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La violencia no es el camino para curar la sociedad, afirmó el cardenal Norberto Rivera Carrera al presidir la homilía dominical. Además, hizo un llamado a los fieles a no ser cómplices del mal que amenaza a nuestra sociedad, “a no meter la cabeza en la arena diciendo que no les importa lo que está sucediendo en la familia, en la escuela o en la comunidad local o nacional”.
Pidió que se denuncie todo lo que corrompe a este mundo, pero siempre por caminos pacíficos. Elevó una oración por México, “para que la misericordia de Dios llegue a todos los rincones de este territorio nacional y así podamos vivir en paz”.
También se oró “por las familias cristianas para que el amor compasivo, misericordioso y rico en piedad sea el centro de la unión familiar”.
Señaló que no basta denunciar y evitar la violencia, es necesario hacer el bien.
Recordó que la iglesia por naturaleza es misionera. Dijo que el creyente no puede hacerse sordo ni ciego, ni mucho menos aceptar la injusticia, la hipocresía, la mentira, la farsa, la violación del proyecto de vida y de dignidad que Dios quiere para todos los seres humanos.
“Hay que ser muy precisos. La lucha y el rechazo es contra el mal, no contra los seres humanos, que pueden ser buenos o malos, pero siempre conservarán su dignidad, que nadie debe violar”, declaró.
“Traten a los demás como quieran que ellos los traten. Hay que amar a los enemigos. Si se guarda rencor, resentimiento, odio y deseo de venganza, se denigra a la dignidad humana”, declaró en la misa.
“Es verdad que no se puede permanecer prisioneros del pasado: es necesario, para cada uno y para los pueblos, una especie de purificación de la memoria, a fin de que los males del pasado no vuelvan a producirse. No se trata de olvidar todo lo que ha sucedido, sino de releerlo con sentimientos nuevos, aprendiendo de las experiencias sufridas, que sólo el amor construye. Si deseo que me traten con respeto, debo tratar con respeto; si quiero ser amado, debo amar; si quiero ser comprendido y perdonado, debo aprender a comprender y perdonar. Esta máxima es sumamente práctica y de gran actualidad”, declaró el cardenal.
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