Acaparan ‘campañas negras’ discusión en la red

Esta tendencia digital, distinta a las campaña de contraste y que no debe confundirse con el derecho a la información, está apareciendo cada vez más en las contiendas electorales
Un hombre porta una máscara de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, durante una manifestación en contra del gobierno central brasileño (ARCHIVO. EL UNIVERSAL)
19/04/2016
02:02
Alonso Cedeño
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Estrategia en Línea

Para este análisis existían varios temas que mantuvieron ocupados los internautas. Empezando por los informes y el debate sobre la permanencia y los resultados del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes que colabora (colaboraba) en las investigaciones sobre el caso Ayotzinapa @GIEIAyotzinapa; el escándalo para la @SEDENAmx y la @PoliciaFedMx por el caso de tortura exhibido a través de los medios sociales —que coincidió con una criticadísima aparición en el programa de @MasterChefMx, donde se buscaba suavizar la imagen de la institución mediante el famoso programa de cocina en su versión junior—; el sismo en Ecuador; y finalmente el juicio político o #Impeachment contra @DilmaBr. Y, por si fuera poco, las 12 campañas para renovar gubernaturas, la muy relevante alcaldía de Tijuana y la que arrancara ayer lunes para elegir a los constituyentes que tendrán como encomienda redactar la Constitución de la Ciudad de México.

En todas las contiendas está apareciendo una tendencia muy negativa para la democracia digital; las denominadas campañas negras. Hace apenas unas semanas nos topamos con la noticia del “hacker colombiano” que presumía, a través de un dudoso mea culpa que mas pareció un ardid publicitario, haber incidido en los resultados de la elección presidencial de 2012 a favor de @EPN mediante la difusión de conversaciones telefónicas grabadas ilegalmente y ejércitos de cuentas falsas (de esas denominadas bots). Sobra decir por lo evidente y público de los medios sociales que estas técnicas fueron usadas durante la campaña de 2012, pero difícilmente se puede atribuir la inducción de la opinión publica a estas artimañas.

Desafortunadamente algunos candidatos, sus partidos, agencias digitales y consultores de comunicación política aun no entienden el valor de la comunicación y contacto directo que ofrecen las nuevas tecnologías, y prefieren recurrir a la confusión e inhibición que a la consecución de apoyos ciudadanos.

No debe confundirse el derecho a la información o las campaña de contraste con “campaña negra”. En su libro En Defensa de la Negatividad: los ataques en las campañas presidenciales, de John Geer, el autor reivindica los comerciales donde se presenta información negativa de los oponentes y su papel en la definición de las elecciones. El argumento principal reside en que por lo general los materiales “de contraste” incluían una mayor dosis de información verificable que aquellos que sólo presentan propuestas o promesas de campaña que, la experiencia nos dice, resultan normalmente en mentiras. Es decir, estas campañas buscaban sustentar con mayores y mejores datos las acusaciones contra sus adversarios que la viabilidad de las propias propuestas. Hasta aquí todo bien. Sin embargo al día de hoy las campañas digitales parecen tratar de desacreditar no solo a los malos candidatos, sino a todo el gremio de la consultoría en comunicación política evidenciando su poca creatividad y que algunos “clientes” siguen subestimando la inteligencia del electorado y ahora de los usuarios de redes sociales.

Basta asomarse a las campaña de Oaxaca para constatar lo anterior. En dicha campaña, tal y como dio cuenta EL UNIVERSAL la semana pasada, se produjo un movimiento expresado mediante una página de Facebook en contra del candidato del PRI, llamado Ni Un Voto a Murat. En esta página aparecía, entre otros materiales, un videoclip donde se apreciaba una adaptación de la canción de los Hooligans con la frase #NoEsDeAquí, refiriéndose a la recientemente impugnada acta de nacimiento, residencia y calidad de oaxaqueño del candidato del tricolor. Varias agencias nacionales también reprodujeron la nota, lo cual seguramente puso a trabajar al equipo digital del ex director del Infonavit. Apenas el domingo los administradores de la página hicieron pública la notificación de Facebook de que debido a la queja de un usuario se determinó que el video incumplía las normas de comunidad de la red social y que ya había sido eliminado. Con varios millones de reproducciones y miles de compartidos, el daño estaba hecho; basta poner en el buscador #NoEsDeAquí para que aparezcan decenas de otras páginas que reproducen el mismo contenido, a veces en YouTube y otras dentro de la misma plataforma. Basta decir que la página incrementó en 24 horas en un 23% el número de seguidores y los demás videos alusivos al tema sumaron cerca de 300 mil reproducciones.

La respuesta se reflejó en un material animado hecho sobre la misma pista visual, y sólo cambiando las caras, con mensajes ofensivos y sin fundamento, publicitado de manera absurda a través de cientos de miles de reproducciones pagadas, y donde los propios usuarios critican la falta de creatividad del equipo del priísta y contestan con ligas al video original.

Otros casos extremos podemos verlos en Quintana Roo, donde se puede percibir una estrategia de golpeteo constante a los candidatos y medios opositores al gobierno estatal. Está documentada, evidentemente sin poderle atribuir la autoría a nadie, la clonación de revistas como Luces del Siglo cuando las portadas resultaban adversas al gobernador. Idéntica táctica denunciara desde hace meses el ex subsecretario de Turismo y ahora candidato opositor de la alianza PAN-PRD, la falsificación de cuentas de Twitter así como perfiles y páginas de Facebook donde se difunde información equivocada, o páginas de phishing donde se pretende capturar información de seguidores invitándolos a introducir datos personales y números de la credencial de elector para obtener supuestos beneficios.

En política es muy fácil ganar una campaña pero perder la elección, en campañas digitales es todavía mas sencillo sucumbir a la popularidad de los números de seguidores, a las tendencias pagadas y a creer que se puede “destruir” al contrario, inventar mentiras y calumniar impunemente. Poco a poco, llevando las viejas prácticas a los nuevos medios, estamos orillando a los ciudadanos a desconfiar hasta de sus pares y amigos, pero sobre todo a perder la confianza en cualquier mensaje colocado en medios sociales. No es casualidad que los jóvenes vivan alejados de las urnas y que personajes ridículos y no convencionales consigan puestos de elección popular. Poco a poco, en el afán de ganar un elección, vamos perdiendo a la ciudadanía, quitándole inclusive a la negatividad su mayor atributo, la certeza, pues para no convertirse en una vil calumnia, una acusación debe contener elementos probatorios.

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