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¿Más vale malo conocido que bueno por conocer?

02/04/2017
00:27
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“Esta película es terrible, pero ya llevo 45 minutos viéndola. Mejor termino de verla”. “Ya estoy satisfecho con lo que he comido, pero aún queda algo en mi plato. Y ya pagué por la comida. Terminaré de comerla aunque ya no tenga hambre”. ¿Te identificas con alguna de estas decisiones? Si es así, sufres del síndrome de costos perdidos. ¿En qué consiste este síndrome? En no poder renunciar a algo que ya pagaste, en lo que invertiste, cuyo costo no vas a recuperar. Así que, para no malgastar lo invertido, lo consumes a pesar de no tener deseos de hacerlo.

 

Esta actitud está por doquier

 

El síndrome de costos perdidos se hace patente en otros aspectos de la vida, no sólo con respecto al consumo de alimentos y bebidas, o entretenimiento. Te niegas a renunciar a un proyecto o negocio después de un tiempo razonable, a pesar de que no rinde frutos. Te mantienes en una relación de mucho tiempo a pesar de no estar satisfecho. Después de un año o dos descubres que ingresar a esa carrera universitaria no fue la mejor decisión, pero como ya le has dedicado algo de tiempo, te “obligas” a terminarla.

 

A veces “sale más caro el caldo que las albóndigas”

 

La “lógica” detrás de estas decisiones es “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Si te riges por esta “lógica”, te concentras más en lo invertido que en las ganancias potenciales si comienzas un proyecto más prometedor, buscas una pareja más adecuada o cambias de carrera universitaria. Así, este tipo de decisiones te hacen pagar un precio mayor: pérdidas financieras y frustración por un negocio poco redituable; años de insatisfacción con tu pareja y pérdida de tiempo de vida; apatía en los estudios e imposibilidad de descubrir tu pasión.

 

Cuando se cierra una puerta se abren mil ventanas

 

Permaneces con lo malo conocido porque, igual que a los demás, te disgusta perder o aceptar un fracaso. Te cuesta aceptar la realidad: el negocio no funciona, la relación no te conviene, esta no es la carrera para ti. No te gusta perder ni escuchar “Te lo dije”.

 

Como no quieres ser un perdedor y quizás te cuesta aceptar una equivocación:

  • Exageras los beneficios para probar que no ha sido una decisión equivocada.
  • Niegas que el tiempo invertido ha sido desperdiciado.
  • Renuncias a la posibilidad de experimentar algo mejor porque temes arrepentirte.
  • Apuestas por la seguridad aunque tengas que pagar el alto precio de la insatisfacción.
  • Pierdes de vista los beneficios futuros de pasar la página y enfrentar un nuevo comienzo.

 

Una alternativa: más vale bueno por conocer que malo conocido

 

  • Reconoce que “cuando se cierra una puerta, se abran otras cien”.
  • Desarrolla la conciencia y la honestidad contigo misma para detectar esta tendencia.
  • Ejercítate en aceptar los errores, asumir las pérdidas y dar vuelta a la página.
  • Encuentra las ganancias, a pesar de que el proyecto no funcionó. No todo está perdido. Siempre se aprende algo de cualquier experiencia.
  • Considera que un elemento clave para tomar buenas decisiones es saber cuándo renunciar a algo.

 

Pon a prueba tus decisiones

 

  • Si tuvieras que decidir iniciar ese negocio, entablar esa relación o hacer esos estudios, ¿tomarías la misma decisión? ¿Por qué? ¿Por qué no?
  • ¿Estás sacrificando otras oportunidades porque no quieres perder lo invertido?
    Al permanecer en una situación insatisfactoria, ¿lo haces para probar que tienes o tenías la razón? Si es así, ¿qué es más importante, tener la razón o ser feliz?
  • Si un amigo estuviera en este predicamento, ¿le recomendarías quedarse en la situación poco conveniente o dejarla?

 

Pero ¡atención! No te estoy sugiriendo que te entregues al hedonismo radical (la tendencia a hacer sólo lo placentero y huir de algo al primer signo de dificultad o insatisfacción). Dedica el tiempo suficiente, y sé muy honesto contigo mismo, para saber cuándo retirarte o dejar algo. Se trata de aceptar la realidad. Por eso la honestidad juega un papel tan importante. Si hay algo en lo que los seres humanos somos expertos es en engañarnos a nosotros mismos. Pero el crecimiento sólo es posible a través de la honestidad.

 

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