Crónicas. Las tres soldados honorarias del Ejército

Estrella, Yolotzin y Sonia cumplieron su sueño de convertirse en militares por un día
En las instalaciones de la 35 Zona Militar, en Chilpancingo, Guerrero, Estrella, Sonia y Yolotzin fungieron como enfermeras del Ejército y como soldados; superaron varias pruebas y al final recibieron seis insignias (IVAN STEPHENS. EL UNIVERSAL)
04/02/2017
02:50
Dennis A. García, Enviado
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A capulco.— Brilla como su nombre y ni las ocho quimioterapias que recibió la detienen. Ella es Luz Estrella Adame Ramírez, una niña para quien a sus 13 años no hay obstáculos que le impidan realizarse.

Su sueño, al igual que el de Sonia Paola Vargas (con problemas de lento aprendizaje) y Yolotzin Pastor (con atención dispersa) es pertenecer a las Fuerzas Armadas... Y lo lograron.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) las reconoce como soldados honorarias por un día; el día que cambió su vida.

Estrella, Sonia y Yolotzin llegaron temprano a las instalaciones de la 35 Zona Militar, en Chilpancingo, Guerrero, donde son recibidas por el general José Francisco Terán Valle y el teniente coronel de Infantería Diplomado Estado Mayor, Juan José Moreno Orzúa.

No saben lo que les espera. Las citaron para un desayuno con los mandos castrenses.

Al llegar a uno de los dormitorios observan que los casilleros llevan su nombre. Al abrirlos, la sorpresa son dos uniformes hechos a su medida: uno de enfermera y otro de selva. Su cara cambia. Son soldados por un día.

Por un momento, Luz olvida sus ocho quimioterapias y ahora es la enfermera Adame.

Las soldados honorarias se trasladan al hospital, al quirófano, porque una mujer acaba de dar a luz. Como enfermeras del Ejército comienzan verificar que el recién nacido esté bien de salud. Escuchan su corazón, toman la temperatura y lo llevan al cunero. Todo salió bien y es hora de cambiar el uniforme al pixeleado verde.

En el 50 Batallón de Infantería son recibidas entre júbilo y la marcha marcial. Van a la Sala de Banderas, donde se custodia la bandera de guerra, que representa la unidad en el Ejército.

Ahora pasan al puesto de mando, donde conocen lo que hace un radiooperador en un despliegue militar. ¡Sin novedad! Luego se trasladan al puesto de socorro. Ahí aprenden lo que hace el pelotón de sanidad, como dar primeros auxilios al personal de campaña y a los derechohabientes.

Las horas pasan y ellas se sienten parte del Ejército. Suben al vehículo Tormentita, utilizado en la Segunda Guerra Mundial; luego cambian a uno blindado, el DN-X, el más moderno, para ser trasladadas al Sexto Batallón de Ingenieros en Combate, que aplican el Plan DN-III en apoyo a la población.

Todas las pruebas que tuvieron en diferentes ejercicios fueron superadas, recibieron seis insignias, una placa con su nombre, además de un diploma de manos del general Terán Valle.

Melina Ramírez acompaña a su hija Estrella. Comenta que quizá ella no logre formar parte de la Defensa Nacional, pero sí podrá ser doctora.

“Después de un proceso difícil de casi ocho meses, ahora la veo sonreír. La fracturaron del brazo en la escuela y en la radiografía salieron tres quistes; trae una placa, clavos, pasó por ocho quimioterapias muy dolorosas, pero eso la impulsó a salir adelante”, comenta.

Se toman de la mano mientras Estrella manda un mensaje a los niños que tienen sueños. “Nunca se rindan, a veces no es fácil, pero con esfuerzo y coraje se puede superar todo obstáculo en la vida”, dice la soldado Adame.

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