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Traficalinos. Chilangos pasan hasta 45 días al año en el tránsito

Estudios revelan que habitantes de la ciudad con mayor tráfico del mundo invierten 40% de sus ingresos en traslados
Imagen ilustrativa (Foto Archivo)
10/01/2017
03:30
Íñigo Arredondo
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Traficalinos. Chilangos pasan hasta 45 días al año en el tránsito

Estudios revelan que habitantes de la ciudad con mayor tráfico del mundo invierten 40% de sus ingresos en traslados

 

 

Sandra pasa cinco horas y 30 minutos de su día transportándose de su casa al trabajo y viceversa. Para eso tiene que recorrer 112 kilómetros desde Izcalli, a las afueras de Toluca, Estado de México, hasta avenida de las Palmas, en la delegación Miguel Hidalgo. David también cruza la frontera con el Edomex y recorre, de sur a norte la Ciudad de México, del Ajusco hasta Tultitlán, en la salida a Querétaro, en cinco horas en promedio.

Nayeli toma Metro, camión y taxi para llegar a su trabajo y luego regresar a casa, desde el municipio de Ecatepec hasta El Pedregal, en la Ciudad de México; recorre 82 kilómetros en cinco horas con 20 minutos. De este a oeste de la metrópoli, Izcóatl recorre 102 kilómetros al día. Sale a las 4:30 de la madrugada y hace hora y media de ida. Su regreso, a las 14:00 horas, lo hace en otra hora y media.

Estos cuatro ciudadanos pasan en el tráfico el equivalente a mes y medio de un año entero, es decir, 45 de 365 días.

En un buen día, Itzcóatl duerme cuatro horas en Santa Ana Tlacotenco, en Milpa Alta. Desde hace unos meses tiene problemas con el sueño. Desde 2014 se levanta a las 3:30 de la madrugada para llegar a su trabajo a las 6:00 horas, regresar a las 16:00 horas a su casa, y acostarse, en promedio, a las 11:00 de la noche.

Convive con su hijo de cuatro años apenas unos 20 minutos en la madrugada cuando se despierta con el ruido, y algunas horas después cuando regresa del trabajo.

Itzcóatl limpia los pasillos de una escuela primaria en la delegación Cuajimalpa, en el extremo opuesto de su casa. Una madrugada pasó algo inhabitual: durmió de más y salió a las 5:15 horas de su casa. Llegó a su trabajo cinco horas y media después.

Para un capitalino promedio, salir de su casa rumbo a la oficina y regresar a descansar implica un promedio de dos horas y media de su día, el equivalente a pasar casi un mes sobre algún transporte. En ese tiempo, una persona podría ver un mundial de futbol de corrido hasta las semifinales, o recorrer una tercera parte del mundo en globo. Radicar en la capital del país es aprender a vivir en una congestión vial.

Cualquier viaje que se realiza en la Ciudad de México, en promedio, durante cualquier hora del día, toma 50% más de tiempo de lo que tomaría si no hubiese tráfico.

 

 

 

Delegaciones pico y dos niños por coche

Las delegaciones con el índice más alto de congestión, según la plataforma de movilidad Sin Tráfico, son: Iztapalapa, Magdalena Contreras y Cuauhtémoc. En el bimestre de septiembre-octubre de 2016, un viaje que tomaría una hora en Iztapalapa, tomó dos horas y media.

En verano, la avenida Reforma tuvo 250 horas de calles cerradas; 10 días sin movimiento.

Onésimo Flores, doctor en Urbanismo por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), explica que la CDMX tiene entre 300 y 400 autos por cada mil habitantes, y dado que los precios de los automóviles continúan bajando, “es fácil prever que esos 300-400 se van a convertir en 600 o 700 en una década, lo que implica que tendríamos que duplicar la cantidad de las vías”.

Al día se realizan 22 millones de viajes y sólo 5.5 millones se hacen en auto. Por cada niño recién nacido en la CDMX, hay dos coches nuevos en el asfalto, según cifras de la Secretaría de Movilidad (Semovi) capitalina y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Año con año crece la congestión vehicular: de 2015 a 2016 el tiempo de viaje promedio aumentó 5%. A este ritmo, dice Eugenio Riveroll, director de Sin Tráfico, “en cinco años las vías se saturarán al doble y la velocidad promedio de viaje bajará a la mitad”.

En su caso, David Silva recorre 100 kilómetros al día, 500 a la semana, 2 mil al mes, 24 mil al año. Por cada uno de esos kilómetros paga 4.79 pesos. Más de 100 mil pesos al año entre gasolina y el uso de la Autopista Urbana.

Lo anterior, equivale a seis años del actual salario mínimo, es decir, 80 pesos al día. El gran costo de su transporte lo cubre la empresa en la que trabaja.

Una persona considerada de clase media por el Inegi gana entre 12 y 15 mil pesos al mes, y gasta en transporte entre 30% y 40% de su sueldo.

Sandra Apolinar paga 62 pesos al camión que la lleva de Toluca a la CDMX, cinco pesos del Metro, y cinco pesos del camión en avenida Reforma para llegar a avenida de las Palmas.

Gasta 134 pesos al día, 2 mil 680 al mes.

“Si no pensamos en términos de equidad, la Ciudad de México no tiene solución”, dice Roberto Eibenshutz, urbanista y académico de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). El mercado del suelo en CDMX no es perfecto y no se puede reponer como cualquier bien o cualquier producto normal en el rubro. “El mercado del suelo hay que intervenirlo, el gobierno tiene que controlarlo y coordinar opciones a la gente de menores recursos, que es la que está viviendo a dos o tres o cuatro horas de la ciudad. Esa gente está ahí no porque le guste, sino porque no tiene opciones que pueda pagar en la Ciudad”.

En los últimos 30 años, la CDMX sólo aumentó en 20 mil personas su población, mientras que la zona metropolitana del Valle de México lo hizo en 5 millones, enfatiza Onésimo Flores, director de Conecta Cuatro, empresa de planeación urbanista. “Tienes una dinámica de precios que está sacando a la gente pobre y de clase media-baja de la ciudad, sin estrategia de transporte que pueda llegar a esas zonas periféricas”.

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Moverse en micro, en Metro y a pie

El primer trayecto que hacen las personas que vienen de la Zona Metropolitana del Valle de México a la CDMX inicia caminando; el segundo en microbús; el tercero en Metrobús o en Metro. “En la zona central de la Ciudad, que es donde se concentran 45% de los viajes, y el último trayecto lo vuelven a hacer caminando o en taxi, justamente porque los masivos o los BRT [autobuses rápidos] no están llegando a esa última milla”, explica Laura Ballesteros, subsecretaria de Planeación de la Semovi.

Nayeli Morales hace dos horas con 40 minutos de su trabajo en El Pedregal, al sur de la Ciudad. Toma un camión a las 20:00 horas afuera de su trabajo, en Periférico, la principal arteria de la capital, llega al Metro Universidad, transborda en Metro Guerrero y de ahí llega hasta el Metro Ciudad Azteca, en el Estado de México. Luego camina hasta llegar a un sitio de taxis.

Su familia le tiene prohibido volver a pie a su casa aunque esté a menos de un kilómetro del Metro. En su calle, en Ecatepec, han matado a una persona en el último año y clausurado un inmueble que era usado por delincuentes como casa de seguridad. Llega casi a las 23:00 horas, cena y prepara sus cosas para el otro día. Hace dos años rentó un departamento a 25 minutos de su oficina en transporte público. Al año regresó a casa de su papás: no completaba la renta a fin de mes. Hoy, dice, le toca “ser paciente”.

 

Un tiempo “absurdo”

¿Cuál es la manera ideal de ir al trabajo? Lo mejor sería a pie. Un radio de 30 minutos, caminando, en bicicleta, transporte público; 45 minutos es tolerable. En ciudades como París, 100% de la población tiene a un kilómetro de distancia una estación de transporte masivo. En la CDMX, sólo 32% de la población tiene una estación de Metro, Metrobús o Trolebús a esa distancia. El municipio de Ecatepec, por ejemplo, no tiene un centro de transporte masivo.

Así lo mapea Bernardo Baranda, del Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo (ITDP) en México, quien, días después de la entrevista, preside una mesa de especialistas nacionales e internacionales sobre movilidad y ciudades amigables para sus habitantes.

Michael Kodransky, gerente global de ITDP, dice: “Necesitamos entender a la gente para crear condiciones para mejorar sus vidas. Hacer cinco o seis horas al trabajo y de vuelta es casi la cantidad de horas que necesitas para dormir. Es híper-super-duper-commuter [expresión para referirse al acto de salir de casa al trabajo y regresar], no creo que haya un término para ellos. Es un tiempo absurdo”.

La Universidad Umea, en el norte de Suecia, analizó en 2013 a las personas del país nórdico y sus rutas, el tiempo y su estado civil. Las personas que hacían más de 45 minutos a su trabajo tenían 40% mayor probabilidad de divorciarse que aquellas que hacían menos de ese tiempo. Aunque si la pareja con largos tiempo de recorrido al trabajo superaba los tres años, la probabilidad de separarse se reducía.

“A la gente que hace tres horas se le tiene que ayudar. En una ciudad de 23 millones no hay una solución fácil. Una ciudad densa equivale a menos tiempo para el trabajo. Hay que buscar colonias que puedan ser autosuficientes y mantener movimientos restringidos”, comenta Ricardo Marinni, director del despacho de urbanismo Gehl Arquitects.

Para los expertos, el crecimiento en la zona central de la CDMX es negativo, mientras que el crecimiento de municipios del área metropolitana es exponencial, como los de Huehuetoca y Tecámac que tienen de las tasas de crecimiento poblacional anual más altas del país. Esto tiene que ver con un esquema de subsidios a la vivienda de años que facilitó la adquisición de una vivienda, pero a costa de hacerlo en municipios donde la tierra no vale nada.

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Las horas pico

La CDMX es la de mayor tráfico en el mundo según la firma de navegación TomTom. Supera a metrópolis como Bangkok, Estambul y Río de Janeiro, entre otras 291 urbes. Los horarios con mayor congestionamiento en transporte son de 7:30 a 9:00 horas y luego de 16:00 a 20:00. Un estudio realizado por Sin Tráfico arroja que si las entradas de trabajo se hicieran escalonadas, es decir, se recorrieran 60 minutos la entrada y salida de los empleados, se les devolvería entre siete y ocho días al año.

El problema es satisfacer las necesidades de todos, explica Roberto Eibenshutz, quien trabajó en la planeación de la CDMX en los años 70. “A sabiendas de que espacio, necesidades e intereses son muy distintos, es prácticamente imposible darle satisfacción a todos, y esto es el gran problema del gobierno y principalmente de la planeación [urbana]. Es imposible que todo mundo esté satisfecho. Hay que ir por la satisfacción del mayor número de gente a sabiendas de que habrá un porcentaje que será afectado y no saldará sus necesidades”, dice.

Itzcóatl, Sandra, David y Nayeli no son sólo parte de la estadística que hace que el promedio de traslado en la ciudad sea tan alto, sino personas con necesidad de calidad de vida.

En unos años, es probable que se multipliquen casos como el de Sandra o David. Cualquiera podría contar el tiempo con su reloj, pero llegaríamos al punto, como diría el escritor Julio Cortázar en “La autopista del sur”, en que ese aparato midiera otra cosa. Vivir en la Ciudad de México implica tener una medición del tiempo aparte. Tener paciencia y saber que el destino está igual que tú: ahí, a la distancia, sin moverse.

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