¿Hacia dónde va la renegociación del TLCAN?

En la foto: Wilbur Ross, secretario de Comercio de EU (ARCHIVO EL UNIVERSAL)
01/12/2017
01:33
Luz María de la Mora Sánchez
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Ya son cinco rondas de negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), lo que se antoja como un buen momento para hacer una reflexión sobre en dónde estamos, qué se ha logrado y qué se puede esperar.
 

Podríamos decir que estamos a “mitad de camino”, se ha recorrido lo pavimentado y hemos entrado a un terreno minado por propuestas explosivas. Las tres primeras rondas estuvieron altamente politizadas con declaraciones incendiarias del representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y con tuits amenazadores del presidente Trump sobre la viabilidad de la negociación y la posibilidad real de que EU abandone la negociación y el TLCAN.

 

La cuarta ronda nos dejó claro a todos en Canadá, Estados Unidos y México que ésta no es una renegociación cosmética sino de fondo, y peor aun, de reversa. Trump, efectivamente, quiere cambiar la política comercial de su país utilizando primero que nada al TLCAN como su laboratorio de prueba.
 

Trump sí tiene una agenda comercial que parte de una visión que, aparentemente, privilegia los intereses de EU por encima del resto del mundo, que dice buscar proteger a sus trabajadores, empresas y exportadores y que, sin duda, busca imponer una perspectiva unilateral en el comercio mundial. Las propuestas explosivas planteadas en la cuarta ronda parecen querer dinamitar la esencia misma del TLCAN para tener la excusa perfecta para retirar a su país del acuerdo.

 

La quinta ronda nos ha dejado claro que EU tiene poca voluntad para negociar y toda la intención de imponer a partir de su tamaño de mercado. El secretario de Comercio de EU, en tono amenazador, nos hizo saber a México y a Canadá, previo al inicio de la ronda, que “Canadá y México sufrirán mucho más si se acaba el TLCAN”, por lo que nos invitó a “recuperar el sentido y a hacer un trato sensato”. Queda claro que la sensatez para Ross no significa trabajar para llegar a una negociación que beneficie a los tres países en lo individual y a la región en su conjunto. Por el contrario, en esta quinta ronda se confirmó que para la administración Trump negociar quiere decir ceder a sus demandas, que además resultan contrarias al interés de los tres, incluido el propio. En efecto, al reducir la ambición de los mecanismos de solución de controversias y hacerlos “optativos” EU ataca la certidumbre y previsibilidad de las reglas del comercio de la región, uno de los mayores aciertos del TLCAN.
 

Al proponer un nivel de 50% de contenido particular de EU en la regla de origen regional para autos y elevarla a 85%, erosiona la esencia misma de la integración y de las cadenas de valor en industrias vitales para el crecimiento económico, la creación de empleos, la innovación y para el consumidor en la región. Al intentar restringir el acceso a insumos textiles que no existen en la región, amenaza la viabilidad del sector y sus empleos en la región.
 

Al buscar proteger intereses particulares de productores agrícolas en Florida y Georgia mediante nuevas restricciones a las importaciones de México de frutas y hortalizas de manera estacional podría estar poniendo en riesgo todas las expor taciones agropecuarias de su país a Canadá y México, su primer y tercer mercados. Al buscar un acceso “dólar por dólar” en compras del gobierno, sólo perjudica a sus empresas que han sido las más beneficiadas en su acceso a los mercados de Canadá y México.

 

Sin duda alguna, la batalla contra la “visión Trump” se está dando en la mesa de negociaciones. México y Canadá están haciendo su parte, pero tal vez la defensa más efectiva será la que den los propios interesados en EU. Una vez que éste puso sobre la mesa sus propuestas “explosivas” y se vio la verdadera dificultad de lograr una renegociación, una diversidad de actores —empresas de bienes y servicios, agricultores, ganaderos, gobernadores, académicos, líderes de opinión pública— alarmados por el peligro que le representa a la economía de su país han levantado la voz cuestionando el fondo y objetivo de esta renegociación.
 

La presión sobre sus representantes en el Congreso de EU —contrapeso natural de la administración en política comercial— se ha hecho sentir de todas las formas posibles. En este momento, parecería que la defensa del TLCAN tendrá su mayor campo de batalla en el seno del proceso de toma de decisiones en nuestro vecino al norte. En semanas recientes ha sido evidente que una muy diversa cantidad de actores no está resignada a perder lo que la región ha construido en casi 25 años; los costos de retirar a EU, como bien ha dicho el secretario Ross, sí serían altos para México y Canadá, pero también para su país, aun cuando le cueste admitirlo.

 

Directora, LMMConsulting
Profesora afiliada en la División de Estudios Internacionales del CIDE

 

twitter: @luzmdelamora
@lmmconsultingmx 

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