El nuevo libro del Comité de Biotecnología de la Academia Mexicana de Ciencias, “Transgénicos. Grandes beneficios, ausencia de daños y mitos” , se presentó hoy en El Colegio Nacional, con la participación de Francisco Bolívar Zapata, coordinador del texto, y de varios de los coautores.

La publicación, editada por la AMC con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Instituto de Biotecnología (Ibt) de la UNAM-Morelos, y de ECN, es una extensa obra de 500 páginas, en las que se incluyen una presentación-declaración, 11 capítulos dedicados a la evidencia científica a cargo de un amplio grupo de especialistas, y 10 anexos que complementan los planteamientos con una relación de eventos relevantes, preguntas, la presentación de listados de Premios Nobel firmantes de declaratorias en apoyo a biotecnología agrícola y al uso de los organismos transgénicos, y citas de decenas de artículos científicos que sustentan la ausencia de daño en los alimentos transgénicos.

La presentación estuvo a cargo de Bolívar Zapata, investigador emérito de la UNAM, quien habló sobre las razones para elaborar la nueva edición, los conceptos fundamentales sobre biotecnología y organismos transgénicos —u organismos genéticamente modificados (OGM) — resistentes a plagas de insectos y tolerante al herbicida glifosato, y respondió a algunos de los planteamientos en contra de los OGM.

Indicó que uno de los propósitos de la publicación es proporcionar de manera sistematizada a la sociedad mexicana “la amplia y contundente información científica y técnica que sustenta la ausencia de daños y los amplios beneficios de los OGM, construidos por las técnicas de ingeniería genética”.

Bolívar Zapata sostuvo que no se toman en cuenta los objetivos para los cuales fueron construidos los OGM y sus amplios beneficios, en particular para la salud y el medio ambiente. Recordó que existen en la actualidad cien medicamentos de origen transgénico en las farmacias incluyendo las de México que atienden problemas clínicos e infecciosos.

El biotecnólogo refirió que los cultivares transgénicos han sido consumidos en decenas de países por cientos de millones de seres humanos y miles de millones de animales, sin evidencia de daño a la salud por más de 20 años. Señaló que existen alrededor de dos mil publicaciones que constituye una “amplia y contundente evidencia” que sustenta la inocuidad y los beneficios de los organismos transgénicos.

“Además, los cultivares transgénicos no dañan, no contaminan el medio ambiente, porque se dejan de utilizar insecticidas químicos”, subrayó el investigador, que coordinó la obra en la que participaron 17 científicos integrantes del Comité de Biotecnología de la AMC, destacados investigadores, referentes en sus respectivos temas a nivel nacional y reconocidos a nivel internacional por sus trabajos científicos, que han trabajado en el campo de biotecnología moderna desde la aparición de las técnicas de ingeniería genética.

Refirió que cientos de artículos científicos, varios reportes, declaraciones de grupos de premios Nobel, y evaluaciones de agencias especializadas sustentan la inocuidad y la ausencia de daño de los OGM. Entre ellos, cientos de artículos que muestran la ausencia de daño en los animales alimentados con plantas transgénicas.

Francisco Bolívar aclaró que el libro no busca propiciar la sustitución de los cultivares de los cuales México es centro de origen únicamente por cultivares transgénicos, “sino señalar que hay que sumar experiencias, tecnologías responsables como la biotecnología y conocimientos mexicanos, para contender con las grandes demandas, injusticias y problemas que enfrentamos y que se agravarán, incluyendo la defensa del medio ambiente y de la biota mexicana, entre ellas las plantas valiosas y las nativas”.

Beneficios para ocho millones de agricultores

Como parte de la presentación se organizó una rueda de prensa con 9 de los 17 coautores del libro, y en esa sesión Luis Herrera Estrella, investigador de Langebio-Cinvestav- Irapuato, expresó que no sentía arrepentimiento ni remordimiento alguno por haber participado en la elaboración de la nueva publicación del Comité de Biotecnología de la AMC, por el contrario, dijo sentir orgullo por haberlo hecho.

Comentó que las razones de sentirse así eran varias: “Porque la tecnología vegetal tomó un impulso sin precedente desde la década de los 80, con una producción de más de 20 mil artículos que han utilizado la tecnología de la producción de plantas importantes para la agricultura del país y del mundo, con beneficio para más de ocho millones de agricultores”, y porque los transgénicos, indicó, ayudan de manera efectiva a disminuir las pérdidas. Además, “comemos alimentos más sanos, con menos insecticidas y menos herbicidas dañinos, ¿qué es preferible: un maíz que tenga un bioinsecticida inocuo para la salud humana o un insecticida que se sabe causa daños a la salud y es potencialmente carcinogénico?”.

Añadió que apoyar esta tecnología no significa un apoyo a empresas mutinacionales. “Vemos la importancia y la trascendencia de esta tecnología de cómo puede ayudar al agricultor mexicano, pero no favorecemos ni las prácticas ni los intereses de las trasnacionales. Apoyamos el desarrollo de las plantas transgénicas propias, de nuestra propia tecnología (…) Es una herramienta muy poderosa para ayudar a la economía y producción de alimentos en el país”.

Son muchos más los casos de éxito

Otro de los coautores, Agustín López Murguía, del Ibt-Morelos, expuso que, si bien el libro es la labor de un comité, el trabajo fino, la labor ardua de sistematizar cerca de dos mil trabajos reportados en la literatura relacionada con la producción de los OGM ha sido gracias a un esfuerzo tenaz.

No obstante, admitió que una de las grandes preocupaciones del comité ha sido remar contracorriente con una opinión pública que por diversas razones, en general con la ciencia y muy en particular con los transgénicos, ha tenido mucha desinformación y posturas poco fundamentadas y temores infundados.

El investigador subrayó que en el tema de la inocuidad es uno de los problemas que más se presenta alrededor de los alimentos y las plantas transgénicas, “pero cada planta que ha llegado al campo responde a una experiencia y objetivos diferentes. Si bien los que más éxito han tenido son los que se refieren a insecticidas y herbicidas, hoy en día tenemos cerca de una veintena de modificaciones exitosas de las que poco se habla cuando tratamos el tema de los transgénicos”. Como son los casos, agregó, de la producción de papaya en Hawái, del frijol en Brasil, de la introducción del arroz dorado en el sudeste asiático. “Ahí no hay trasnacionales, no hay daños a las variedades locales, criollas, solo hay beneficios para el productor y la población”.

López Munguía fue claro en señalar que, como en toda tecnología, existe un cierto temor ante eventuales riesgos, pero estos los asumen las instancias regulatorias.

“Cuando se habla de inocuidad no se habla de cualquier transgénico, sino de una planta modificada que ha sido analizada de forma extensiva por todas las instancias regulatorias y que finalmente es aceptada (...) Los OGM que han llegado a la producción han sido, en la historia de la alimentación, los más vigilados por las instancias regulatorias, no solo por las agencias gubernamentales, también por las propias organismos ambientalistas”.

Se requiere de una legislación congruente

Xavier Soberón Mainero, director general del Imegen, se dijo convencido y de manera contundente de los beneficios que puede y está aportando la biotecnología moderna. “Me preocupa y ocupa su uso socialmente responsable, por eso es importante que todos comprendamos los elementos que están involucrados en temas como los transgénicos”.

El coautor apuntó que lo que realmente se requiere en el país es una regulación congruente, adecuada a la potencialidad que tienen los OGMs para generar bienestar y beneficios en general, “una regulación que nos proteja del abuso y uso incorrecto, pero que permita, facilite y fomente el uso beneficioso de la tecnología”.

Exhortó a separar los diferentes cuestionamientos económicos, sociales, filosóficos, religiosos y los que tienen que ver con la salud y el ambiente, y consideró que la política pública debe sustentarse en evidencia científica, no en espontaneidades, ocurrencias, creencias o dogmas.

jpe

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