Cardenal pide orar para que “podamos vivir en paz en nuestras calles”

El cardenal Norberto Rivera Carrera pidió orar por la Ciudad de México, que se vio afectada por hechos de violencia tras el abatimiento de Felipe de Jesús Pérez Luna, “El Ojos”
Foto: Archivo
23/07/2017
15:00
Perla Miranda
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En la homilía dominical, el cardenal Norberto Rivera Carrera pidió orar por la Ciudad de México, que se vio afectada por hechos de violencia tras el abatimiento de Felipe de Jesús Pérez Luna “El Ojos”, identificado como líder de cártel de Tláhuac, “para que se regenere el tejido social y podamos vivir en paz en nuestras calles”.

En su discurso, el prelado dijo que las injusticias, las venganzas, guerras familiares o mundiales, el hambre, la tortura, la miseria, el subdesarrollo, la incultura, la inmoralidad y todas las lacras sociales que conviven con tanto bien que hay en el mundo “no son sino fruto del pecado, de nuestros pecados personales y comunitarios”.

Señaló que todos los seres humanos llevamos dentro a Caín y a Abel, “todos tenemos parte de ángel parte de demonio, como un doble yo, en continua lucha”. Sin embargo pidió reflexionar y no culpar a la libertad de las malas decisiones que se toman. “La libertad es el bien máximo que hemos recibido y que nos hace superiores a todos los demás seres de la creación. La tragedia está en que pudiendo usar bien de la libertad que se nos ha dado, con frecuencia abusamos de ella, la usamos mal y pecamos”.

El arzobispo primado de México señaló que no se trata de que el mundo se divida en buenos y malos, sino que todos “estamos heridos por el pecado, participando de las tinieblas y de la cizaña”, pero que también “todos podemos ser llamados y estamos destinados a convertirnos en luz”.

Aseguró que ante la realidad de la cizaña que permea en el mundo, también hay quienes se preguntan si ésta puede ser arrancada pero Jesús sigue contestando lo mismo “No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo”.

“Muchos son los que tienen la tentación de arreglar las cosas en el mundo queriendo suprimir los males con la violencia, olvidando que la violencia engendra violencia y que la fuerza, los insultos y las descalificaciones sólo sirven para encrespar más los ánimos. El consejo de Dios, es la paciencia, el diálogo, la convivencia. Entre otras cosas porque, si bien la cizaña no se puede convertir en trigo, el hombre que nosotros juzgamos malo o que vive en el error, se puede convertir o puede encontrar la luz de la verdad”, concluyó el clérigo.

 

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