Fumar sin humo pero con nicotina

El mercado del tabaco explora nuevos productos que a largo plazo podrían llevar al fin del cigarro tradicional. La ciencia aún tiene que evaluar los niveles de riesgo
nicotina archivo
Foto: Archivo / EL UNIVERSAL.
25/06/2018
00:21
Berenice González Durand
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Varsovia, Pol.— Wall-E y Robocop estrechan lazos. No hay ficción, ellos forman parte de un grupo de robots que se pasean diligentemente por los pasillos de una fábrica de productos de tabaco. La diferencia es que en este sitio se generan sticks para cigarros electrónicos cuya finalidad no es quemarse y producir humo, sino simplemente calentarse, un nuevo punto de vista frente al mercado tradicional que impone nuevos retos.

La idea de tabacaleras como Philip Morris International (PMI, el padre de la icónica Marlboro), es crear lo que ellos llaman productos con potencial de riesgo reducido. Mediante dispositivos electrónicos de sofisticado diseño, como su producto estrella, el llamado IQOS, calientan el tabaco a menos de 350 grados produciendo partículas de aerosoles, lo que se traduce en vapor en lugar de humo.

 

La hipótesis, según Ignacio González Suárez, director de Investigación de esta compañía, es que eliminando la combustión se pueden reducir los efectos negativos del tabaco y evitar la exposición de hasta un 90% de los compuestos tóxicos que se producen en la combustión del cigarrillo tradicional cuando quema esta planta a más de 800 grados centígrados. Están conscientes de que este es un producto que sólo debería ser introducido en adultos ya fumadores, pues la seductora nicotina sigue presente con su efecto adictivo que muchos se resisten a dejar; la idea es disminuir el impacto de los tóxicos para ellos, pero no captar nuevos adeptos.

La OMS ha lanzado previsiones sobre el consumo de cigarros en el mundo. Esta Organización advierte que si no se toman medidas preventivas, 100 millones de personas más morirán a causa de enfermedades relacionadas con el tabaco durante los próximos 30 años. Ante esta situación la reinvención de la industria tabacalera era obligada. Están lanzando productos sin humo con los que buscan reducir el impacto de los tóxicos generados en la combustión, pero que aún están siendo evaluados por las agencias regulatorias y que son observados con gran escepticismo por las organizaciones anti tabaco que argumentan que aún quedan tóxicos peligrosos en el vapor generado por estos dispositivos que hay que considerar.

Los especialistas de PMI continúan con las pruebas a diversos productos. Otro de sus productos de tabaco calentado no requiere dispositivo electrónico, pero es calentado con carbón para alcanzar también una temperatura máxima de 350 grados. Los científicos aún exploraran sus niveles de menor riesgo. También cuenta con otros dos tipos de cigarros electrónicos que extraen la nicotina de otras fuentes diferentes al tabaco.

Lo que buscan finalmente es que los esfuerzos se cristalicen en una transición que los lleve a crear 30% de productos libres de humo del total de su producción para el 2025, hasta que en algún momento dejen de producir los cigarrillos tradicionales. La inversión en Investigación y Desarrollo de la mencionada compañía ha sido de alrededor de 5 mil millones de dólares en la última década y gran parte de este fuerzo se cristaliza en uno de sus epicentros científicos: El Cubo, una fortaleza de vidrio en Neuchâtel , Suiza, donde trabajan más de 400 científicos de 50 nacionalidades.

Divididos en áreas como Tierra, Aire y Agua, los laboratorios se acomodan uno detrás el otro en una sucesión de grandes ventanales por donde se puede atestiguar brevemente lo que sucede. Por allí aparece un lugar donde se analiza la química de los aerosoles y se estudian 20 cigarrillos conectados por una serie de bombas en donde se intercalan de 12 a 15 métodos de medición. En otro sitio se observan complejos modelos que intentan reproducir lo que pasa en un pulmón, mediante células extraídas de este órgano y perfectamente reproducidas en una estructura tridimensional.

Foro Global de Nicotina

La historia del tabaco es milenaria, pero la fabricación industrial de los cigarros que lo contienen empezó a finales del siglo XIX con una revolucionaria máquina que producía barras perfectamente simétricas cortadas por tijeras giradoras. Hasta la primera década del siglo XX estos productos incluso aparecían en los libros médicos, donde se hablaba de sus beneficios para los resfriados y la tuberculosis. Fue hasta 1930 que se empezó a asociar su efecto con el cáncer de pulmón y el humo, literalmente, lo cubrió todo. El tabaco está ligado a las enfermedades que acaban con la vida de más de siete millones de personas al año.

El efecto de la nicotina es tan poderoso que a pesar de las múltiples enfermedades que desencadenan los cigarros, muchos se resisten a dejarlos. ¿Un cigarrillo electrónico es la clave? La respuesta es no. La mejor opción es dejar de fumar o nunca empezar, pero también hay quienes piensan que los que sigan fumando deberían tener la opción de cambiarse a alternativas potencialmente menos dañinas en comparación al cigarro tradicional, pero realmente se debe comprobar esa posibilidad. Esta es una de las premisas que reúne a varios estudiosos sobre la relación del hombre con el tabaco en el Foro Global de Nicotina que acaba de celebrar su quinta edición en Varsovia, Polonia.

En este lugar se presentaron algunos de los personajes claves en el debate sobre la regulación de estos productos, como el canadiense David Sweanor, quien desde los ochenta ha estado involucrado en las políticas de salud que regulan el tabaco en todo el mundo. Investigadores, médicos e incluso consumidores complementan las ponencias donde se exponen cifras, estadísticas y estilos de vida. Cada quien defiende su punto de vista y también se cuestiona sin prejuicios. Swenor cree en los efectos positivos de las estrategias de reducción de riesgos en el tabaco sobre los complejos sistemas de salud de todo el mundo.

En el cambio de métodos y patrones de uso de la nicotina hay una relación directa con las nuevas herramientas tecnológicas, pero también una legislación aún incosistente. En México, COFEPRIS reitera advertencia de que la venta de cigarrillos electrónicos es ilegal, pues no se han avalado como dispositivos seguros, ni útiles para dejar de fumar. Roberto A. Sussman, Director de Pro-Vapeo México señala que siempre le gustó fumar pero finalmente la necesidad de convivir con los demás sin molestarlos con el humo, fue lo que le hizo probar los productos de nicotina no combustible. El también físico señala que “finalmente todo tiene sustancias tóxicas, pero el veneno está en la dósis”. Subraya que lo importante es informar con evidencia científica de los cambios que se están dando en el mundo sobre los diferentes productos de nicotina. “Hay que basarse en los hechos y datos, pero hasta ahora en México son una especie de productos autoregulados, lo que es insostenible a largo plazo. Creo que tampoco deben ser regulados como un cigarro convencional por diversas razones técnicas como su bajo perfil de riesgo”, señala y apunta que tal como las bebidas alcoholicas deberá tener publiciada restringida. “Se debe crear una nueva categoria de productos no combustibles en lugar de modificar la Ley General de Tabaco”.

En el mundo, un producto como IQOS ya se comercializa en 38 países, como Japón, Alemania, Italia y Suiza, pero definitivamente el asiático es su principal mercado, señala Gizelle Baker, jefa del equipo de epidemiología y estadísticas de PMI, para quien un cigarro de este tipo debe reportar un menor impacto en la salud, pero sin olvidar la experiencia satisfactoria.

El doctor Rajesh Sharan del Departamento de Bioquímica y Director del Centro de Innovación de la Universidad del Noreste, en Shilong, India, expone como en su país hay una tradición ligada al tabaco y en donde recientemente la mayoría de las personas que consumen tabaco en su país la suman las mujeres. Precisamente la investigadora Karolien Adriens, del Centro para la Psicología del Aprendizaje y Psicopatologia Experimental de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, también habla sobre la importancia de estudiar los efectos de los nuevos productos en los diferentes grupos. Para ella, otro gran paso para el futuro de esta área de investigación científica es desarrollar guías que puedan facilitar la comparación entre el impacto que tienen múltiples productos que están surgiendo, lo que también mejoraría la legislación al respecto.

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