Ciencia y religión: las dos caras de una relación controversial

A pesar de que el historial entre ambas ha sido marcado por la censura y el conflicto, tienen también cierta armonía
Ciencia y religión: las dos caras de una relación controversial
Durante mucho tiempo se ha intentado reconciliar la posición de la ciencia con la de la religión en diversos temas. (Ilustración: Raúl Rodríguez)
19/01/2018
00:30
El Comercio - Perú / GDA
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¿Cómo se originó el Universo? Hasta la fecha, la mejor explicación científica que se tiene es la teoría del Big Bang, o de la gran explosión. Y aunque puede sonar contradictorio para algunos, el primero en formularla fue un sacerdote: el belga Georges Lemaître.

EQUILIBRIO
La ciencia ha logrado desarrollarse dentro del entorno religioso y moldear el conocimiento moderno. 

Por ejemplo, en el siglo XIII, unos 200 años antes de la existencia de científicos como Leonardo da Vinci, el fraile franciscano Roger Bacon propuso que los conocimientos sobre la naturaleza debían estar basados en experimentos precisos, dando los primeros pasos a lo que sería más tarde el esencial método científico.

Bacon aseguraba que este tipo de racionamiento beneficiaría tanto a la Iglesia como a las universidades.

Del mismo modo, a mediados de 1800, el fraile agustino Gregor Mendel sentó las bases de la genética. El religioso estableció los principios de la herencia y fue el primero en utilizar métodos estadísticos para predecir las características hereditarias. Todo lo logró estudiando plantas de guisantes.

UN MUNDO HOSTIL
Aunque se podría hablar de cierto equilibrio, el fundamentalismo religioso ha generado oscuros escenarios a lo largo de la historia.

El 12 de abril de 1633, a los 69 años, el científico italiano Galileo Galilei compareció ante la inquisición romana para dar cuenta de su libro Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, en el cual defendía la postura de que la Tierra y demás planetas giraban alrededor del Sol, yendo contra la idea entonces establecida de que nuestro planeta permanecía inmóvil.

La cosa empeoró cuando Galileo aseguró que su teoría no entraba en conflicto con las sagradas escrituras. En ese entonces, interpretar la Biblia era trabajo de los teólogos del Vaticano. En junio de ese año, el italiano se vio obligado a arrodillarse y retractarse, bajo órdenes del papa Urbano VIII. Fue condenado a arresto domiciliario y no fue sino hasta 1994 que la Iglesia Católica reivindicó la figura del científico.

Las cosas fueron distintas para Giordano Bruno, un controversial y rebelde filósofo del siglo XVI.

Ordenado como sacerdote a los 24 años, y luego excomulgado por católicos, calvinistas y luteranos, Bruno rechazaba que la Tierra fuera el centro del cosmos y sostenía que vivíamos en un universo rodeado por más soles, cada uno con planetas como el de nosotros. Asimismo, puso en duda los misterios de la encarnación y de la Santa Trinidad.

Tras huir por varios años de la Iglesia, fue finalmente capturado. Pasó siete años en la cárcel de la inquisición, hasta que finalmente fue quemado en la hoguera. Varios textos describen a Bruno como una persona conflictiva y ególatra. Fue en el año 2000 cuando la Iglesia pidió perdón por condenarlo a muerte. 

jpe

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