El quinto largometraje del cineasta mexicano Gustavo Loza, ¿Qué culpa tiene el niño?, bien podría ser el resumen perfecto de su filmografía. Responsable de cintas de tono infantil (Atlético San Pancho, 2001), culebrones con cierta denuncia social (Al otro lado, 2004), sexycomedias adolescentes (Paradas Continuas, 2009) además de un largo currículum en telenovelas y miniseries.

Así, su más reciente cinta se debate entre la sexycomedia adolescente, el humor clasista y un fuerte sentido de condescendencia en el dibujo que hace del país: nosotros los ricos y ellos los jodidos; todo esto retratado mediante una estética, códigos, humor y ritmo propios de algún programa unitario de Televisa.

Maru (Karla Souza) es una guapa profesionista de 26 años, de posición económica holgada y que tiene un importante puesto en un corporativo de Santa Fe (por supuesto). En alguna boda a la que acude con sus superficiales (e increíblemente insoportables) amigas, conoce a un extraño que de alguna manera se ha colado a la exclusiva celebración que sucede en Acapulco.

A la mañana siguiente, la cruda no se hace esperar, pero las repercusiones van más allá de un dolor de cabeza: luego de algunos meses, Maru se da cuenta que está embarazada...y no sabe quién es el padre. Luego de hacer memoria, llega a una conclusión: la culpa es de aquel extraño que conoció en la boda.

El hombre en cuestión, Renato (Ricardo Abarca), es un adolescente con un gran problema: si bien no es precisamente feo si es pobre, o como dicen las amigas de Maru: no sólo no estudia ni trabaja sino que además (¡oh dios!) está “jodido”. Maru decide buscar a Renato para decirle de la situación y de la solución: casarse a como dé lugar.

El humor en esta cinta versa sobre un solo gag: la diferencia social entre Maru y Renato así como el choque de clase que presupone la reunión de ambas familias. Mientras Maru es hija de un importante diputado (Jesús Ochoa haciendo su personaje de siempre) que vive en una cuasi mansión, Renato vive en una unidad habitacional con su mamá (Mara escalante, haciendo de su personaje una revisión de otro similar que hace en la televisión); mientras Maru tiene un trabajo respetable en Santa Fe, Renato tendrá que meterse de repartidor de pizzas; mientras la familia de Maru bebe champaña, la familia de Renato bebe tepache.

La película en realidad es un mal homenaje a El Inocente (González, 1956), aquella comedia clásica donde la niña rica y malcriada interpretada por Silvia Pinal tiene que fingir una boda con el mecánico pobre pero noble (interpretado, obviamente, por esa leyenda llamada Pedro Infante) luego de que en una noche de copas son sorprendidos en la cama. La moral de la época los obligaba a casarse, aunque de hecho aquí no hubiera niño de por medio.

Esta cinta de Gustavo Loza carece de corrección política: se burla de los pobres, los caricaturiza, es descaradamente clasista y no pide perdón al respecto, al contrario, este pareciera ser el principal activo del filme. Todo al final lo resuelve con condescendencia: los pobres son pobres pero honrados.

El cine mexicano nos tenía acostumbrado a que este tipo de cintas las protagonizaba Martha Higareda; Karla Souza le roba en esta ocasión el trono y habría que reconocer que es mucho mejor actriz que Higareda, impregnando a su personaje con cierta dignidad y fuerza que la primera hubiera estado imposibilitada de aportar.

Ello, por supuesto, no alcanza para rescatar la película, pero esto tampoco le preocupa a nadie; su único objetivo es ser un trancazo en taquilla. ¿Qué culpa tiene el niño? seguramente logrará una alta recaudación dado el público cautivo para el que juega, que no es otro más que la audiencia de la televisión. El reto en todo caso será lograr los estratosféricos números que consiguiera el proyecto anterior de los mismos productores, aquel rompe taquillas histórico llamado No se Aceptan Devoluciones.

@elsalonrojo

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