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¿En qué no se parece México a Siria y en qué sí?

15/05/2017
16:49
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México es uno de los países más violentos del mundo. No parece ser el segundo, como lo indicó la semana pasada el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, cuya metodología ha sido seriamente cuestionada por expertos en nuestro país. Un cálculo que parece más aproximado a la realidad –aunque ninguna medición es infalible- la proporciona el Instituto para la Economía y la Paz, el cual desde hace años ubica a México entre los 25 países menos pacíficos del globo. Su índice no solamente emplea indicadores como las tasas de homicidio, sino que incluye otros elementos para evaluar los niveles de violencia y miedo a la violencia, entre otros temas. En el Índice Global de Paz, como lo hemos documentado en este espacio, México se ha mantenido perdiendo puntos a lo largo de los últimos años. Es decir, si bien no estamos ubicados como un país más violento que Irak, Afganistán u otros como Somalia o Sudán del Sur, el nada honroso vigésimo cuarto lugar del último reporte –de un total de 163 países evaluados-, sí apunta a una serie de circunstancias que lamentablemente nos hermanan con esos países. En virtud de que en la medición del IISS, Siria fue mencionado como el único país más violento que México, tomemos justo ese caso para tratar de entender en dónde podrían estar las diferencias y en dónde algunas posibles similitudes de ese país con el nuestro.

Siria

¿Cuáles son los componentes del conflicto sirio? Si usted desea conocer mayor detalle, le invito a explorar este compendio de artículos que recientemente publicamos en este enlace: http://amzn.to/2qKvnVd. Mientras tanto, lo resumo de la siguiente manera:

El conflicto sirio inicia como un conflicto político que inicia como un efecto de réplica de la Primavera Árabe. En esta ola de protestas y manifestaciones ocurridas en 18 países de la región, amplios sectores de la población, mayoritariamente jóvenes, marcharon en las calles durante meses exigiendo derechos y libertades en países donde éstos eran escasos o limitados. Se trataba, en mayor o menor grado, de países gobernados por dictaduras o monarquías autoritarias donde prevalecían altos niveles de corrupción y opacidad, los cuales terminan por enardecer a las poblaciones en medio de la muy elevada desocupación juvenil que se registra en esa región a raíz de la crisis del 2008-2009. A medida que pasa el tiempo, en Siria explota la violencia y estos factores se van entretejiendo con componentes religiosos, sectarios, étnicos, geopolíticos y económicos, locales, regionales y globales.

Los actores que participan en la guerra siria incluyen, entre otros: (a) grupos rebeldes locales no todos unidos entre sí, denominados rebeldes “laicos”; (b) milicias islámicas locales; (c) actores no-estatales violentos de carácter transnacional como Al Qaeda e ISIS; (d) otros actores no-estatales violentos transnacionales como lo son las milicias chiítas financiadas y entrenadas por Irán; (e) milicias kurdas (que inician su participación violenta esencialmente como milicias de autodefensa ante los embates de ISIS); (f) actores estatales regionales que intervienen de manera directa o indirecta en el conflicto; y (g) potencias globales que intervienen también de manera directa o indirecta.

 

Diferencias entre la violencia en Siria y en México

No se necesita elaborar una lista exhaustiva sobre las diferencias entre Siria y México. Es evidente que en nuestro país no tenemos una guerra civil o regional, no hay conflicto armado entre grupos políticos, religiosos, sectarios o étnicos, o un conflicto penetrado por organizaciones terroristas como Al Qaeda o ISIS. Tampoco tenemos la presencia de potencias disputándose el territorio o combatiendo entre ellas. En México no hay, ni cerca, el nivel de destrucción o muerte, el uso de armamento químico, o el mismo número de personas que se ven obligadas a abandonar sus hogares o a huir del país a causa del conflicto armado (aunque desafortunadamente sí hay en México desplazados y hay mexicanos que han tenido que huir como refugiados, los números de Siria son muy diferentes).

Sin embargo, a pesar de poder distinguir las diferencias, y colocando la violencia en México en su dimensión adecuada, la realidad es que sí tenemos mucho que aprender de conflictos como el sirio o como los que ocurren en otros países de esa zona del planeta. Revisemos algunos factores comunes.

 

Factores comunes

1. Un primer elemento está en la génesis estructural de los conflictos. Si bien en México no hay una lucha de carácter político como tal, sí podemos apreciar al menos tres cuestiones centrales que no son tan diferentes entre nuestro país y Siria, Afganistán, Yemen o Libia, o cualquiera de los países de la parte baja de la tabla en el Índice de Paz (incluidos países como Colombia, por ejemplo): (a) La relativa debilidad del Estado y sus instituciones para ofrecer satisfactores básicos a sus poblaciones (materiales y no materiales, económicos, políticos y/o sociales. La seguridad es un ejemplo de necesidad básica que es ausente o limitada en mayor o menor grado), (b) La desconfianza en esas instituciones por parte de la población debido a los niveles de corrupción existentes, (c) La emergencia y proliferación, en ese contexto, de actores no-estatales de carácter violento, algunos de los cuales son actores transnacionales.

2. Este último tema, el de los actores no-estatales de carácter violento, es estudiado por autores como Klejda Mulaj (véase Violent Non-State Actors in World Politics) en un esfuerzo por tratar de identificar los factores comunes que permiten su emergencia y crecimiento, a pesar de sus múltiples diferencias en contextos distintos.

3. Esos autores nos explican que no se trata de actores nuevos en la historia, pero su proliferación y la intensificación de sus actividades en las últimas décadas es notable. Si bien sus motivaciones y estrategias varían enormemente –y por tanto es necesario estudiarlos caso por caso- parece haber una serie de condiciones internas e internacionales que facilitan su operación. En lo global, podemos hablar, entre otros factores, de un mercado de armas cada vez más accesible a bajo costo, junto con la tecnología para transportar esas armas de formas más simples, las facilidades para implementar redes de lavado de dinero, y los avances en tecnologías de comunicación. No es de extrañarse que grupos terroristas ligados a Al Qaeda o ISIS en África, importan droga de cárteles de nuestro país para poderse financiar. Las redes de crimen, de tráfico de personas o lavado de dinero no tienen ideología o religión.

4. En lo interno, estos actores encuentran mejores entornos para operar y crecer dentro de estados que en lo general son incapaces de garantizar necesidades humanas básicas. Estas normalmente incluyen condiciones económicas deficientes, sobre todo con marcados niveles de desigualdad, además de instituciones corruptas, débiles o ineficaces para proteger el estado de derecho y garantizar el monopolio del uso de la fuerza legítima.

5. En otros temas, a nivel individual o personal, tanto en algunas de las organizaciones que operan en países como Siria o en México, encontramos procesos psicológicos de radicalización que llevan a los individuos a un estado que se conoce como la “desconexión moral”. Es decir, puede ser que no tengamos la misma cantidad de muertes, pero muchas veces, la forma como se mata y se exhibe o publicita la muerte para provocar miedo, no son tan diferentes. A nivel organizacional hay también un elemento sumamente estudiado. Una vez que un individuo toma la decisión, o es orillado a formar parte de una agrupación delictiva o criminal (sea esta ISIS o bien, algunos de nuestros cárteles como Los Templarios), se empieza a producir una cohesión organizacional que impulsa o motiva a la persona a comportarse como se comporta ya no por beneficio personal, sino como miembro del grupo y por la presión social que se genera al interior de la organización.

6. Esto trae además un corolario: los efectos psicosociales generados en las poblaciones sujetas a estos niveles de violencia. Las víctimas psicológicas, las indirectas. En otras palabras, si bien en México no podemos hablar de un terrorismo clásico cometido por las organizaciones criminales, el efecto de terror que permea en la población (no solo en las localidades más violentas, sino a través de medios y redes, como lo hemos documentado, también en sitios menos cercanos a los focos de violencia) altera nuestras conductas, nuestras actitudes y opiniones.

7. Visto desde otro ángulo, las soluciones de raíz para la guerra en Siria pueden ser muy diferentes que las soluciones que tendríamos que trazar para México. Pero hay también similitudes: Por ejemplo, la necesidad de pensar en el fortalecimiento institucional garantizando condiciones de democracia, respeto a los derechos políticos, sociales, económicos y culturales de todas las personas de nuestros países, la tarea en temas como combate la corrupción y fomento a la transparencia para asegurar que el Estado recupere (o construya) la legitimidad, el monopolio del uso de la fuerza y el respeto a la ley. De igual modo, tanto en Siria, Afganistán o Irak como en México, tenemos la necesidad de promover la colaboración internacional para combatir las redes transnacionales del crimen, las redes de lavado de dinero o tráfico de drogas, armas, combustibles y otros productos, así como el tráfico de personas.

 

Esos son solo algunos ejemplos de temas comunes. Como conclusión, si bien México no es el segundo país con mayor violencia en el mundo, el rango en el que sí nos ubicamos nos obliga a estudiar y entender cada vez mejor nuestras muy delicadas circunstancias. Y en esas circunstancias, hay otros países y regiones, aparentemente muy alejados, que podrían aportar mucho para nuestra reflexión.

Twitter: @maurimm

Arenas Movedizas es un espacio para conversar sobre temas internacionales relacionados con el conflicto, intentando aportar siempre la perspectiva de construcción de paz que a veces tanto nos hace...

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