¿MINI mató a la industria automotriz británica?

Revolución. Esta emblemática firma creó una identidad... y destruyó otra
14/10/2017
10:43
Diego Guilbert
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Hay pocas marcas que refieren de manera tan inmediata la identidad de una nación. Italia tiene a los Ferrari y al FIAT 500, mientras los alemanes presumen la creación de emblemas como el Volkswagen Sedán (Vocho) o el Porsche 911. 

De la misma manera, no existe un modelo más emblemático para toda la industria británica que el MINI. 

Sin embargo, el nacimiento de esta icónica firma británica generó una serie de reacciones que sacudieron (para bien y para mal) lo establecido en la industria automotriz del Reino Unido. 

Origen. Luego de la fallida operación británica en la crisis del Canal de Suez (principal arteria entre Medio Oriente y Europa para el traslado de combustibles), los precios de la gasolina en Inglaterra subieron exponencialmente, forzando a los fabricantes de autos en pensar en una solución para que la venta no sufriera un detrimento considerable. 

Así surgió la idea de parte de la British Motor Corporation de presentar un par de modelos que fueran de dimensiones reducidas y con motor pequeño en aras de reducir los consumos de combustible. Estos fueron el Austin Seven y el Morris MINI-Minor. 

Gracias al trabajo de diseño de Sir Alec Issigonis y su popularización entre celebridades de la década de los sesenta como John Lennon y Paul McCartney, el MINI destacó como un referente inmediato de la ola cultural británica que invadió al mundo en distintos ámbitos como la música,la moda y el cine.

La reacción MINI. En un mercado como el británico, donde se acostumbraba a la compra de vehículos de grandes dimensiones y de motores con desplazamiento mayúsculo, la llegada de un vehículo de la naturaleza de MINI impactó de manera visual y económica, pues el precio de entrada de este modelo era de 350 libras esterlinas, mientras que un modelo popular como el Morris Minor se comercializaba alrededor de las 500 libras. 

Sin embargo, este atractivo precio guardaba una incómoda realidad de su comercialización, ya que por cada MINI que la British Motor Company vendía, ésta perdía 30 libras esterlinas. Naturalmente, estos costos de operación dieron como resultado pérdidas masivas de capital a lo largo de su producción. 

Sin lugar a dudas, el surgimiento de MINI provocó una tendencia en la fabricación de vehículos que cumplieran los principios fundamentales de su razón de ser, autos pequeños y con motor eficiente. Tales parámetros fueron emulados por fabricantes japoneses, alemanes e, incluso, forzaron a compañías británicas a dirigir sus esfuerzos para estas carrocerías, en lugar de las tradicionalmente trabajadas. 

Causas ajenas a MINI. Señalar al nacimiento de un vehículo como el culpable de destruir una industria es una declaración atrevida pues, por más revolucionaria que ésta sea, no podría cargar con tanta responsabilidad. 

Si bien, el surgimiento de MINI replanteó los hábitos de consumo británicos y los modos de fabricación de la industria, ésta contaba con muchos otros vicios perjudiciales que solo se evidenciaron con la aparición de este pequeño vehículo inglés. 

Tales fueron la falta de desarrollo tecnológico frente a la oferta alemana, finanzas autocomplacientes, el exceso de confianza en el mercado doméstico y de los países del Commonwealth  y la constante presencia de huelgas en las principales fábricas de vehículos ingleses.