La evaluación como responsabilidad compartida

Colaboración especial
05/07/2015
02:27
Gabriela Pérez y Claudia Maldonado
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Del 15 al 19 de junio pasado se celebró la Semana de la Evaluación en México, resultado de una convocatoria pública y abierta realizada por el Centro CLEAR para América Latina, el CIDE, la SHCP, AMEXCID y el Coneval con el propósito de conmemorar el 2015 como año internacional de la evaluación e inaugurar con ello un espacio anual de diálogo e intercambio de experiencias sobre la evaluación de programas y políticas públicas. En cinco días se realizaron más de 80 actividades, promovidas por diversas organizaciones sociales, privadas, académicas y gubernamentales en doce estados de la República Mexicana. Conferencias, talleres, exposiciones, conversatorios, hackatones, y otros tipos de modalidades contaron con una participación de más de dos mil personas, y un gran interés internacional reflejado en redes sociales y la participación a distancias de personas de más de 10 países.

La respuesta social y gubernamental a la convocatoria fue sorprendente, nutrida y entusiasta. En un país con poca tradición en transparencia y rendición de cuentas, el tema de la evaluación ha permeado el ánimo y la conciencia de muchos ciudadanos de manera alentadora. De esta “semana” podemos derivar un conjunto de lecciones relevantes que vale la pena compartir. Primero, un número importante de actores políticos y sociales perciben a la evaluación como proceso ineludible de gestión gubernamental y rendición de cuentas, pero también como un elemento fundamental para lograr la calidad, incrementar el desempeño del gobierno y promover la política pública basada en evidencia. Segundo, la gran diversidad de eventos nos permitió observar las distintas perspectivas, áreas y formas de evaluación. El campo es grande y heterogéneo; existen diferentes enfoques y configuraciones de la actividad evaluativa, y por ello, se vuelve fundamental generar espacios de dialogo y debate sobre preguntas, métodos y enfoques. La evaluación sólo puede entenderse como una actividad con complejas interacciones sociales en la que el debate e intercambio son determinantes. Tercero, el entusiasmo generado es una muy buena señal de la apropiación social de la evaluación en nuestro país, sin embargo, es innegable que deberán sortearse todavía muchos retos, rezagos y disyuntivas para que la evaluación rinda frutos. Entre otras cosas, se vuelve fundamental promover mayor preparación para elaborar las preguntas pertinentes que la evaluación pueda contestar, más experiencia y expertise en la aplicación de métodos y técnicas cualitativas y cuantitativas de investigación, mejores mecanismos para la recolección y sistematización de datos, mayor habilidad para traducir datos en evidencia, para procesar la información y hacerla útil y utilizable. Finalmente, quizá la lección más importante es que para que la evaluación cumpla las expectativas que ha generado no es suficiente que el gobierno cambie las leyes y construya organizaciones e instituciones para la evaluación, es necesario también que la evaluación se enmarque como un esfuerzo colectivo, como una responsabilidad compartida entre gobierno, investigadores, organizaciones sociales y ciudadanos.

Profesoras del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), institución que alberga la Red por la Rendición de Cuentas

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