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El capo mexicano en Centroamérica

Instauró técnicas para contrabandear droga. Infiltró al poder mediante corrupción y violencia
En 2006, la policía antidrogas de Costa Rica descubrió un pequeño submarino del Cártel de Sinaloa, el cual iba cargado con 3 mil kilos de cocaína y eludió los radares en el Océano Pacífico. Foto: ARCHIVO EL UNIVERSAL
15/07/2015
02:17
José Meléndez, corresponsal
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San José.— Túneles, entarimado de negocios, empresas fantasma, laboratorios clandestinos, redes de bodegas, canales de transporte terrestre, corredores marítimos, pistas clandestinas de aviación, equipos de abogados… el narcotraficante mexicano Joaquín El Chapo Guzmán y su Cártel de Sinaloa  trajeron a Centroamérica nuevas técnicas para contrabandear drogas y blanquear dinero.

El Cártel de Sinaloa infiltró centros clave de poder en Centroamérica con métodos de corrupción y violencia, pero con un mecanismo de novedad y sorpresa sin precedente en la historia regional del narcotráfico. En noviembre de 2006, y en un hecho que encendió las alarmas policiales en el área, la policía antidrogas de Costa Rica descubrió un pequeño submarino de la mafia sinaloense que, en una nueva modalidad de contrabando de estupefacientes, transportó 3 mil kilos de cocaína y eludió radares en el Océano Pacífico.

Encubierto en empresas funerarias fantasma en Honduras, el Cártel de Sinaloa operó laboratorios clandestinos para producir éxtasis o drogas sintéticas que en grandes cantidades eran ocultadas en barriles con alimento concentrado para cerdos, y así eludir y cruzar controles fronterizos centroamericanos para llegar a México. La existencia de narcotúneles es un secreto a voces en la frontera Honduras—Guatemala.

Aunque aclaró que a El Chapo tampoco se le puede atribuir la única responsabilidad del crecimiento del narcotráfico en Centroamérica, el ministro costarricense de Seguridad Pública, Gustavo Mata, dijo ayer a EL UNIVERSAL que los aparatos al servicio de Guzmán “adoptaron modalidades delictivas que evolucionan y mutan. Su estructura delictiva criminal fue perfeccionando las metodologías que le interesaban para poder subsistir y es muy conocida en toda la región”.

“Una peculiaridad del Cártel de Sinaloa es que es fuerte, violento y agresivo”, dijo.

A sangre y fuego, la mafia sinaloense se instaló en aldeas, pueblos y selvas de Guatemala —en un inicio en la norteña y remota zona de El Petén—, al amparo de políticos y fuerzas de seguridad corruptas de ese país, y adiestró a los guatemaltecos en mecanismos de sorpresa y movilidad para vulnerar las fronteras de un territorio clave por ser fronterizo con México.

“Se sabe de apellidos de reconocidos narcotraficantes guatemaltecos que enviaron drogas por tierra y por mar (aliados a Sinaloa) y con nuevas y distintas modalidades… y ya están presos”, afirmó el inspector Jorge Aguilar, vocero de la Policía de Guatemala, consultado por este diario.

Por la vía del soborno a autoridades policiales y judiciales panameñas, penetró en las junglas del Tapón del Darién, cerca de suelo colombiano y dominó el contrabando en los litorales del Pacífico y del Atlántico, pero también edificó una arquitectura financiera en Panamá —con nexos en México, Colombia y Ecuador— para lavado de dinero.

Con firmas salvadoreñas de transporte de carga, recorrió a diario el istmo centroamericano en un flujo que modificó las viejas costumbres de trasladar grandes cantidades de estupefacientes y envió cargamentos de menor peso y más fácil movilización. Un mexicano y veterano peón del cártel de Guzmán transformó una carretera abandonada en el norte nicaragüense en una pista clandestina de aviación en 2006.

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