan.

Hecho en México

Otro de los productos generados por los universitarios es una cámara de cianocrilato que ayuda al revelado de huellas dactilares en superficies no porosas. El investigador señala que la técnica de vapores de cianoacrilato permite revelar huellas dactilares plastificando las huellas, lo que lo convierte en un sistema más seguro en comparación con el polvo físico contrastante tradicional; además de que su aplicación es sencilla.

Entre otras de las herramientas diseñadas, se encuentran un manual de fotografía forense y un microscopio de comparación balística. Este último sólo es para fines académicos. “También estamos trabajando en un protocolo de antropología forense. En el país lo que es urgente es homologar algunas técnicas y métodos para empatar todos los recursos”.

Explica que la finalidad del proyecto ForensiUAQ es generar insumos para el mercado forense no sólo a un costo más accesible, sino adaptados a las necesidades específicas de las leyes en nuestro país. Un ejemplo claro de esto son las cajas para embalar indicios. Hay un procedimiento administrativo que se encarga de guardar e identificar la evidencia física desde que se encuentra en el lugar del crimen hasta que llega al juicio. “En la superficie de estas cajas está el etiquetado, que sigue un protocolo de cadena de custodia. En nuestro país se dice que las etiquetas deben tener características particulares de acuerdo a la legislación mexicana, por lo que la caja traída de EU no cumple con los requisitos de nuestro país, lo que al final impacta negativamente en las investigaciones”.

El entrevistado comenta que esta carencia se puede subsanar con un nuevo etiquetado, pero eso implica sumar otro costo, así que si estos contenedores se fabrican en el país y además con los requerimientos específicas de nuestras leyes, el artículo reduce considerablemente su precio final y se vuelve más accesible.

Una segunda etapa del proyecto es la transferencia tecnológica, pues buscan proporcionar herramientas, manuales y cursos de capacitación no sólo a otras universidades más pequeñas, sino también a instituciones profesionales que aún tienen carencias básicas al respecto, como instituciones policiacas locales que aún no cuentan con esta capacitación y la idea es llevárselas para que cuando lleguen a una escena del crimen sepan qué se puede manipular y cómo hacerlo, pues existen carencias básicas en el país en este ámbito.

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