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Mexicano trabaja a 2 km bajo tierra

Eric Vázquez es el único físico del país que ha colaborado con el SNOLAB, laboratorio subterráneo en Canadá. Su amor por la ciencia y su difusión lo llevaron a conocer a Stephen Hawking
Éric Vázquez Jáuregui, en el Instituto de Física de la UNAM; estudia de qué está compuesto el Universo y trabaja con el Premio Nobel de Física 2015 (Fotos: YADÍN XOLALPA)
24/06/2017
04:10
CLAUDIA GARCÍA
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“Desperté a las cinco de la mañana, el frío característico de los inviernos canadienses me cala hasta los huesos. Aun así, estoy listo para ir al laboratorio subterráneo. Para llegar tengo que descender dos kilómetros bajo la mina activa de Vale Creighton, cerca de Sudbury. Entro a un elevador que está casi a oscuras, sólo me alumbra la luz del casco de seguridad. Bajo a 40 kilómetros por hora con mis compañeros. Tengo los oídos tapados, pues aquí la presión sube hasta 30%. En cinco minutos ya estoy cerca de donde trabajo.

“Sin embargo, para poder entrar aún tengo que caminar dos kilómetros por un túnel que me lleva al SNOLAB, donde por fin todo está iluminado. El laboratorio está siempre limpio y tiene filtros para cambiar el aire y el polvo, puesto que éstos podrían contaminar los experimentos que hacemos. Antes de concentrarme en mis proyectos de investigación me doy una ducha, me visto con mi traje color azul, un casco y lentes de seguridad. Rápidamente bebo mi café, el alimento más radiactivo dentro del laboratorio, y comienzo mi rutina de ocho horas”.

Durante seis años este fue el día a día de Éric Vázquez Jáuregui, el único físico mexicano que ha visitado y trabajado en SNOLAB. Tiene tres proyectos de investigación: dos sobre materia oscura y uno sobre neutrinos. El laboratorio canadiense era el más profundo hasta 2015, cuando China construyó el Jinping, que tiene 400 metros más .

Existen sólo 12 laboratorios de este tipo en el mundo. Se encuentran bajo tierra para protegerlos de los rayos cósmicos procedentes del sol, puesto que producen partículas que podrían interferir en los experimentos, falseando los resultados.

Éric volvió a México para impulsar este campo de investigación y motivar a los jóvenes a incursionar en la ciencia; sin embargo, de los seis proyectos que ha propuesto, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) no le ha otorgado ningún apoyo para desarrollarlos. “El problema es que no se le da apoyo a la ciencia básica, todo el dinero se va para innovación tecnológica”, dice el doctor Vázquez. “En los países más desarrollados, la inversión entre ciencia básica y el desarrollo tecnológico es igual”, menciona.

Para solucionar este problema, el doctor considera que el Conacyt debería tener un comité examinador internacional. “Los investigadores que evalúan los proyectos muchas veces no están especializados en los temas y dirigen los fondos a áreas ya estudiadas, pero que tienen mayor número de científicos participando”.

Aunado a la administración de los recursos, otro problema es la falta de presupuesto para la ciencia. De los 34 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México es el lugar número 33 en inversión a la Investigación y al Desarrollo, sólo por arriba de Chile. Por cada millón de habitantes, en nuestro país sólo hay 241 investigadores, mientras que en Canadá hay más de 4 mil científicos.

México destina menos de 1% de su Producto Interno Bruto en investigación y desarrollo, mientras que Canadá —donde se encuentra el SNOLAB— le dedica más del doble, de acuerdo con datos del Banco Mundial. Además, este año México redujo a 71 mil 513 millones de pesos el presupuesto dedicado a la ciencia.

Trabajar con los mejores físicos del mundo

El doctor Vázquez es uno de los pocos mexicanos que trabaja con materia oscura y neutrinos de manera experimental. Es un área no desarrollada en México porque “no hay mucho interés en ella”. Sin embargo, estudiar la materia oscura podría responder a la pregunta número uno de la revista Science, publicación científica de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia: “¿De qué está hecho el Universo?”.

La materia que forma estrellas, planetas y personas sólo supone 1% del cosmos, de acuerdo con la Asociación Americana de la Ciencia, pero casi 30% es materia oscura y 70% es energía oscura. Es decir, la ciencia solamente conoce 1% del cosmos.

Éric colabora con Arthur B. McDonald, premio Nobel de Física en 2015, quien descubrió que los neutrinos tienen masa. Los neutrinos y la masa oscura son los temas que apasionan a Éric desde la licenciatura. Estas partículas tan pequeñas que no se pueden ver a simple vista viajan casi a la velocidad de la luz.

La masa de los neutrinos cambia los paradigmas de la física clásica, por ello los detectores que lo hicieron posible son invaluables en términos científicos y económicos. Estudiar la masa oscura permite conocer al Universo. Al tipo de ciencia que hace Éric se le llama “de frontera”, para desarrollarla se producen nuevos materiales y tecnologías útiles en la vida de las personas. Éric cuenta que durante la construcción del detector de partículas “se creó un plástico más resistente de uso común”.

También estuvo presente cuando Stephen Hawking, físico británico ganador de la medalla de oro de la Real Sociedad Astronómica y escritor de uno de los libros más vendidos de divulgación científica (Breve historia del tiempo), fue al SNOLAB por segunda ocasión. Recuerda que Hawking llegó temprano en un vagón construido especialmente para él, “hasta lo pintaron, quedó muy bonito.

“Stephen Hawking le dijo a uno de sus ayudantes que me quería saludar de manera personal, fue una experiencia muy padre”, dice Éric.

Hawking se comunicaba a través de su computadora, con su particular sentido del humor lo saludó y le dio un apretón de manos. Éric le explicó los avances sobre materia oscura y los proyectos que dirige.

De carnicero a físico de partículas

Éric nació en un rancho a algunos kilómetros de Huatusco; cuando vivían ahí su padre trabajaba como peón. “Mi madre recuerda la casa de madera y lámina, no había más que un brasero, un par de sillas y el petate donde dormíamos. Fue el lugar donde empecé”, cuenta.

Recuerda entre risas que durante su infancia en Huatusco, Veracruz, pasaba sus tardes como carnicero y en un puesto que puso en el mercado. Todavía presume que “sabe cortar un animal y alimentarlo de la manera adecuada”. También ayudó a su padre recogiendo café y lo acompañó como velador en el Centro Regional de Chapingo, ubicado cerca de su casa en Veracruz.

Su interés por la física no nació hasta la preparatoria, cuando concursó en las olimpiadas regionales; como ganó, pasó a la competencia estatal. Aunque no triunfó, fue en ese momento cuando supo lo que quería: ser físico, una profesión desconocida para su familia y poco explorada por Éric.

El doctor evoca a su natal Huatusco, cuando con sus dos hermanas pasaban las noches viendo las estrellas y Éric se preguntaba: “¿Qué hay en el Universo?”. Así nació su inclinación por la astronomía y por lo desconocido.

El papá de Éric no estaba de acuerdo con su decisión, no conocía la física. “A ver si la haces”, le dijo. En contraste, su mamá, un primo y su profesor de física de la preparatoria lo motivaron a que alcanzara sus sueños. Mucha gente creía que no iba a tener “ni para comer, pero mi motivación no es el dinero y el dinero no es la motivación de todos. Muchas veces hay algo más”, menciona.

Para formarse como físico Éric tuvo que mudarse a Xalapa, donde estudió la licenciatura. Su madre trabajó como niñera para apoyarlo con los gastos. Hasta que concursó por una beca Telmex que lo ayudó a ser autosuficiente y no pedirle dinero a sus papás.

El verano que cambió su vida

Al finalizar la licenciatura, Éric concursó para asistir a los Veranos Científicos, un programa que facilita que los estudiantes realicen estancias de investigación en instituciones de otros países. El objetivo de estos veranos es fomentar el interés de los jóvenes de licenciatura por la actividad científica. Éric aplicó y fue aceptado en el Sincrotón Alemán de Electrones, el mayor centro alemán de investigación en física de partículas y uno de los aceleradores más importantes en el mundo.

“Fue la primera vez que me subí a un avión y viajé a otro país”, recuerda, mientras revive cómo sus amigos y su familia fueron a despedirlo. En Alemania realizó una estancia de dos meses y volvió convencido de que quería resolver los misterios del Universo. A su regreso, trabajó en un laboratorio de instrumentación de altas energías en San Luis Potosí, donde hizo su doctorado.

Para continuar con la investigación, el doctor Vázquez decidió hacer su posdoctorado en SNOLAB. Éric llegó durante el invierno a la ciudad de Sudbury, en Canadá. Fue la primera vez que observó la nieve y que se le “congelaron hasta los huesos” al joven originario de Huatusco.

Volver para divulgar

Hoy Éric es parte de un comité de científicos en SNOLAB y por su participación, este laboratorio ya es parte de los Veranos Científicos. También da clases en la Facultad de Ciencias en la UNAM y en el posgrado. Una de sus tantas pasiones es la divulgación científica, por lo que da pláticas sobre su experiencia profesional.

Sólo dos de cada mil estudiantes en la República Méxicana estudian física, a pesar de que es la segunda carrera mejor pagada, según datos del estudio Compara Carreras 2016, realizado por el Instituto Mexicano para la Competitividad. De los 3.9 millones de estudiantes universitarios, sólo 7 mil 555 están matriculados en esa licenciatura. Esta cantidad no podría llenar ni el Estadio de Ciudad Universitaria.

En Huatusco, su pueblo natal, Éric organiza la “Jornada de las Ciencias”, una serie de conferencias sobre ciencia para que los jóvenes se interesen en campos de estudio poco conocidos. En su pueblo hay casi 55 mil habitantes, pero sólo 21 secundarias y 13 bachilleratos. El grado de escolaridad para los jóvenes de más de 15 años es hasta primero de secundaria, de acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social.

Éric desea motivar a la juventud de su municipio y que la gente que lo vio partir conozca lo que hace. En 2016, Vázquez coincidió con otros investigadores de su localidad y juntos organizaron la primera jornada. Planean retomarla año con año, además de extenderla:“Quería volver a mi pueblo y que los jóvenes vieran que pueden ser científicos”, explica.

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