"Antxoka", terrorista oculto en México

Escondido en el país desde los años 80, faltaba un mes para que sus delitos prescribieran
24/02/2017
02:22
Jerónimo Andreu / Corresponsal
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Ángel María Tellería Uriarte fue uno de los jóvenes que se unieron a la banda terrorista ETA a finales de los 70. Nacido en 1956 en la localidad vasca de Oñati (Guipúzcoa), es recordado por haber participado con 25 años en la muerte de la primera mujer policía asesinada por la banda.

Tellería, que usaba los nombres de guerra Antxoka, Koldo y Gotzon, pertenecía a la ETA Militar, concretamente al Gohierri Kosta, uno de los comandos llamados “ilegales” por estar sus miembros fichados por la policía y vivir en la clandestinidad.

En 1980, el Gohierri Kosta, que con 22 víctimas en tres años fue uno de los comandos más sangrientos, ejecutó un atentado en la localidad de Aya en el que murieron dos guardias civiles, y posteriormente otro en un bar del pueblo de Zarautz en el que murieron cuatro.

El 16 de junio de 1980, Tellería Uriarte se encontraba escondido junto a los etarras José Luis Eciolaza Galán, Dienteputo, y Antonio Goicoechea Elorriaga, Txapela, en una casa de Zarautz. Planeaban un atentado cuando la policía los detectó. Bajaron las escaleras y se encontraron con la policía María Josefa García Sánchez, de 23 años, sentada en los escalones. Dienteputo agarró una metralleta y la mató. Luego lanzaron dos granadas y huyeron.

Comenzó así una larga escapada que para Antxoka terminó en México, uno de los países que más etarras recibían por la época, después de que la policía francesa endureciese la persecución de los terroristas.

Tellería quedó así como uno de los terroristas más destacados de la colonia etarra en México. Su nombre estaba en lo alto de la lista que la Asociación de Víctimas del Terrorismo de España presentó en 1997 ante la Audiencia Nacional solicitando su extradición.

La policía documentó en ese momento que Antxoka tenía tres direcciones, en León, Guadalajara y Guanajuato.

A sus 60 años, Antxoka parecía cerca de encontrar la paz, a la espera de que los delitos prescribieran este mes de marzo. Ahora deberá comparecer ante un juez 35 años después del asesinato de María Josefa García.

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