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Adopción. Los niños que nadie quiere en la CDMX

En cinco años sólo dos niños de 10 años y otro de 11 bajo la custodia del DIF, han logrado integrarse a una familia
CRISMAR CORTÉS
02/05/2017
03:40
ABIGAÍL GÓMEZ
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María (nombre ficticio) se levanta todos los días a las 5:00 de la mañana, tiende su cama, desayuna y sale de la Casa Hogar para Niñas hacia la secundaria. Tiene 16 años y espera su pronto egreso. A los 18, María tendrá que estar preparada para enfrentar el mundo con sus propios medios, ocurre con la mayoría de los niños que viven en las casas cuna o casas hogar del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), quienes al cumplir la mayoría de edad dejan de confiar en que pueden ser adoptados para reintegrarse a una familia.

De acuerdo con datos de la Dirección de Estadística del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, entre 2012 y 2017 (hasta enero) se realizaron mil 247 solicitudes de adopción en la CDMX, de las cuales fueron concedidas 440, es decir, tan sólo 35% de las peticiones. De este total, 10 casos fueron de adoptantes internacionales.

Estas cifras incluyen información de las instituciones susceptibles de dar en adopción a menores, tales como el DIF, Asociaciones Civiles e Instituciones de Asistencia Privada; sin embargo, no contemplan estadísticas respecto a la edad que tenían estos niños al momento de ser adoptados.

Especialistas estiman que la edad máxima promedio que las familias están dispuestas a aceptar para adoptar a un menor es de ocho años. Hecho que se confirma con los datos proporcionados por el Sistema Nacional de Desarrollo Integral para la Familia (DIF), vía Transparencia: desde 2012 y hasta 2016 han sido adoptados 46 niños de las cuatro casas cuna de esta dependencia.

Ningún niño mayor de 11 años ha logrado integrarse a alguna familia. Al parecer, cuando se trata de buscar un candidato para un nuevo hogar, los niños mayores, niños con discapacidad o con hermanos llevan las de perder frente a los más pequeños.

Quizá es por esta razón que, de los 46 niños que fueron adoptados entre 2012 y enero 2016, 43 provenían de una casa cuna: 27 de Casa Cuna Coyoacán y 16 de Casa Cuna Tlalpan. Como su nombre lo indica, son las dependencias del DIF donde se encuentran los niños más pequeños, aquellos que van desde los cero hasta los ocho años. Cuando los menores que habitan en las casa cuna cumplen esta edad son trasladados al Centro Amanecer, si son niños, o a la Casa Hogar para Niñas Graciela Zubirán. Una vez que pasan de un recinto a otro, sus probabilidades de ser adoptados bajan drásticamente. La edad es un obstáculo contra el que difícilmente pueden luchar.

“La gran mayoría en el país dejan de ser adoptados a los ocho años, porque los solicitantes quieren niños pequeños que crezcan con ellos. Eso se debe a que muchas veces la gente adopta por motivos equivocados”, asegura Jorge Antonio Becerra, quien fungió como Director general de representación juridica de niñas, niños y adolescentes, hasta el 15 de marzo del presente año.

“La mayoría quiere adoptar porque no pudo tener hijos, pero no se dan cuenta de que la adopción no se trata sólo de ellos y sus necesidades, sino de los niños y jóvenes”, afirma.

Esta situación ocurre debido a que los posibles adoptantes se forman una idea preconcebida de los niños que ahí viven, de acuerdo a lo que escuchan de otras personas, tal como explica Becerra. “Piensan que los niños más grandes vienen maleados, que ya aprendieron mañas por su vida pasada y por ser niños de la calle, por esta razón prefieren no enfrentar el reto. De nuevo, piensan en ellos, en que el niño les llene un vacío. Muchos no ven la adopción como la posibilidad de darle una mejor vida a un niño sin hogar, sino como una forma de hacer la familia que no pudieron de forma biológica”.

Las cifras mencionadas anteriormente dejan evidencia de la realidad de quienes pasan de las casas cuna a las casas hogar, ya que en cinco años sólo tres niños de casa hogar, dos de 10 años y uno de 11, lograron formar parte de un proceso exitoso de adopción. Salir de las casas cuna es casi una sentencia de que nunca tendrán una familia adoptiva, sólo por el hecho de ser “demasiado mayores”.

Andrea Uribe Cabrera es psicóloga y tiene dos años trabajando en Casa Cuna Coyoacán, ahí ha podido observar algunas de las emociones que viven los niños al pasar de un centro a otro. “En general todo va a depender de la sensibilidad del niño, pero sí me ha tocado ver chiquitos que pasan de Casa Cuna Coyoacán a Casa Hogar Amanecer y mantienen todavía la esperanza de ser adoptados, porque saben que son candidatos. Y no es que aquí se les refuerce todo el tiempo esa idea, pero ellos ven a compañeros que están viviendo ese proceso y saben que el hecho de que una familia los adopte es un privilegio”.

 

Proyecto de vida

Aunque aún se encuentra en secundaria, María ya sabe a qué le gustaría dedicarse cuando sea mayor. Quiere ser psicóloga o trabajadora social para ayudar a otros porque “a veces la gente quiere hablar y necesita consejos, no siempre hay quienes saben escuchar”, asegura. Como María, los otros niños comienzan a construir sueños sobre lo que les gustaría hacer cuando salgan de la casa hogar, eso les permite concentrarse en su futuro y no en el hecho de que probablemente ya nadie los adoptará.

En las casas hogar, desde los 16 años comienza lo que se conoce como periodo de pre-egreso. Se trata de preparar a los jóvenes para ser independientes y brindarles las herramientas necesarias para el momento en que deban dejar las instalaciones del DIF. Es un periodo donde van creando el posible proyecto de vida.

“Una vez que llegan a cierta edad la idea de la adopción se descarta y, en vez de conservar esa ilusión, comienzan a pensar en su proyecto de vida fuera de la casa hogar, en lo que quieren ser y cómo podrán conseguirlo por sus propios medios. Ningún niño o niña puede salir de la casa si no tienen asegurado dónde vivir y un trabajo, por eso tratamos de que sean autónomos y autosuficientes desde edades tempranas”, comenta María de Jesús Vázquez, trabajadora social del equipo de trabajo de la Casa Hogar para Niñas.

 

Ellos también necesitan una familia

De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en el país hay más de 30 mil niños que viven en orfanatos, aunque no todos son susceptibles de ser adoptados, ya que para poder formar parte de este proceso su situación jurídica debe permitirlo. Además de las casa cuna y de las casas hogar del DIF, quienes viven en condición de orfandad también son cuidados en espacios privados, como los de las A.C. o las I.A.P. 

Si bien en México la adopción es considerada con frecuencia como un proceso engorroso, largo y burocrático por quienes han realizado solicitudes, Jorge Becerra asegura que esto también se debe a las exigencias de los adoptantes, pues además de ser mayor de ocho años existen otras circunstancias que impiden a los niños integrarse a una familia. Niños con discapacidad o que tienen hermanos tampoco suelen ser considerados por los adoptantes.

“Tenemos muchos adolescentes en espera que la gente no quiere, prefieren esperar hasta que haya un candidato menor, también tenemos niños con discapacidad o grupos de hermanos, que también son siempre la última opción o a veces ni siquiera son considerados. Hemos logrado colocar a niños con discapacidad o hermanos con familias adoptivas pero principalmente en el extranjero”, dice Becerra, quien se encarga de revisar las solicitudes de adopción en el departamento jurídico del DIF.

María tiene cabello rizado y piel morena, aunque al principio habla de forma tímida y prefiere no contar por qué llegó a la casa hogar, afirma con seguridad. “Creo que la gente tiene muchos prejuicios, no sé porque piensan que cuidar a un niño más pequeño es más fácil o mejor. Piensan que somos malos o que nos vamos a portar mal pero la verdad es que cuando crecemos somos más independientes”, comenta.

“Queremos hacer conciencia de este tema a nivel nacional. Que la gente sepa que hay más opciones aparte de adoptar un bebé o a un niño menor. Hay muchos adolescentes que también merecen una familia. Aquí la idea de poder contar con una campaña para crear esa sensibilidad, fomentar la cultura de la adopción responsable”, asegura Jorge Becerra.

 

Los que nunca fueron adoptados

Mario (nombre ficticio) prefiere no revelar su identidad ni la institución donde laboró para evitar cualquier clase de problema que pudiera suscitarle el contar su experiencia como psicólogo dentro de una casa hogar del sur de la CDMX. Su convivencia con menores que vivían situaciones de violencia, de calle o de abandono, así como su experiencia de más de 4 años tratando niños y adolescentes, le ha permitido ver qué ocurre con estos menores cuando viven dentro de estas instituciones.

Hay pros y contras para los chicos que pasan toda su infancia y adolescencia dentro de una institución. Mario explica: “son más independientes y con altos niveles de resiliencia, es decir, con una gran capacidad de sobreponerse a los obstáculos y a los problemas a los que se van enfrentando; eso es algo bueno que no muchas personas poseen y que es común en personas que vivieron en ambientes hostiles”, señala.

A pesar de que esto es un rasgo valioso para quienes crecen en casas hogar, y que no logran ser adoptados, esta situación también genera cierto tipo de riesgos, algo que Mario pudo identificar durante su trabajo como psicólogo de una casa hogar. “Desgraciadamente llegué a observar que un chico que crece dentro de estos lugares puede presentar baja autoestima y desarrollar relaciones de dependencia, en general presentan el factor de riesgo de caer en experiencias de violencia sobre todo en sus relaciones de pareja”, explica.

Se debe a que en sus relaciones de pareja pueden buscar la figura paterna o materna que nunca tuvieron. “Los seres humanos tendemos a buscar el tipo de afecto que obtuvimos o figuras afectivas similares a lo que ya conocemos. Por esta razón pueden llegar a buscar personas que ejercen violencia porque los únicos padres que conocieron también eran violentos”.

Es importante hacer saber a quienes buscan adoptar que ellos pueden hacer la diferencia, que si se abren a otras opciones, como adoptar a un adolescente de 11, 12 e incluso 16 o 17 años, pueden cambiar la vida de estos jóvenes. “Nunca es tarde para tener una figura paterna o materna. Siempre será un gran cambio, oportunidad. Confianza, seguridad, guía. Les van a enseñar cómo actuar. El trabajo en las casa hogar es bueno, pero no puede compararse”.

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