Piezas para dispositivos electrónicos, paneles para edificaciones, prótesis humanas e incluso órganos vitales son algunas de las aplicaciones de la tecnología aportada por las impresoras 3D que podrían utilizarse en una futura conquista de Marte.

Por ello, el pasado verano la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) lanzó un concurso para encontrar el mejor proyecto de edificación en tres dimensiones para ese tipo de expediciones al planeta rojo.

La posibilidad de imprimir literalmente los fragmentos de viviendas que a continuación serían montadas en el suelo marciano elegido permitiría abaratar los costos e incrementar la autonomía de posibles colonos.

El próximo domingo 27 de septiembre, la NASA premiará con 50.000 dólares cada uno de los treinta mejores proyectos presentados al concurso y con 1,1 millón al ganador definitivo.

Esta revolucionaria tecnología permite crear literalmente a través de su impresión en 3D cualquier tipo de objeto que pueda precisar una persona con tan solo pulsar una tecla.

Este tipo de impresoras están siendo ya utilizadas en campos de vanguardia como la biomímesis donde partes de un animal obtenidas por resonancia magnética pueden ser reutilizadas con fines industriales, como sucede en el caso del pico de un flamenco que ha servido para construir un sistema hidráulico de turbinas.

También en el campo de la discapacidad se pueden emplear estas técnicas a fin de delinear y generar adaptaciones de todo tipo de objetos para facilitar su vida cotidiana.

Las posibilidades son infinitas, siempre y cuando el objeto a imprimir tenga un diseño bien terminado, como por ejemplo en el caso de la prótesis de mano que alumnos y profesores de la Universidad CEU San Pablo de Madrid construyeron el pasado mes de mayo para un niño de 6 años, personalizándolo además de acuerdo con su edad y sus gustos al asemejarlo a parte de la armadura de Iron Man, su superhéroe favorito.

En esta línea, un grupo de estudiantes de la Universidad de Connecticut (Estados Unidos) ha conseguido imprimir prototipos de riñones artificiales, si bien todavía no han podido ser probados en seres humanos.

Durante los últimos años algunas empresas de impresión se han ido especializando para dar cabida a la creación de órganos con células vivas, como los esbozados por la empresa Invetech gracias a sus "bioimpresoras" 3D para tejidos humanos que se dedican a investigar en este campo desde 2010.

Este tipo de investigaciones no está lejos de la polémica, debido a las dudas acerca del uso que pueden hacer de la impresión 3D no ya los científicos que trabajan en su desarrollo sino los usuarios particulares.

De hecho, en Japón fue detenido recientemente un estudiante universitario por poseer cinco armas impresas en 3D: un diseño desarrollado por la compañía norteamericana "Defense Distributed".

Esta empresa se vio obligada a retirar de su web los planos para poder imprimir y montar una pistola que funcionaba perfectamente, después de superar en solo dos días las cien mil descargas: Estados Unidos y España fueron los dos países donde mayor número de usuarios se los "bajaron".

Se ignora cuántos de esos usuarios conocen la existencia del Real Decreto 137/1993 del Código Penal español, que estipula sanciones de hasta tres años de cárcel por la impresión de un arma de fuego.

Otros problemas que pueden surgir de una impresión no regulada es la descarga ilegal de modelos, su transformación o canon digital por las copias privadas; todos ellos entran en conflicto con los derechos de propiedad intelectual en el caso de que las impresiones no cuenten con la autorización del titular.

De la misma manera sucede con las patentes o una marca tridimensional en el caso de que se vulnerara ese registro, incluso en lo relativo al derecho a la propia imagen que se vería afectado si se imprimen rostros o figuras sin el consentimiento expreso del "replicado".

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