Sembrar valor al sector primario y la cadena agroindustrial

29/08/2017
01:33
Mauricio Millán
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Uno de los sectores con mayor potencial y que deben significar un área estratégica para el crecimiento de México, tanto en el presente como en el futuro, es sin duda el sector primario.

Además de ser un proveedor de los alimentos necesarios para el consumo humano, materias primas para la industria y generador de empleos directos e indirectos, estas actividades representan una gran oportunidad en temas como comercio, exportación e inversión, por mencionar algunas.

Ante la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Estados Unidos y Canadá, el tema cobra mayor importancia, debido a los alcances que el sector tiene en otros aspectos como la agroindustria, la integración de los pequeños y medianos productores en las cadenas de valor, la dependencia alimentaria, los granos, y las controversias comerciales, entre otros.

Recientemente, México y Estados Unidos llegaron a un acuerdo respecto al conflicto del azúcar, donde el vecino país del norte nos acusaba de prácticas dumping y en algún momento se aplicaron aranceles (como ha sucedido con otros casos como el atún o el aguacate).

Luego de más de dos años de disputas, se llegó a un acuerdo en el que México disminuyó su cuota de exportación de azúcar refinada a ese país y aumentó los envíos azúcar cruda, lo cual representa una ventaja para los industriales de Estados Unidos que generan el valor agregado en su territorio.

Nos cambiaron el juego de exportador de producto manufacturado a exportador de materia prima.

La agroindustria se convierte entonces en un tema de gran importancia para el campo mexicano; surge la preocupación de ser sólo productores y exportadores de materias primas, constituyéndose en commodities sujetas a los altibajos del mercado, o bien incorporar valor a los productos que produce el campo e involucrar a los campesinos, a la pequeña y mediana industria en esa cadena de valor.

Para dimensionar el valor de las actividades primarias, de acuerdo con datos de las cuentas nacionales del Inegi, este sector aportó en promedio 3.4% del valor total de la economía en los últimos cinco años y tan sólo el año anterior tuvo una tasa de crecimiento de 3.6%, dinamismo superior al PIB nacional que creció 2.3%.

En la parte exportadora, cifras del Banco de México señalan que las ventas de productos agropecuarios han crecido 383% de 1994 a 2016 y estas alcanzaron un valor de 14 mil 672.3 millones de dólares; de esta forma, la balanza comercial resultó deficitaria en 3 mil 204 millones de dólares.

La situación cambia cuando agregamos al comparativo las ventas de productos agroindustriales que prácticamente se duplican.

La exportación agropecuaria y agroindustrial sumó el año anterior 28 mil 971 millones de dólares y muestra un crecimiento de 544% de 1994 a 2016; es decir un aumento de 8.8% promedio anual.

Con estas cifras, nuestra balanza comercial agroindustrial es superavitaria en 3 mil 175 millones de dólares.

Los productos del campo y la agroindustria tienen una gran interacción con otros sectores, con el transporte, el comercio, las industrias químicas y de preparación de alimentos, la manufactura de envases y enlatados, detonantes del crecimiento del mercado interno.

México destaca en productos como cervezas, tequila, pan de caja, alimentos, entre otros, además de atraer inversión y ser generadores de empleo.

Es por ello que, en la negociación del TLCAN, estos temas deben ser tratados con una visión de largo plazo que garantice al sector un desarrollo y crecimiento en los próximos años.

No sólo se trata de una buena negociación a favor del campo, también es necesario contar al interior con políticas públicas que favorezcan la competitividad del sector, generar verdaderos programas de apoyo para modernizarlo y que las instituciones relacionadas favorezcan la eficacia de estas actividades.

Por décadas, hemos asociado el campo con pobreza; llegó el momento de dejar atrás esa visión y acabar con el asistencialismo, así como parar de utilizar al sector para fines políticos que por décadas han enviado a nuestros campesinos a situaciones precarias.

El TLCAN es una oportunidad para modernizar el sector y generar valor a través de la productividad, introducir nuevas tecnologías, ofrecer créditos y que las reformas estructurales apoyen la generación de riqueza, también con estudios de viabilidad y escenarios. Si dejamos pasar esta oportunidad como país, estamos condenados al abandono del campo y renunciar la gran riqueza que tiene México en ese sector.

Vicepresidente de Consultores Internacionales S.C.

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