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Análisis. La hidra de mil cabezas

En 2009, el National Drug Intelligence Center señaló que el narco en México y Colombia generó entre 18 mil y 39 mil millones de dólares. (RASHIDE FRÍAS. CUARTOSCURO)
27/02/2017
02:18
Martín Gabriel Barrón Cruz
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Cuna de narcos. Hacer una relación del Cártel de Sinaloa nos remontaría irremediablemente a una parte de la historia del estado del cual toma su nombre. Desde el Porfiriato hasta el día de hoy la producción de enervantes, el tráfico de estupefacientes y narcóticos es una constante en esa entidad. De forma paralela, la cultura en torno a estas actividades sufre una evolución, deformación o resignificación con la música, desde La Cucaracha hasta los narcocorridos.

Desde hace muchos años Sinaloa es considerado como el centro más descarado del comercio de drogas y de lavado de dinero. Su principal bastión es Badiraguato. Una “madriguera de cientos de maleantes”. La evolución de conceptos y formas va desde los gomeros hasta los narco júnior. Prosperaron de los huaraches y la manta, al cinturón piteado y la tejana hasta llegar a ropa de los diseñadores de moda.

La extensión de la producción de drogas y, por tanto, de sus ganancias no sólo se centra en Sinaloa, sino en todo el país. A partir de la Operación Cóndor el gobierno intentó combatir todo en el Triángulo Dorado, que conforman las sierras de Sinaloa, Chihuahua y Durango.

El Triángulo es una tierra tan fértil que ha permitido, durante más de 50 años, la producción de drogas que abastece gran parte del mercado de Estados Unidos.

Durante años los personajes que le han dado forma al Cártel de Sinaloa son muchos. Desde Pedro Avilés Pérez como uno de los fundadores, conocida como Organización de Sinaloa, Cártel de Guadalajara, Cártel del Pacífico o La Alianza de Sangre.

La virtud de Avilés fue aglutinar un grupo de personas dedicadas a las drogas para consolidar su poder y presencia no sólo en el país, sino en el extranjero. Luego surgirían otros líderes como Roberto Moreno, Ernesto Fonseca Carrillo, Miguel Ángel Félix Gallardo —“guardaespaldas” del ex gobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez—, Rafael Caro Quintero, Adrián Gómez González, Manuel Salcido Uzeta, Jorge Castro Gastelum, Emilio Payán Quintero, Héctor Luis Palma Salazar e Ignacio Coronel hasta llegar a los líderes actuales como Joaquín Guzmán Loera, Ismael Zambada y Juan José Esparragoza.

De Sinaloa también son originarios los hermanos Arellano Félix, cabezas del Cártel de Tijuana; Carrillo Fuentes, del Cártel de Juárez y Los Beltrán Leyva.

Tres de los principales cárteles de las drogas, y algunos grupos escindidos, tienen un origen territorial común.

Las escisiones, producto de traiciones y nuevas alianzas, son algo cotidiano. Por ejemplo, con el Cártel del Milenio, el Cártel Jalisco Nueva Generación o los cárteles de Sonora y Colima, hasta la conformación de la Federación de Sinaloa son muestra de ello.

Se combate a los archirrivales: Los Zetas, el Cártel del Golfo, La Familia Michoacana o los Caballeros Templarios y a todos aquellos que se separan de la organización.

 

Un gran negocio. La estrategia de ‘descabezamiento’ de las autoridades no da resultado: con matar o detener a un líder la organización no se extingue o desaparece. Los discursos triunfalistas no sirven. Las autoridades no quieren entender que el narcotráfico, en el país, se organiza como una empresa familiar.

Las generaciones más jóvenes hoy están al frente o bien eso pretenden y las rivalidades están a la orden: véase en la actualidad la disputa entre Dámaso López Núñez contra los hijos de El Chapo.

La llamada “lucha o guerra” contra las drogas es una estrategia gubernamental basada en un plan de acción cuyo objetivo principal, por un lado, es la erradicación de la producción y comercialización de enervantes.

Ese fue el objetivo del Plan Cóndor y todas las acciones militares desde la década de 1970 hasta el presente. Por otra parte, se intenta desmantelar a las organizaciones mediante la privación de la vida o captura de jefes; por ejemplo, a mitad del sexenio de Felipe Calderón se presentaba como un éxito haber detenido 124 líderes y lugartenientes y 5 mil 108 sicarios, pero con ello no se terminó el narcotráfico. A todo esto hay que sumar el decomiso de ingentes cantidades de drogas. Sin embargo, la estrategia en términos generales es un gran fracaso.

El narcotráfico se convirtió en la industria de más rápido y sostenido crecimiento, desde hace años logró consolidarse como una gran empresa transnacional. Las cifras sobre la magnitud del negocio mundial son muy imprecisas. Desde 2001 la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estimaban que anualmente los ingresos asociados al tráfico de drogas rondaban los 150 mil millones de dólares. La Fundación Soros señalaba que la cifra era ligeramente superior a los 300 mil millones de dólares. El Servicio de Investigación del Congreso de EU informó, en 2007, que los ingresos por la venta de drogas ilícita oscilaban entre los 13.6 a 48.4 mil millones dólares al año. En 2009, el National Drug Intelligence Center (NDIC), del Departamento de Justicia de EU, señalaba que los cárteles mexicanos y colombianos generaron ingresos que oscilan entre los 18 y 39 mil millones de dólares. Eso provocó que las organizaciones sean extremadamente poderosas. Por todo ello la captura y extradición de Joaquín Guzmán en nada impacta el comercio.

 

Profesor-Investigador CONACYT-SNI-I

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