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El fiscal anticorrupción nace maniatado

16/03/2017
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Que el cargo de fiscal anticorrupción dependa del Procurador General de la República, propicia que el objetivo de crear esta fiscalía termine en una simulación como todas las que se refieren a este tema.

Que el fiscal anticorrupción forme parte de la estructura de la PGR le hace formar parte del equipo al que va a vigilar. A final de cuentas se convierte en un funcionario que estará bajo la autoridad del presidente de la república y podrá recibir órdenes de a quienes castigar y a quienes exonerar.

Significa simplemente cambiar de lugar a la Secretaría de la Función Pública, para que ya no dependa directamente del presidente de la república, sino de uno de sus subordinados. O sea, le bajaron el nivel de decisión. Estaba mejor como estaba antes, cuando Virgilio Andrade era titular de la función pública.

Antes quien ocupaba este cargo tenía sólo un jefe y debía acatar sólo las recomendaciones del presidente. Ahora además de esas, tendrá que ser benevolente con los amigos y compromisos políticos de la PGR.

El tema ético siempre es el gran ausente cuando se determinan temas relativos a la procuración de justicia en México.

La corrupción es un problema tan viejo como la humanidad y nace de la oportunidad.

La frase “ante el arca abierta hasta el justo peca” refleja una gran verdad que no tiene nacionalidad ni tiempo.

Desde tiempos inmemoriales existe y sobrevive hasta nuestros días. Se da en todo el mundo incluyendo los países más evolucionados.

Sin embargo, en México se ha vuelto más cínica y ambiciosa porque la impunidad la estimula por una parte y porque los mexicanos no la vemos como un pecado, sino como una oportunidad que todos deseamos recibir.

La gran diferencia en el enfoque a la corrupción entre países evolucionados de occidente es que aunque también ahí existe, como contraparte hay autoridades inflexibles en la aplicación de la ley. Además tienen independencia para enfrentarse incluso al más alto nivel jerárquico de sus propios países.

En oriente, países como Singapur la castigan con la muerte para los funcionarios públicos descubiertos. Por supuesto, ahí ya no existe.

En Japón ser descubierto como corrupto es un asunto de honor que puede llevar al suicidio, sólo por citar un par de ejemplos.

Son las instituciones fuertes e independientes del “poder central” las que se convierten en un freno. Sin embargo, cuando están subordinadas, simplemente hacen simulación para exonerar a quienes gozan del favor de los poderosos y castigar a quienes caen en descrédito o están en el bando enemigo.

Mientras nuestra Fiscalía Anticorrupción no sea totalmente independiente del Poder Ejecutivo y del Legislativo, no podrá combatir la corrupción y ser un verdadero freno ante los abusos.

A final de cuentas la corrupción es un asunto humano, pero se combate a partir del ámbito social y se castiga desde el gubernamental.

Poner un precio alto en cuanto a castigo, hace poco rentable el riesgo y entonces realmente se combate la corrupción.

Es cierto que los valores morales también pueden ser un freno para la corrupción, pero hoy en esta sociedad tan relajada, flexible y permisiva como la que vivimos, ese es un camino demasiado largo.

El camino corto y de efecto inmediato está en dejar la simulación y combatirla de frente “caiga quien caiga”.

Lo que no sabe el “sistema político”, es que la corrupción es el cáncer que erosionó la credibilidad de la clase política y en el 2018 es muy probable que la sociedad mexicana se los cobre.

Más vale que este tema se resuelva en serio y no con simulaciones.

¿Y usted como lo ve?

Me interesa compartir el análisis del impacto social de los acontecimientos, -así como de las decisiones gubernamentales y políticas-, en la vida cotidiana de los mexicanos. Los acontecimientos no...

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