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Estrategia de fortalecimiento y transformación de las escuelas normales

28/06/2018
05:01
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Las Universidades y las Escuelas Normales son Instituciones de Educación Superior con múltiples diferencias. Entre ellas, destaca una: las Normales no pueden aspirar a la autonomía. De esta manera, no cuentan con recursos propios, pero tampoco con la libertad de diseñar sus propios planes de estudio, pues el artículo 3º de la Constitución señala que la Federación dictará sus trayectos formativos, al igual que lo hace para Educación Básica.

Lo anterior se puede entender en pro de asegurar congruencia con el perfil docente deseado por el Sistema Educativo Nacional. Sin embargo, la libertad para que una institución educativa diseñe sus propios planes de estudio también trae grandes beneficios, pues adecúan su oferta educativa a las necesidades de su contexto, y su cuerpo académico se motiva, se dinamiza, y por ende, se fortalece.

Desde que los estudios en las Normales se elevaron a categoría de licenciatura, en 1984, éstas no han contado con libertad curricular, sino para hacer ciertas adaptaciones a los planes de Estudio dictados por entes externos a ellas. Pero desde hace dos años, se inició una oportunidad de cambiar de rumbo, a partir de la Estrategia de Fortalecimiento de las Escuelas Normales, la cual llama a dichas instituciones de todo el país a reunirse para diseñar sus nuevos programas de estudio que entrarán en vigor junto con el Modelo Educativo 2016 de Educación Básica.

Al día de hoy, se han llevado a cabo más de 70 reuniones de trabajo nacionales, con maestros y autoridades normalistas de todo el país, así como a diversos foros virtuales y presenciales en los que nunca han faltado las voces de especialistas. Dichas reuniones vienen por fin a actualizar los programas de estudio de la Licenciatura en Educación Primaria, que no se reformaban desde 2012; los de Licenciatura en Educación Especial, que permanecían intactos desde 2004; los de Educación Física, que no se modificaban desde hace 16 años, y los de Licenciaturas en Educación Secundaria, que en 19 años no habían recibido cambio alguno. En época de acelerados avances, tanto tiempo de inacción sólo puede entenderse como atraso y estancamiento.

La oportunidad que hoy se presenta con la Estrategia de Fortalecimiento de las Escuelas Normales es de oro, y como tal debe apreciarse. De oro, no sólo por la actualización de todos los programas de estudio de las Escuelas Normales y por su sincronización con el Nuevo Modelo Educativo de Educación Básica (que ya entrará en vigor para los primeros grados en este ciclo escolar), sino porque también recoge las propuestas de los actores directamente involucrados y conocedores de la práctica: los maestros y autoridades vigentes del Normalismo. Así, tenemos un diseño curricular actualizado y participativo a la vez.

Sin embargo, se está presenciando el surgimiento de una crítica paradójica, emanada de la misma comunidad normalista. Algunos docentes de la Escuela Normal Veracruzana, Enrique C. Rébsamen, y de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, demandan que los programas de estudio no se actualicen, cuando lo que siempre se reclama es lo contrario: que mientras la Educación Básica cambia, la Educación Normal no se reforma. Además de ser una petición poco congruente, resulta dañina para el progreso educativo, pues intenta frenar todos los esfuerzos y reuniones que ya se han desplegado, en donde el resto de la comunidad normalista sí ha participado con entusiasmos y acuerdos.

En materia educativa, hemos contemplado como las divisiones en algunos estados han frenado el avance, perjudicando directamente el aprendizaje de nuestros niños y jóvenes. Lejos de fragmentarse, las Escuelas Normales se encuentran ante el reto de formular sus mejores propuestas para el cambio y la actualización; de someter a sus mejores recursos personales al análisis, y de entablar alianzas con sus pares de toda la República.

El ignorar la complejidad de estas innovaciones, implicaría adoptar una visión cortoplacista de mejora, en la que se cree que los cambios se producen de la Noche a la Mañana, con estrategias remediales. Muy por el contrario, nos encontramos inmersos en un profundo cambio de rumbo. Tenemos la oportunidad de vigilar y participar en que se siga cumpliendo, partiendo de su conocimiento mismo. Los estudios nos señalan que se requieren alrededor de 30 años para llegar a una transformación educativa. Aprovechando estos espacios que hoy nos hemos ganado, y trabajando por obtener más, esos treinta años llegarán también cargados de frutos. El trabajo, la persistencia y la motivación, son los ingredientes que no deben faltar para obtenerlos, pero mezclados con otro: la unión.

A menos de una semana de la Elección Presidencial, muchos temen por la persona que llegue al poder, pues se dice que de él dependerá el futuro de nuestra nación. Pero no es así. El futuro de un país no depende de una persona, mucho menos en una democracia, que en su diseño mismo contempla grandes contrapesos. Y mucho menos aún, en una sociedad donde los ciudadanos nos esforcemos por hacer grande a nuestra patria, con trabajo diario y conjunto para su mejora. Un trabajo en el que participamos todos, incluidos los maestros y maestras normalistas, unidos por la mejora educativa.

 

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