Cómo el lobo feroz se volvió “perrhijo”

El poderoso vínculo que los humanos tienen con los perros trasciende una moda, es una relación que empezó con el hombre prehistórico y el lobo salvaje
(ARCHIVO. EL UNIVERSAL)
04/12/2017
04:10
Berenice González Durand
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Tiene casi un año de edad y decenas de juguetes con los que se entretiene e incluso guarda con recelo en un rincón de la habitación. Está inscrito en una guardería, pero cuando no hay nadie con él en casa es vigilado a través de una cámara, mientras una máquina que lo surte de croquetas se encarga de alimentarlo según la programación de su dueño. Las visitas al parque cercano y los juegos recompensan el día del pequeño Ruffo.

Su adopción no fue sencilla, pero la perseverancia de su amo hizo que finalmente esta cruza de cocker spaniel y poodle llegara a su nuevo hogar. Había varios candidatos para adoptarlo, pero su antigua dueña se decidió por el profesor universitario que tuvo que dejar su ciudad y familia por una nueva oferta laboral. Necesitaba un acompañante y el perro lo ayudó en el proceso de adaptación a su nueva vida.

Gráfico

El origen de los "perrhijos"

El poderoso vínculo que los humanos tienen con los perros va más allá de una moda, es una relación milenaria avalada por nuevos descubrimientos genéticos y arqueológicos
El origen de los "perrhijos"El origen de los "perrhijos"

El vínculo de los humanos con estos animales se remonta a miles de años atrás, al momento en el que el hombre prehistórico y el lobo salvaje entraron en contacto e intercambiaron herramientas de supervivencia. En la antigüedad no había hoteles-spa para perros, ni servicios de estética especializados como los que Ruffo acostumbra, pero a lo largo de las diferentes épocas en las que ha acompañado al hombre, el perro ha recibido una serie de dádivas (con todo tipo de extravagancias incluidas) a cambio de sus servicios, de los cuales probablemente el más preciado es su simple compañía, la que muchas culturas aspiran a tener incluso después de la muerte.

Uno de los más claros ejemplos de esta longeva devoción se encuentra en Egipto, donde especialistas del Centro de Egiptología de la Universidad de Manchester registran alrededor de 70 millones de animales momificados en los descubrimientos hechos durante los siglos XIX y XX; la mayoría de estos ejemplares eran perros. Es así que desde la composición de su ADN hasta el legado de sus tumbas, los canes han sido uno de los temas favoritos de la ciencia.

La domesticación

La historia de la domesticación de los perros ha sido estudiada bajo diferentes trincheras. Un reciente descubrimiento sacado a la luz por la revista Science acomoda varias piezas del rompecabezas de un solo golpe. Resulta que un acantilado del desierto árabe fue encontrada una piedra con un grabado que retrata a un cazador armado con arco y flecha, y rodeado por una docena de perros ayudándole en la faena. Lo que sorprendió a los investigadores es que dos de los animales llevan correas. La imagen sugiere que el humano domesticó perros antes de lo que pensaba, pues las imágenes relacionadas más antiguas datan de hace cuatro mil años, precisamente en el antiguo Egipto.

Estos grabados encontrados en una zona conocida como  Shuwaymis, una región montañosa al noroeste de Arabia Saudita, revelan que probablemente estos trazos se hayan realizado hace ocho mil años. El estudio proviene de los esfuerzos de investigadores del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana en Jena, Alemania; en colaboración con la Comisión Saudí para el Turismo.

Este grabado forma parte de una colección de mil 400 piezas de arte rupestre entre las que se pueden apreciar las imágenes de siete mil animales. Aunque se sospecha que la domesticación de los perros ocurrió en realidad hace más de quince mil años, no había, hasta ahora, imágenes tan contundentes que demostraran el control sobre los animales que evidencian las correas que ataban el cuello del animal con la cintura del hombre. Aunque los científicos todavía requieren hacer más pruebas sobre la edad del objeto y el significado de las líneas que parecen correas (que incluso podrían ser sólo manifestaciones simbólicas del vínculo perro-hombre), esta es una prometedora pista para indagar más sobre esta histórica relación.

Hace dos años, una investigación liderada por la Universidad de Cornell (EU) concluía que los perros fueron domesticados por primera vez en el territorio donde se encuentran en la actualidad Nepal y Mongolia. Un poco antes del estudio genético, que incluía a 185 mil 800 marcadores genéticos de más de cinco mil perros y que favorecía a Asía como el epicentro de domesticación de los perros, otra investigación publicada también en Science proclamaba a Europa, como el epicentro de la domesticación del can. Actualmente son aceptadas ambas teorías que proponen que estos dos continentes vieron surgir y evolucionar, con diferentes ritmos, a los cánidos que gradualmente fueron llegando a todo el mundo.

Genio y figura

Un estudio de la Universidad Duke, en Durham, Carolina del Norte señalaba hace poco que algo que perdió el perro con la domesticación fue la habilidad para trabajar en equipo o cuando menos no la mantienen al nivel de los lobos. Sin embargo, otro estudio de la misma universidad (La oxitocina en la coevolución de los lazos humano-perro) señalaba que la cercanía con los humanos ha propiciado otras cosas interesantes, como el desarrollo de vínculos afectivos que claramente se reflejan en la respuesta química del organismo, tanto de animales como humanos. La oxitocina, la sustancia que también actúa como neurotransmisor en el cerebro de los seres vivos y a la que se le atribuye una función importante desencadenando sensaciones de placer, es capaz de estrechar vínculos afectivos no sólo entre miembros de una misma especie, sino también entre los de diferentes especies. De hecho, de aquí parten precisamente los beneficios de las terapias con perros en personas con autismo o estrés postraumático.

Para los especialistas esta reacción química también pesa a la hora de explicar los lazos afectivos tan poderosos que se crean entre animal y humano, en muchos casos casi al nivel de padres-hijos, sin olvidar, claro está, otras condicionantes de la vida moderna que han propiciado esta cercanía en ciertos grupos sociales, como la postergación de los embarazos en los individuos de mayor capacidad económica y cultural.

Por otra parte, para investigadores de la Universidad de Princeton, estos vínculos no se estrecharon sólo con la simple cercanía entre humanos y animales. En el estudio Variantes estructurales en los genes asociados con el síndrome de Williams-Beuren humano que subyacen en el estereotipo de hypersociabilidad en perros domésticos se sostiene que la condición de “hipersociabilidad” que favoreció la domesticación del perro, fue en realidad una alteración genética que se activó en algún momento durante la transición de lobo a perro.

Básicamente lo que postula el estudio publicado hace unos meses es que los perros tienen esta “sobredosis” afectiva porque comparten la base genética de una enfermedad en los humanos, conocida como el síndrome de Williams-Beuren. Los síntomas característicos de esta mutación son definidos como una sociabilidad intensa e indiscriminada.

Aunque la la domesticación de estos animales pudo empezar paralelamente en Europa y Asia hace más de 15 mil años, 80% de las razas de los perros conocidas han evolucionado desde hace unos cientos de años. Los perros del mundo se agrupan hoy en cuatro grupos: del I al IV según sus variaciones genéticas. Del último grupo derivaron los perros pelones que surgieron nativos de América, como el Xoloitzcuintle.

Sumando y restando genes, se calcula que hoy podría haber por el mundo alrededor de 500 millones de perros, algunos convertidos en “perrhijos” y generando una industria de millones de dólares en todo el mundo.

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