Se encuentra usted aquí

29/04/2018
02:11
-A +A

Los mexicanos sabemos que el país tiene muchos problemas que urge atender. Pero también sabemos que nada es más importante en este momento que la violencia, pues si eso no se resuelve, no hay forma de que lo demás funcione porque no se puede trabajar, producir, estudiar, turistear, divertirse, en una palabra, vivir.

Por eso muchas personas están tratando de entender qué pasa, cómo se llegó hasta aquí y sobre todo, cómo se puede salir de esta situación.

He hablado varias veces en este espacio generoso de EL UNIVERSAL sobre las distintas propuestas que se han hecho, tanto por parte del gobierno como de estudiosos y de organizaciones ciudadanas, y hoy retomo el tema no solamente porque es el tema, sino porque en plenas campañas por la Presidencia de la República, los candidatos necesitan escuchar las que valen la pena.

Una de ellas es la de Santiago Roel, quien dice: “Es necesaria la regulación y no una política prohibicionista. El Estado debe tomar el control del mercado de las drogas y así quitarles el poder económico a los grupos criminales. Al quitarles ese poder, se podrá ser más efectivo en los otros delitos. La regulación de las drogas es parte del proceso de paz, pero nadie lo ha querido entender y nadie lo ha querido tratar”.

Una propuesta como esta reconoce que urge quitarle al tema la moralina y tratarlo desde una perspectiva social, que tome en cuenta las razones por las cuales las personas participan de su siembra, fabricación y trasiego: el beneficio económico. Por eso, dice Roel, “en toda la costa del Pacífico, Durango, Chihuahua, los campesinos se dedican al cultivo”, y sabemos que lo mismo sucede en Guerrero, en donde hace unos días un grupo de mujeres se enfrentó a los soldados para defender su producción de goma, y ha sucedido desde hace muchos años en Sinaloa, donde familias enteras viven de cocinar droga.

Roel no apela al bien y al mal, lo justo o lo injusto, la mala conciencia, la legalidad o las virtudes cívicas, el daño al país o incluso la destrucción de su futuro, pues sabe que a quien recibe beneficios concretos hoy, qué le importa todo esto. En cambio entiende que este negocio tiene lo que alguien ha llamado un “elevado nivel de complicidad social”, precisamente porque le permite a millones de personas tener medios para vivir. Y por lo tanto, afirma que la solución no puede darse si no parte de la base misma de la sociedad.

Por eso sugiere que el Estado cambie la actitud de quererlo eliminar y mejor lo tome en sus manos para controlarlo y regularlo. “Si se le deja el negocio a los campesinos, quitándoselo a los traficantes, podemos terminar con la violencia” afirma el estudioso. Y, para que ellos se sigan beneficiando, podrían producir droga para usos medicinales, que es muy solicitada en todo el mundo.

Roel va en la misma línea de quienes han propuesto la despenalización como forma de acabar con la violencia, pero llega más lejos hasta explicar cómo completar el proceso y dar alternativas que quepan dentro de lo culturalmente aceptado en el sentido de que las drogas son malas. Yo creo que eventualmente tendremos que reconocer que hay humanos a quienes les gusta consumirlas (o alcohol, tabaco, fritangas, chocolates), pero por ahora, la propuesta de Roel es muy posible de llevarse a la práctica. Más que las que proponen establecer controles y regulaciones legales, jurídicos, judiciales, administrativos, patrimoniales y policiacos que exigen “una nueva arquitectura institucional del Estado”, como dice un estudioso, o las que proponen “fortalecer a los colectivos humanos en la conducción y continuidad de sus vidas”, como talleres de arte, música o deporte para jóvenes y grupos de reflexión y de defensa para vecinos, que sin duda son ideas estupendas pero que resultan o muy difíciles de implementar o requieren de muchos años para empezar a ver resultados. Ojalá los candidatos lo escucharan.

 

Escritora e investigadora en la UNAM.
[email protected]
www.sarasefchovich.com

Sara Sefchovich
Es licenciada y maestra en Sociología y doctora en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México.
 

COMENTARIOS