La mitad de los niños y adolescentes que hay en país se ubican en el rango de la pobreza, de acuerdo con un estudio de la UNICEF y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

El diagnóstico Pobreza y derechos socia-les de niñas, niños y adolescentes en México, 2014 revela que en México hay 21.4 millones de infantes de cero a 17 años, de un total de 40 millones, que viven en condición de pobreza. De ellos, 4.6 millones están en pobreza extrema.

Significa que uno de cada dos niños y adolescentes de cero a 17 años es pobre y uno de cada nueve vive en pobreza extrema, cifra que es mayor que en la población adulta.

Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Coneval, aseguró que esa tendencia se mantiene desde 2008, con leves variaciones en la disminución de la pobreza extrema, que se redujo de 14% a 11.5% entre 2010 y 2014.

Dijo que el gran talón de Aquiles es mejorar el ingreso del gasto familiar para romper con ese círculo intergeneracional de la pobreza.

“Lo que no se invierta ahorita (en la niñez) lo vamos a pagar después, porque no habrá dinero que alcance para frenar la delincuencia o erradicar la presencia de enfermedades”, advirtió.

Este es el tercer estudio que realizan ambas instituciones sobre el tema, el cual presenta un diagnóstico de la magnitud, características y tendencias de las situaciones de pobreza y vulnerabilidad a las que se enfrentan la infancia y la adolescencia en el país.

Para Isabel Crowley, representante de la UNICEF en México, la pobreza en la infancia es preocupante debido a que se puede volver permanente y existe la posibilidad de que se reproduzca en la siguiente generación.

Comentó que las consecuencias negativas que ocasiona la pobreza son irreversibles en la mayoría de los casos, lo que compromete el desarrollo presente y futuro de los niños y adolescentes que viven en situación de pobreza.

Resaltó “la necesidad de que la inversión en la infancia sea suficiente, oportuna, eficaz, equitativa y pertinente para atender los desafíos de cada etapa del ciclo de vida”.

Desde su análisis, “la primera infancia es una etapa crítica para el desarrollo individual y social, y en México ésta recibe una menor proporción de recursos”.

Crowley externó su preocupación porque la incidencia de pobreza y pobreza extrema sigue siendo más alta entre los niños menores de cinco años, “un periodo en que las carencias dejan huella para el resto de sus vidas”.

Vanessa Rubio, subsecretaria de Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional de Sedesol, aseguró que la política social va en el camino correcto, pero “lejos de triunfalismos, no debe haber en el país un solo niño viviendo en pobreza o pobreza extrema, y menos cuando México es la duodécima potencia económica mundial”.

Rubio presentó datos de la reducción de la pobreza en niños, pero sólo hasta los 12 años de edad, y dijo que en situación de pobreza bajó en 661 mil 800 entre 2010 y 2014, al ubicarse en 14.1 millones; en pobreza extrema, se redujo 20% de 2010 al 2014, al pasar de 3.9 a 3.1 millones.

Ricardo Bucio, secretario ejecutivo del Sistema Nacional de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes de la Secretaría de Gobernación, dijo que es un daño irreparable lo que se les puede hacer a los niños en su primera etapa de vida, de cero a cinco años.

También, aseguró que se requiere un nuevo mecanismo de medición de pobreza que no esté ligado a los ingresos de los hogares, “puesto que la mayor parte de estos grupos poblacionales no tienen ingresos propios y se está midiendo (en este reporte) la pobreza infantil en razón de la pobreza adulta. Creo que hay otras experiencias internacionales para no tomar como el factor esencial el ingreso”.

No obstante, reconoció que a la velocidad con que va la reducción de la pobreza México no alcanzará los Objetivos de Desarrollo Sustentable, que son sacar de la pobreza a 20 millones de personas de entre cero y 17 años de edad en los próximos 14 años.

El informe, que se presenta en vísperas de la celebración del Día del Niño, explica que 53.9% de la población de cero a 17 años (21.4 millones) carecía de las condiciones mínimas para garantizar el ejercicio de uno o más de sus derechos sociales (educación, acceso a la salud, a la seguridad social, a una vivienda de calidad y con servicios básicos y a la alimentación). Además, el ingreso de su hogar era insuficiente para satisfacer sus necesidades básicas.

Del total, 11.5% de la población infantil y adolescente en el país (4.6 millones) se encontraban en pobreza extrema en 2014, al tener carencias en el ejercicio de tres o más de sus derechos sociales y ser parte de un hogar con ingreso insuficiente para adquirir los alimentos necesarios y disponer de los nutrientes esenciales.

De los 40 millones de personas de cero a 17 años en el país sólo 6.8 millones (17%) no era pobre ni vulnerable en 2014.

El derecho social de la población infantil y adolescente que presentaba mayor porcentaje de carencia era el acceso a la seguridad social, en donde seis de cada 10 tenían esta carencia en 2014, lo que se agudiza más en la población indígena infantil.

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