Una dolorosa despedida, sin el doblar de las campanas

Durante la ceremonia, los asistentes recordaron las enseñanzas y consejos que el arzobispo Antonio Chedraoui compartió con ellos
La señora Perla Díaz de Ealy y su hija, María Teresa Ealy Díaz, acudieron a despedir al arzobispo en el recinto religioso de Huixquilucan (FOTOS: IRVIN OLIVARES. EL UNIVERSAL)
17/06/2017
02:07
Huixquilucan, Méx.
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Duele el corazón a los fieles que despiden al arzobispo Antonio Chedraoui Tannous, cuyo féretro baja del altar después de la misa cantada de cuerpo presente. Antecedido por su cortejo fúnebre, es conducido a la fosa en la que será enterrado.

Han venido al país a despedirlo una decena de jerarcas de la Iglesia ortodoxa de Antioquía, y en el altar se acomodan casi 50 ministros que cantan plegarias por el descanso del alma del hermano Antonio y por el perdón de sus pecados. El ritual de despedida al arzobispo enorgullece a los dolientes.

Está presente el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien ante el féretro se ha despedido de Chedraoui, en unos momentos a solas, y enseguida ha expresado su pésame a la familia, y ya en la misa dirá la Primera Lectura.

Este es un duelo sin que doblen las campanas. Arzobispos, obispos, ministros, monjes y monjas entonan cantos que despiertan los sentimientos de pérdida dolorosa. Cantan en español, árabe, inglés, griego, ruso.

Quizá son más lastimeras las plegarias árabes, y con esas voces de monasterio, la misa de cuerpo presente cobra su carácter luctuoso. El incienso resalta la atmósfera mística, y el hemiciclo de eminencias cantando sin fín oraciones ejercitan la fe, como un acto de amor al hermano Antonio.

El archimandrita Fadi Rabbat, nombrado vicario patriarcal interino, antes del inicio de la misa recibe a la señora Perla Díaz, esposa del Presidente Ejecutivo y del Consejo de Administración de EL UNIVERSAL, Licenciado Juan Francisco Ealy Ortiz, y acompaña a la familia Chedraoui en la ceremonia luctuosa. También están presentes Patricia y Antonio Marbez.

Transcurre el rito luctuoso para despedir a un arzobispo, ante la atención dolorosa de las monjas con velo, y el altar uniformado de sotanas negras y estolas doradas. Cubren el rostro de Antonio Chedraoui; en una mesita colocan las insignias del clérigo, dos grandes y pesados collares con un crucifijo y con una ilustración de la Virgen María, así como las condecoraciones que recibió en su brillante paso por la Tierra.

Marta Sahagún se suma al duelo. Y el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad Meneses, amigo de Chedraoui durante 20 años, tiene el desconsuelo de quien pierde un ser querido. Se escucha el canto doloroso de los jerarcas ortodoxos: “Rueguen por su descanso eterno”.

Solemne feligresía la de Chedraoui. Sus integrantes visten de negro, atentos, ávidos de ver el ritual de despedida a su líder espiritual cumplido.

El arzobispo de Chile, Sergio Abad, designado para dirigir un mensaje, dice que su hermano de fe “difundió enseñanzas y derramó consejos. ¡Cuánto entusiasmo para enfrentar situaciones complejas, superar adversidades y tristezas!”.

Hombre de grandes obras y de relaciones, dice Sergio Abad. Su magna obra, donde están todos, la Catedral de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, en Bosque Real; y su estilo que le permitió granjearse numerosas y profundas amistades.

Sergio Abad, con palabras interrumpidas por el dolor, ha dicho que “el metropólita Antonio se durmió en el Señor y con su persona desaparece un Príncipe de la Iglesia, un clérigo virtuoso”. Ante su féretro ruega a Chedraoui: “En cuanto reposes en el silencio de tu tumba, nuestro sollozo se convertirá en oración y tu recuerdo en una petición: Que sigas orando en el cielo como lo hacías en la Tierra, por todo el mundo”.

Fadi Rabbat, interino vicario patriarcal, quien conducirá a la Iglesia en tanto se nombra un sucesor en el arzobispado, pide a los fieles: “Rueguen por mí para que cumpla la encomienda”.

Ante el féretro ha pasado en fila la comunidad ortodoxa y los amigos de otras religiones y representantes de gobiernos extranjeros, para dar el pésame a los jerarcas y familiares, que en procesión van rumbo a la tumba abierta, justo abajo del altar.

En ese trayecto, a los lados, las coronas de flores de personas, familias y organizaciones, como el Centro Israelita, la embajada de Líbano, la Academia de Geografía e Historia, de la Academia Nacional de México, de Kamel Nacif Borge, Rafael Moreno Valle, Renato Sales Heredia.

La tumba ha sido sellada con una lápida, y su ocupante ha ido a donde van reyes y mendigos. El cuerpo de Chedraoui fue revestido con las ropas de arzobispo y sus ornamentos habituales.

El libro de condolencias sigue abierto, con sus pastas duras azules, y una leyenda de “Contabilidad”, pero que en este caso es de expresiones de afecto, amor, admiración, tristeza, por el hombre y por el líder. Y como escribió un religioso ermitaño, Lucas: “Este monje pecador siempre le agradecerá haberlo recibido en la Iglesia ortodoxa: Que su memoria sea eterna”.

Que su memoria sea eterna.

Así sea.

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